Marco Aurelio Antonino, filósofo y emperador romano, nació el 26 de abril de 121, de familias patricias de origen itálico, asentadas en la Hispania y conocido como el último de los Cinco Buenos Emperadores. Habría sido educado estudiando latín y griego y formándose en retórica y oratoria, propias de una vida pública, con Digneto, Herodes Ático y Marco Cornelio Frontón, con quien estableció uns sólida amistad de por vida.
Fue adoptado junto a Lucio Vero por el emperador Antonino Pío con miras a la sucesión y cumplió siempre con sus deberes, aunque su interés estuvo más hacia la introspección filosófica. Tras la muerte de Antonino Pío, Marco Aurelio acepta ser emperador si Lucio Vero gobierna con él, convirtiéndose en los primeros coemperadores.
Marco Aurelio vivió y gobernó según los principios y prácticas estoicas, aprendidas de Epicteto: ascetismo, el servicio y el deber hacia los demás y el enfoque sobre el logos: todo es natural y armonioso, y lo “bueno” y lo “malo” solo son producto de la interpretación.
Como emperador instituyó ayudas para los pobres, mejoras para los militares, libertad de expresión, impulso de las artes, la educación y la economía. Pero también tuvo que enfrentar múltiples conflictos: la guerra parta, los ataques de tribus bárbaras germánicas, la revuelta del general Casio, la represión de los cristianos y epidemias como la del sarampión y la viruela.
Como filósofo, su legado son “Las Meditaciones”, un diario íntimo que escribió durante las campañas, con sus pensamientos y reflexiones sobre la vida y la lucha, el rechazo a la autolástima y un permanente examen de conciencia. Fueron publicadas por primera vez en Zúrich (1558) a partir de un manuscrito hoy perdido.
Falleció en Vindobona el 17 de marzo de 180.

