Por Sw. Sundariananda | SKY Italia
El vuelo de retorno a Italia del 5 marzo jamás despegó del aeropuerto de Guayaquil, de hecho, me atrevo a teorizar que jamás pisó el suelo de Ecuador. Y al recibir la noticia de la cancelación, en ese momento en el que se empezaban a vislumbrar las ramificaciones de la pandemia, me sentí tranquila, en una serena y grata resignación ante la idea del tener que vivir la cuarentena en el lugar del que nunca me quiero ir.
Y así comenzó, lentamente. En principio mi viaje fue postergado de un par de semanas, luego un mes, luego otro. Y aquí estoy, cumpliendo dos meses viviendo con los ahora caminantes, 19 almas encantadoras, confinadas – algunas voluntariamente, y otras atrapadas por circunstancias que obedecen a causalidades benditas- en el lugar para mí, más maravilloso de esta tierra. El Ashram Caminantes del Amanecer, donde lo divino es palpable, con sus templos, con sus cascadas, sus inmensos espacios verdes, sus cuevas, y las criaturitas que lo habitan.
Tardé un poco a caer en cuenta que la situación iba a ser duradera. Creo que fue quizás hasta la tercera suspensión cuando empecé a aceptar la idea de que esta es mi vida ahora.
Los primeros días me detenía frecuentemente en reflexiones sobre cómo y porqué terminé a pasar la cuarentena aquí, lejos de mi familia – a excepción de mi madre -, lejos de mi casa, del país donde crecí. Lejos da la forma en que vivía el día a día… Y durante una de esas reflexiones recordé una petición que frecuentemente he dirigido al cielo: “Concédeme unas vacaciones de esta realidad tan humana”. Y lo digo y lo reafirmo en mi convicción: cada petición implorada y sentida se cumple.
Y podrán pasar meses, no será ni el clima -demasiado habitualmente lluvioso para ser ideal-, ni la falta de pizza italiana, que me harán desear el final de mis “vacaciones” impuestas. ¿Cómo podría?
Y pensar que pasaron dos meses ya, me sorprende. El tiempo acá pasa a un ritmo sostenido dictado por ceremonias, rituales, y trabajo. Cada día empieza con la realización del fuego sagrado, seguido por los aratis, para activar cada templo. Después del desayuno, los habitantes, se dedican al cumplimiento de sus propios trabajos, internos y externos. En mi caso intento mantenerme al día con mi universidad, único aspecto que me mantiene atada a la “realidad”.
Y durante todo este tiempo la armonía entre las personas se pudo mantener de forma absolutamente libre y natural, cosa que en cualquier otra parte resultaría sorprendente.

En mi experiencia, al conocer una persona, pasa una de dos cosas: la persona te agrada, o no. En el primer caso, con el tiempo, inevitablemente se llega a un momento en el que conoces los defectos de la persona, y esta cae de tu gracia. Y si persistes en el mantenimiento de la relación, se llega a conocer un velo más interno, que gana nuevamente a la persona el merecimiento de tu apreciación.
Y así el ciclo se repite y repite. Pero en este caso, el ciclo jamás empezó. Será por mí o por ellos? Y no voy a tomar mérito que no me corresponde, ¿dónde más he vivido este advenimiento? Y la explicación de este fenómeno es evidente: la comunión de propósito. Todos estamos aquí para trabajarnos, y la constancia del trabajo interno espanta la tendencia que todos tenemos a generar demasiado una opinión ante las actitudes que no nos parecen.
Cada día está lleno de actividades, cada persona llena de ímpetu. Y el clima de amistad y encanto creado, se respira todo el tiempo, y te hace olvidar que estamos en cuarentena ¿Quién quiere salir de aquí?
En conclusión, este no es realmente un relato de la vida durante la cuarentena -como esta queda siendo una situación, no diría lejana, pero que me impacta de manera muy diluida, gracias a las dos personas que se ocupan de bajar de la montaña para aprovisionar el Ashram de comida, etc.., que son quienes resienten del impacto de esta realidad creada- sino más bien un testimonio de cómo estos tiempos se volvieron para mi tiempo ganado.


Me encanta tu forma de escribir, tan claro y en un español perfecto….en tanta paz, que se percibe…un gusto leerlo..Gracias