El yoga exhibe incontables virtudes y verdades, sobre todo cuando estamos atentos y conscientes y, cuando nuestro acercamiento a esta Filosofía y práctica tiene como propósito crecer espiritualmente. El yoga nos ofrece la oportunidad de la reconexión del cuerpo físico y el cuerpo sutil, de reaprender que la verdadera condición del ser humano es tanto física como etérica. El yoga está ligado con la salud, la alimentación consciente, la longevidad, así como con la paz, la transformación, el balance y la evolución que permiten al ser humano su transformación,[1] además está vinculado con las correctas y buenas acciones. El yoga es una forma de vida, una filosofía, una disciplina, una ciencia. El yoga es un vasto sistema de prácticas espirituales que conducen al individuo hacia el crecimiento interior, y le permite alcanzar su verdadero potencial evolutivo.
Occidente ha reconocido, a lo largo del siglo XX e inicios de este, la gran importancia y riqueza del yoga, aunque existe una idea generalizada y reduccionista de que el yoga es principalmente el yoga físico, aunque el Hatha Yoga (fuerza) es mucho más que eso. Es por tanto necesario profundizar más en su conocimiento, ya que esta actividad tiene aspectos externos y otros internos, la combinación de lo interno y lo externo, es lo que permite al practicante, o yogui, alcanzar varios de los beneficios o bondades de su práctica. La ciencia del yoga lleva a aquellos que la practican y conocen a conseguir el equilibrio perfecto, la flexibilidad, la armonía en el movimiento, el ritmo y el balance, el dominio de sí. La serenidad, la calma, la mente en concentración, son parte de las ganancias para el adepto.
Entre los aspectos externos están una vida correcta, acciones correctas (tal como enseña Krishna a Arjuna en el Bhagavad Guita. El yoga permite el adecuado cuidado del cuerpo y la salud, vinculada con la energía vital. Quien practica Yoga, está alineado con la no violencia, la verdad, la paz, la claridad y la contentura o alegría, además tiende hacia un cuerpo fuerte, sano y flexible, donde todo fluye. En lo interno, el practicante de yoga, puede alcanzar a través de la meditación altos niveles de consciencia, alcanzar una de las verdaderas bondades del yoga, la unión con el SER.
Sobre la meditación y el meditador, la Madre Shaktiananda, nos dice: “¿Qué o quién es un meditador? Quien a través de sí mismo busca encontrarse. Quien sabe habita aquí y allá, y busca unirse. Quien sabe que su ser lo contiene todo.”[2] La Meditación según la Enseñanza de la Madre Shaktiananda, Maestra de la Escuela Valores Divinos-EVD: “Es la experiencia interna del Alma el contacto con aspectos que conforman al Ser, pero que este ser, distraído en los avatares de la dinámica del mundo, ha dejado en rincones olvidados de su Conciencia.”[3]
El verdadero propósito del yoga, en realidad es la búsqueda de logros internos, que permiten alcanzar el desarrollo de la consciencia, para ello, según el Ashtanga Yoga, o el Óctuple Sendero que nos ofrece el famoso Rishi Patanjali en Los Yoga Sutras, el practicante debe enfocarse en dharana (concentración) y dhyana (meditación), que le permitiría alcanzar el samadhi. El paso entre el yoga externo o físico hacia el yoga interno, es el pratyahara, es decir el control de los sentidos, la interiorización, se debe comenzar simplemente desconectándonos de los sentidos, particularmente cerrando los ojos y respirando. El yoga es la ciencia de la respiración.
Bondades del yoga
- Desarrollo de principios de rectitud y acciones correctas
- Salud, energía y bienestar
- Respiración Consciente
- Paz y balance
- Interiorización
- Elevación de la Consciencia
- Control de la mente
- Autoconocimiento
- Transformación
- Liberación
El yoga permite a los individuos dejar a un lado la inercia, la ignorancia, la elevación de la consciencia. Existen muchos senderos del yoga, uno de ellos el samkhya yoga, señala que la práctica del yoga “conduce el cuerpo a una tranquilidad consciente y a la mente a un estado de ecuanimidad”, además de permitir a quién lo practica “aprender a observarse sin pasión y sin juicios”,[4] que le conducen hacia el autoconocimiento. El yoga también permite adquirir disciplina y voluntad. Su ejercitación mantiene a los individuos sanos en cuerpo y alma, a través de la realización de asanas (posturas), pranayamas (técnicas de respiración) y meditación.
El yoga en Occidente, reconoce la importancia del desarrollo y conocimiento del cuerpo físico y parcialmente del cuerpo sutil, mira las posturas o asanas, como si fueran un tipo de gimnasia o calistenia, aunque no lo es, más bien es una forma de conexión, una preparación para la meditación.
Una de las claves para recibir las bondades del Yoga es a través de la adecuada respiración y los pranayamas, tal como decía el Swami Sivananda, de Rishikesh, a sus discípulos sobre la respiración yóguica: “El cuerpo se vuelve fuerte y sano; el exceso de grasa desaparece, el rostro resplandece, los ojos centellean y un encanto particular se desprende de toda la personalidad. La voz se vuelve dulce y melodiosa. El adepto ya no es presa de la enfermedad. La digestión se hace con facilidad…Todo el cuerpo se purifica, el espíritu se concentra fácilmente. La práctica constante despierta las fuerzas espirituales latentes, trae la dicha y la paz”.[5]
Para muchos hoy en día el yoga es un estilo de vida, un camino o sendero espiritual, sobre todo para aquellos que buscan la guía de un Maestro, que les permita a través del yoga la autorrealización, por ejemplo, a través del Kriya Yoga. El mejor yoga sin duda es aquel que se realiza bajo la iniciación y la guía de un Maestro.
FUENTES CONSULTADAS [1] Escuela Valores Divinos. El Shiva Kriya Yoga. Es el sistema más potente de realización de estos tiempos. Iniciación mayo, 2021. https://www.kriyayogashiva.com/ [2] Mataji Shaktiananda, Dhyana Yoga. Escuela Valores Divinos-EVD, marzo 2021. https://escuelavaloresdivinos.org/ensenanza-sky/areas-de-sabiduria-sky/dhyana-yoga/ [3] Escuela Valores Divinos. https://escuelavaloresdivinos.org/ensenanza-sky/areas-de-sabiduria-sky/dhyana-yoga/ [4] Lizelle Reymond, Shri Anirvan. (1969). La Vida en la Vida. Buenos Aires: Librería Hachette, Colección Ganesha [5] André Van Lysebeth. (2002). Aprendo Yoga. Barcelona: Ediciones Urano.

