Viktor Emil Frankl, neurólogo y psiquiatra austríaco, nació en Viena el 26 de marzo de 1905, en el seno de una familia judía; sus padres lo llamaban “El Pensador”. Su interés por la psicología y la filosofía surgió desde muy joven y, estando en ascenso el psicoanálisis de Freud (“Primera Escuela Vienesa”), Frankl lo estudió por su cuenta.
Estudió medicina en la Universidad de Viena especializándose en neurología y psiquiatría, se instruyó en las teorías de Adler (“Segunda Escuela Vienesa”) y se enfocó en la depresión y el suicidio. Trabajó en un programa de prevención del suicidio femenino, abrió un consulta privada que cerró cuando Austria fue anexada a la Alemania nazi y fue director de Neurología del Hospital Rothschild.
En 1942 Frankl y su familia fueron llevados a campos de concentración; él mismo pasó por cuatro de ellos incluyendo Auschwitz y Dachau, y fue el único sobreviviente. Durante su reclusión teorizó que los presos que tenían algún significado de la vida tenían mayor probabilidad de sobrevivir. Al regresar a casa escribe su experiencia en “El hombre en busca de sentido” (1946). En 1949 se doctora en filosofía con la tesis “La presencia ignorada de Dios”.
Desarrolló la Logoterapia, reconocida como la “Tercera Escuela Vienesa” que fundamenta la Psicología Humanista, basada en la necesidad del hombre de darle sentido a la existencia humana y a ésta dentro de la cotidianidad. Su obra consta de más de 30 libros sobre análisis existencial y logoterapia, traducidos a 50 idiomas.
Recibió, entre otras, distinciones como la Gran Cruz del Mérito alemana, el Premio de Ciencia de la Ciudad de Viena, el Premio Óskar Pfister estadounidense y numerosos Doctorados Honoris Causa.
Falleció en Viena el 2 de septiembre de 1997.

