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EDITORIAL DEL MES

Austeridad en las necesidades

El sendero que puede conducirnos a la verdad, sabido es, está infestado de juicios y prejuicios que, paradójicamente, nos tensan el carácter de tal manera, que nos convencemos de que estamos en lo correcto cuando no lo estamos. En ese intercambio, surgen dos aspectos claves en el análisis; las necesidades que brotan…

1 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

Austeridad en las necesidades

Materia y dominio de lo que somos, podría verse como un solo recipiente, ya que la percepción del reinante ego está siempre a la orden del día, de la noche, por lo que hay una predisposición de saber estar, aunque no se esté. La naturaleza del yo se reacomoda y desde allí, fomenta sus acuerdos, les da cuerpo a las sensaciones, conjuga todos los verbos que proporcionan la anhelada estabilidad, y fecunda ideales para sobrevivir a los estallidos consumistas de la contemporaneidad. Se hace con la convicción de que el cambio revela la esencia y con ella el ser se habita y habilita. Eso sí, la transformación, que vendría después, cuando la gracia del recorrido faculte, en virtud al nivel de consciencia, esa variación capital, no solo es inexcusable, sino que, al ser otra estancia -espacio de ascetismo y pureza- convierte el propósito en un ejercicio de voluntad suprema.

Hay divinidad en el gesto de reconocerse, solo que para llegar a esa instancia hay que ir soltando. No podemos estar sujeto y aspirar; no podemos estar encadenados y pretender que desde allí vamos a experimentar una sintonía con nuestro ser. Menos necesidades más posibilidades de frecuentar la luz. Cuando hablamos de un peso, es ese grado de ambición y avidez con el cual interactuamos a diarios, con esas formas del querer, que nos imposibilitan el avance. Siempre será aquello que no sentimos que nos desconecta, porque además nos preguntamos ¿desconectarnos de algo al cual no nos hemos conectado? Y como nacimos conectados a varios programas kármicos, su desprogramación es un plan de vida que soslayamos sin miramientos.

¿Pobreza de necesidades, o desmantelamiento absoluto de aspiraciones? Pensadores los hay, quienes han reflexionado sobre la percepción existencial de la necesidad; el juego con la continuidad de las tradiciones, producir para vivir, vivir para producir, integrar la constelación del hombre histórico, porque la sustancia no puede ser sino materia, de allí que el ser social postule un estado de arraigo a las estructuras. ¿Nacer y morir en el molde diseñado por tus propias acciones? Si te identificas con lo externo de tal manera que cimientas una relación de poder inquebrantable, esa es un designio modificable siempre que haya voluntad para solventar, no para evadir.

Cuando los deseos amueblan nuestras mentes, el horizonte espiritual se reduce. Incluso, desaparece. Es la primera víctima del caos interno, aunque también esa vorágine construya una lucidez. Hasta la necesidad de ser puede ser un obstáculo si la orden nace del ego. Los Vedas fueron determinantes en esta forma de concebir el universo y el hombre. Bajo sus premisas se creó un infinito marco de interpretaciones, de las cuales no hay religión y afines en la civilización, que no hayan tomado de sus fundamentos. Mientras el hombre conserve la más mínima necesidad de obtener algo a cambio de su espiritualidad, permanece en la oscuridad (Eckhart).

Y no se trata de asociar necesidad con oscuridad; deseos con baja frecuencia; aspiración con ignorancia. A las puertas del discernimiento muchas veces se llega con la soga al cuello. Sin duda, debe haber un combustible para que el apetito ceda, y deje entrar eso que quema y disuelve la necesidad que opera desde el ego; el fuego del conocimiento o de la sabiduría. Agni, el destructor del ego. El fuego védico no aniquila lo real, solo consume lo falso; apegos, entidades ficticias y todo aquello de lo que presumimos para soslayar el compromiso en luz.

La humanidad es un desfiladero de necesidades de todo tipo. Y claro que hay avance, hay infinitas rutas, encrucijadas placenteras, recodos de inimaginables maniobras que desarticulan la voluntad humana de evolucionar. Claro que hay avance; hacia el indefectible despeñadero del Samsara. Cada necesidad resuelta es un estímulo para la obstrucción, una premisa contraria a la lógica ante la cual la mente racional se blinda diciendo que buscar afuera vale la pena ¿Paradoja mística? Sí.

Y es que el sustento justo, que nos conduce al silencio, que nos hace plenos porque implosiona la aventura de la materia, que nos sitúa en el lugar apropiado, que no recompensa al ego, es asumido como carencia. Lo poco, lo preciso, se convierte en un tensiómetro existencial. El entorno impuso sus cualidades y nociones del estar y ató a la psique la voluntad de ser.

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