¿Es la oscuridad ausencia de luz? ¿Es solo su sombra? ¿Hasta dónde llega la luz? ¿Cuál es su alcance y potencia? ¿Deja de proyectarse o somos nosotros que dejamos de verla? ¿Se entrega dulcemente en un ritual consciente de amor y sacrificio? ¿Cede su espacio al letargo, en un acto de divina humildad, para que se cumpla la ley?
El día se rinde a la noche, triste y bello a la vez, es el atardecer.
O… ¿Es acaso la oscuridad quien se traga a la luz? ¿Es ella quien la cubre con su manto de sombras y lanza su negra flecha al cielo? ¿Vence así al poderoso rayo solar imponiendo su reinado de oscuridad?
Estos son los dominios de Shani Deva.
En la mitología hindú a Shani o Shanischara, Dios del karma, del tiempo, de la justicia y la retribución, se le representa montando un cuervo, tiene cuatro brazos, en sus manos lleva una jabalina, arco y flecha, sin embargo, en la cuarta mano realiza el Varada Mudra (gesto de bondad y compasión).
Es de aspecto sombrío, alto, cojo y mal formado. Inspira terror, pues su mirada se posa de manera implacable, causando pérdidas e infortunios de todo tipo. Su nombre traduce el de lento caminar, o en otras interpretaciones, el séptimo. Muchas veces Shaní, es confundido con su hermano Yama, la muerte, ambos hijos de Surya, el Sol.
Cuenta la mitología hindú, que la diosa de la devoción y del amor, Pärvati, una de las manifestaciones de la Gran Madre, ante el conflicto entre su esposo Shiva y su hijo Ganesha, invita a Shaní, testigo, quien posó la mirada de un solo ojo sobre Ganesha, en ese preciso momento su padre Shiva, ignorando que se trataba de su hijo, le decapito súbitamente con su tridente. Posteriormente su cabeza fue sustituida por la de un elefante.
Una aproximación en la mitología griega seria Saturno, hijo de Urano, dios del cielo y de Gea, Gaia o Madre Tierra, adorada como la Madre Universal, creó el universo y dio a luz a la primera raza de los dioses (los Titanes) y los primeros humanos.
Saturno es el padre de Zeus o Júpiter, para los romanos. Según el poeta romano Ovidio (43a.c. 17d.c.), temía ser derrocado por sus hijos y fue devorándolos uno a uno. Después que Zeus, y sus hermanos Poseidón y Hades, triunfaran sobre los titanes, Saturno fue expulsado del Olimpo, hogar de los dioses griegos.
En la antigüedad se le identificó con el titán Cronos. Rea, su mujer, después conocida como Cibeles, lleva una corona y le entrega una piedra envuelta en pañales en vez de Zeus, recién nacido, y así logra salvarlo.
Entre muchas representaciones pictóricas de Saturno devorando a sus hijos, destaca la de Rubens de 1636 y más reciente, el óleo pintado entre 1820 y 1823 por Francisco Goya.
Saturno, planeta que tradicionalmente despierta terror, se le considera rey de los maléficos, los obstáculos, las restricciones, miseria vejez y muerte, coincide con la traducción del nombre hindú Shaní, pues es el séptimo ser, o cuerpo celeste, tomando en cuenta la luna, de los Navagrahas, planetas de nuestro sistema, astronómicamente heliocéntrico, pero astrológicamente geocéntrico y es el de más lento recorrido alrededor del sol, su órbita ha sido calculada en treinta años.
Podría situarse en los confines de nuestro sistema, según, la astrología védica o Jyotisa, más allá estarían, no casualmente Urano y Plutón.
En una alta vibración o Satva, Saturno favorece la disciplina, el ascetismo, la devoción y la aceptación del karma negativo, una visión clara de la realidad. Pero de manera baja, al encontramos vibrando en densidad o Tamas, Saturno despide depresión, melancolía extrema, vida sombría, tendencia al suicidio, practicas oscuras, enfermedades y accidentes.
Pareciera que, como un implacable guardia de fronteras, Saturno cuidara los límites entre el alcance solar y la oscuridad. Acercarse a él es inevitable, solo es cuestión de tiempo y es éste precisamente quien devora a sus hijos. Es el Señor de los Anillos, los cuales, demoledores como hondas, golpean con toda la fuerza y el peso del karma, a las almas que se acercan y se atreven a traspasarlos, para hacer cumplir su ejecución, pero a su vez, por la Gracia de la Madre, concede el último chance a la Suprema Justicia. He aquí su misterio.
Bibliografía consultada:
Gebhardt. Los Dioses de Grecia y Roma Tomo I. Editora Nacional. México 1951
Enseñanzas de Luz de Mataji Shaktiananda y del Mahavatar Babaji.

