En el proceso de educación de las personas que busca desarrollar las habilidades del ser social en el individuo, es central abordar los contenidos orientados a propiciar la reflexión, el análisis, la capacidad de asombro y el discernimiento; como terreno fértil para sentir, razonar y actuar.
Podría considerarse, aún mejor aproximarse desde el inicio bajo la perspectiva de buscar desarrollar las habilidades del ser espiritual, como verdadera condición humana en su esencia. No obstante, las dinámicas degradadas de la vida en el planeta y su evolución han condicionado a la humanidad bajo esquemas que la distancian de lo que en su origen fue.
Aunque la naturaleza divina del hombre ha sobrepasado los velos impuestos ya que la latencia de su origen lo llama y la acción concreta de pensamiento reflexivo en búsqueda de la verdad sobre la existencia se ha ejercido sin descanso por algunos que respondiendo al llamado interno han actuado en consecuencia.
Esta acción de pensamiento reflexivo es central en todo momento y en toda era del planeta, ya que sin ella quedaríamos sometidos y condenados a perdernos aún más en una espiral decadente de la conciencia, al impedirnos recordar quienes somos y para qué vivimos.
Esta acción reflexiva sobre la esencia y la existencia denominada por algunos como filosofía, definida como amor a la sabiduría según las raíces griegas del término, que responde al valor dado al descubrimiento de verdades elevadas que revelan; es un deber espiritual de toda persona, con lo cual podríamos afirmar que filosofar es esencial, impostergable y determinante.
En palabras de Martin Heidegger “La filosofía implica una movilidad libre en el pensamiento, es un acto creador que disuelve las ideologías”. Frase que refuerza la importancia de formar el hábito en nosotros respecto a nuestra forma de abordar la existencia activando de manera deliberada nuestra razón para nutrir la acción orientándola de manera cada vez más consciente.
El desafío está en motivarnos a ejercer nuestra libertad de pensamiento cada vez más secuestrado por conceptos, posturas y dogmas que simplemente aceptamos sin discernimiento alguno condenándonos a formas de vivir opuestas a nuestra verdadera naturaleza.
¿Qué barreras enfrentamos para ejercer nuestro derecho a pensar libremente la existencia?
Cada uno tendrá las propias, aunque un común denominador pasa posiblemente por el cada vez más escaso tiempo para reflexionar debido a la inercia que se impone a la vida del hombre desde que nace con una falsa trayectoria trazada que podemos redefinir cuando queramos, y que, aunque internamente intuimos que todo puede cambiarse, simplemente dejamos que la corriente nos lleve sin más reparo y sin ninguna resistencia.
Es un deber humano filosofar, para descubrir las verdades superiores que nos conducen a una existencia con sentido. Nunca se debe renunciar a este principio de libertad que es un derecho más que fundamental.

