El juego evolutivo bajo el cual el alma se dispone para experimentar la vida en la forma que conocemos del ser humano hoy, está configurado en términos de materia y energía, como características de todo lo que el universo contiene, decantado hasta la expresión más concreta de los cinco elementos que conocemos como agua, tierra, fuego, aire y éter; así como estos en su mínima expresión son compuestos de átomos.
Las formas y dinámicas en el escenario más próximo a nosotros que es el planeta que habitamos da cuenta de las posibilidades de creación y destrucción que se alcanza tan solo contrastando lo que una criatura bajo ciertas vibraciones alcanza a generar.
Nuestra proyección en el plano de la materia está delimitada más no limitada, aunque así lo hayamos asumido equivocadamente. Esto sucede porque no recordamos lo suficiente acerca de quiénes somos, en esencia, y cuál es nuestro verdadero potencial dentro de la creación.
Si tan solo recordáramos quienes somos nos avocaríamos posiblemente con más confianza a superar las barreras que vamos encontrando ante nosotros cuando nos disponemos a alcanzar algo significativo en nuestro proceso de vida.
Y acá la frase del escritor norteamericano David Foster Wallace que postula en su libro “La Broma Infinita”, nos acerca luces acerca de lo que justamente se quiere asociar con la delimitación que ejerce en nosotros este plano de experimentación dentro del cual parecemos atrapados pero que al final es el campo de juego propuesto donde “El verdadero rival, las fronteras contenedoras, no son más que uno mismo”.
Si concebimos el encuadre que condiciona aparentemente el funcionamiento de este sistema, estamos es refiriéndonos a un espacio-tiempo controlado por márgenes, barreras, bordes que contienen el campo de experimentación, en donde el yo es la verdadera limitante a ser trascendida.
Por tanto, en este campo de juego delimitado, lo más acertado para expandirse es disponerse en un proceso hacia adentro de manera que en esa inmersión de forma constante conlleve a una expansión cada vez más amplia que propicie ese logro mayor de la conciencia la cual no tiene límite.
Es la chispa divina en nosotros, una cuota inicial para alcanzar el infinito y más allá. Contenemos la configuración, así como la fuerza y la capacidad de activar nuestros vehículos evolutivos y acercar posibilidad de crecer, ampliando las fronteras para que la fuerza creadora nunca termine de expandirse.
No hay duda de que somos conciencia en un proceso de ilimitada expansión.


Muchas gracias por tan certero mensaje, la verdad es que la mayoría de las personas que no conocen está sabiduría, se aferran al ego y a la dualidad, siendo que todos traemos un potencial para auto sanarse y podemos desarrollar habilidades para salir del Samsara y que están dentro de nosotros mismos. Me gusta mucho sus publicaciones porque todos los días aprendo más y conozco nuevas formas para despertar 💕💕💕