Om Tryambakam Yajamahe Sugandhim Pushti Vardhanam…
La estrofa inicial del Mahamrityunjaya Mantra se traduce como: “Cantamos en reverencia al señor Tryambak (de los tres ojos). Que esparce su fragancia en todas direcciones y nutre a todos los seres”. Esa emanación constante todo lo permea y en todo habita. El aroma del jazmín despierta la divina consciencia y nos guía en el camino de retorno hasta el encuentro con nuestro Padre, fuente de nuestra más pura esencia.
El antiguo Egipto era una civilización que conocía el poder evocativo de las fragancias. En sus mercados se podían conseguir las más finas y puras esencias destiladas. La perfumería egipcia, fue tal vez la más sofisticada de todas y ese refinamiento alcanzó su cénit en los sahumerios de los Templos. A diferentes dioses se le ofrendaban distintas combinaciones de resinas y maderas aromáticas. Los templos impregnados de la fragancia del humo blanco sublimado por la luz, despertaban la devoción y el recogimiento de los creyentes; abriendo en ellos los conductos de conexión con su propia divinidad, representada en el antropomorfismo que ya conocemos.
El pueblo de Israel, al escapar de Egipto de la mano de Moisés, llevó consigo la costumbre de utilizar las esencias aromáticas. En un pasaje del Éxodo, Yahveh instruye a Moisés acerca del uso de incienso en la adoración Divina. “…También quiero que construyas un altar de madera de acacia para quemar incienso en él… Todas las mañanas, cuando Aarón venga a preparar las lámparas, también deberá quemar sobre el altar, en mi honor, incienso perfumado. Hará lo mismo por la tarde, cuando encienda las lámparas. De ahora en adelante, esto deberá hacerse siempre”. (Éxodo 30, 1-8).
Otro pasaje del Antiguo Testamento ilustra el poder conector y de elevación del humo del incienso. «Suba mi oración como incienso en tu presencia y el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.» (Salmo 141,2). Hace referencia al Olíbano (Boswellia Sacra), árbol de la misma familia que la Mirra.
Grecia y Roma también adoraban a sus dioses quemando incienso. Era la principal y más preciada ofrenda en los panteones y oráculos. El humo despejaba los malos augurios y elevaba las plegarias al éter purificado, minimizando las intervenciones astrales y los malos presagios.
En Mesoamérica, las civilizaciones Olmeca, Maya y Azteca utilizaron copiosamente el Copal como medio de purificación y conexión.
Amanece en la ciudad de Tula, cuna de la civilización Tolteca, mejor conocida como Teotihuacán. Miles de peregrinos se han reunido para celebrar el solsticio en la Pirámide del Sol. Transitan la calzada de los ancestros portando pequeños braseros u hornillos de barro cocido, hermosamente labrados y decorados. Hoy conocidos como copaleras, en la época llamados Tlémaitl. La procesión ceremonial avanza sincopada, al ritmo de los instrumentos de viento y percusión. La humareda perfuma la calzada invocando a los dioses. Pequeñas nubecitas de humo blanco de Copal llevan el mensaje de los mortales a los planos de la inmortalidad. En la cosmovisión Tolteca se les conoce como Iztac Teteo, dioses blancos.
El imperio del Sol se sirvió del Palo Santo, que tiene un aroma dulce y complejo. Los Incas quemaban varitas de Palo Santo en sus ceremonias espirituales como ritual de purificación con humo. Se limpiaba el campo electromagnético de los presentes y se ahuyentaba cualquier espíritu maligno que pretendiera intervenir la ceremonia. El combustible principal de los fuegos sagrados encendidos en el imperio incaico, era el Palo Santo. Tan arraigado era su uso, que actualmente se utiliza en las ceremonias religiosas católicas de algunos países de América Latina.
La Mirra, resina que se extrae del árbol Commiphora Myrrha, que crece en el noreste de África, en Zufar (Arabia) y en Anatolia (Turquía); ha sido ampliamente utilizado en oriente medio y Asia menor desde la antigüedad. Sus propiedades medicinales y su alta frecuencia vibracional, veneradas por los sabios de distintas culturas, le han otorgado un merecido protagonismo a lo largo de la historia. En el cristianismo, por ejemplo, tiene un altísimo valor simbólico. Los tres sabios del oriente obsequiaron al niño Jesús; Oro, Incienso y Mirra.El cuerpo de Jesucristo se embalsamó con una mezcla de aloes, aceites y Mirra.
El aceite de mirra es el más nombrado en la Biblia, apareciendo de primero en el Génesis (37:25) y de último, junto al incienso, en las Revelaciones de San Juan (18:13).
El Sándalo, Santalum Album, es una madera dulce, un componente natural y noble, de aroma intenso. Su origen es muy antiguo. Se utiliza quemando la madera del árbol. La fuerza del fuego, el humo que se desprende y el poder del mantra van creando un campo mórfico de altísima frecuencia. Llamado en Sanscrito Chandan, es el aroma por excelencia en los rituales védicos del Sanatan Dharma. Las representaciones antropomórficas (Murtis) de las distintas deidades son pintadas o embadurnadas con polvo de Sándalo mezclado con agua, formando una pasta que también se utiliza en la frente de los oficiantes o de los presentes (Tilak), recordándonos así nuestra propia divinidad.
Fuentes Consultadas:


Maravilloso artículo, gracias, gracias, gracias 🙌
Excelente artículo sobre algo que desconocía sobre el poder de las escencias ; pero quiero saber como agrandó mi campo magnético y como me purifico
Muy enriquecedor e interesante artículo me encanto. Gracias