Toda llave abre un cerrojo, ya sea candado, cofre o puerta. Todo lo que se guarda bajo llave es preciado por el dueño y codiciado por quien no posee aquello que celosamente se resguarda. Es por lo tanto la llave, símbolo de posibilidades: entrar a un hogar, atravesar un umbral, acceder a un tesoro, descubrir lo oculto, liberar del encierro, por nombrar algunas.
Las llaves están presentes en el día a día de la mayoría de las personas que alcanzan cierto grado de independencia y responsabilidad. Por ejemplo, las llaves de la casa, del automóvil, de la oficina, de un depósito, casillero, candado o del equipaje. Perder las llaves será siempre un contratiempo que puede generar angustia y que necesariamente hay que resolver pronto. Es así como las llaves son sinónimo de la pérdida de los valores humanos, y denotan la relación entre codicia y avaricia. De la desigual distribución de la riqueza en el planeta; lo que produce un desbalance tremendo entre prosperidad y carencia.
Exploremos los diferentes significados que, a lo largo del tiempo, algunas civilizaciones les han otorgado a las llaves.
En la religión islámica y el mundo musulmán la llave o Mitfah, es uno de los símbolos más poderosos, sinónimo de la Fe. Desde que Tarik entrara en la península Ibérica portando en su estandarte una llave azul sobre campo de plata, quedó instituida la llave como emblema de Fe y Victoria. Así Mohammed I, fundador de la dinastía Nazarí que por casi 260 años gobernara Granada; al construir la Alhambra, dejaría claro que, si en algún portal se percibía tallada una llave, quería decir que se estaba entrando a los territorios del Sultán o a los espacios sagrados donde mora Allah.
Aún hoy se pueden contemplar dichas llaves en la Puerta de la Justicia, la Puerta del Vino y la entrada al Generalife.
En la mitología romana, el dios Jano; con una cabeza y dos rostros. Representado de perfil, un rostro mirando a la izquierda (el pasado), y el otro mirando a la derecha (el futuro). Dos polaridades: Solar y Lunar. En la mano izquierda porta una llave y en la derecha un cetro. Jano es el dios de los comienzos, de los portales. Por eso se le asignó el primer mes del año. En latín Ianuarius, Janeiro, Janero y de allí derivó a Enero. La llave simboliza la apertura de un nuevo ciclo.
En la tradición cristiana el Apóstol San Pedro, fundador de la iglesia en Roma, tiene como símbolo dos llaves cruzadas. Una es de oro y la otra de plata. Todavía el vaticano conserva este símbolo, tan antiguo que se remonta al evangelio. Cuando Jesús una vez resucitado le otorga a Pedro, a través de la gracia del Espíritu Santo, el poder de abrir y cerrar las puertas de los cielos.
«Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos». (Mateo 16:19).
Si nos remontamos al antiguo Egipto y su mitología, nos encontramos con el registro de lo que se ha conocido como “la llave de la vida”. El Ankh representa al sol naciente y la unión del cielo con la tierra. La fusión del masculino y el femenino. La cruz asada, con su forma parecida a la de una llave abría las puertas a los misterios de las escuelas de consciencia en Egipto. Al iniciado se le introducía una Ankh en la boca, como señal de que se estaba muriendo en la carne y naciendo en el Espíritu. Tal y como ocurría en la muerte corporal. Al difunto se le introducía una llave Ankh en la boca, para que pudiese abrir las puertas de la vida más allá de la muerte.
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