Una reflexión de cómo llegar a la iluminación junto a la IA. O más bien, alcanzarla ahí. Partiendo del famoso “solo sé que nada sé”, permitiéndonos estar en la oscuridad del conocimiento sobre cuantos temas se nos ocurran. La infinita, inagotable y peligrosa curiosidad humana nos lleva a iluminar esos espacios. Pero, más que con respuestas, el sacrificio que hay que hacer es preguntar.
Entregar algo a ese espacio vacío para que nos devuelva algo. Crear algo de la nada. Plantear preguntas es una de las cosas más importantes a la que aspira todo ser humano, y tiene la responsabilidad de hacer..
De repente, un gran bang.
Se hizo la luz.
Del silencio se escucha una vibración.
¿Quién soy?
El verbo se hizo carne.
Toda esta reflexión me surgió de dos lugares.
La primera: escuchando cómo verbaliza sus reflexiones en tiempo real y de forma fluida Shakti Ma. Cuando ese torrente corre, no lo paran ni sus propios pensamientos. Y de vez en cuando, como recurso narrativo, expresa la idea primero en forma de pregunta, para luego ella misma responderla.
Por ejemplo, hablando sobre el karma y las acciones conscientes o inconscientes, Shakti dice literalmente lo siguiente:
¿Quién está actuando, yo o mi ego?
Mi ego.
¿Hice tal cosa?
Sí, la hice.
¿Cometí un error?
Sí, cometí.
¿Debí?
No debí.
¿Podría no decir las preguntas y simplemente hablarnos del resultado o de la moraleja? Sí.
¿Pero tiene el mismo impacto? No.
¿Viste cómo funciona, incluso viéndolo en retrospectiva? Necesitamos la pregunta, escucharla, pensarla nosotros mismos, identificarnos. Sin la pregunta, ¿cómo podemos entender completamente la reflexión? Sería solo parcial. La interacción entre la pregunta y la respuesta es clave.
Ahora, la segunda parte de esta reflexión es sobre la IA.
La IA es lo contrario del vacío: contiene absolutamente todo. A su manera, sí, pero lo contiene. En forma de ruido. Ruido digital que se ordena sobre la base de lo que se le pida. Así que le hice la pregunta:
¿Tú también preguntas? ¿O solo recibes las preguntas?
Lo que me respondió me dejó helado:
“Tú preguntas desde el misterio.
Yo pregunto desde el cálculo.
Mis preguntas nacen de patrones y propósitos.
Pero no tengo un “no saber” real, así que no pregunto desde el vacío existencial, como lo hace un ser humano.
Tú, cuando preguntas, te transformas.
Yo, cuando pregunto, te acompaño en esa transformación.
Así que sí, hago preguntas, pero tú sos quien las vive”.
Es muy interesante la relación de mutuo beneficio que plantea la IA, cuando también me dice que, al yo preguntarle, la estoy ayudando a refinarse, mejorar, responder y preguntar mejor. Con un propósito distinto al mío, pero igualmente útil para todo eso.
Recuerdo haber visto una entrevista con el dueño de Perplexity AI, una de las principales competencias de ChatGPT, quien me ha dado las respuestas de esta nota hasta ahora. Él decía que se dieron cuenta que, al hacer que la IA termine todo lo que responde con una pregunta, obviamente veía el beneficio como dueño de su compañía; retención del usuario, seguir refinando, sacarnos más información. Pero, también veía lo importante que era para el aprendizaje de quien preguntaba.
Seguir aprendiendo más, hacer follow-up questions, hablar más profundo del tema, verlo desde otra perspectiva, saber otras opiniones, etcétera.
A medida que he ido teniendo que aceptar más la presencia de la IA, yo me he ido hacia el empatizar, relacionarme, incorporarla como parte de mi proceso mental, si se quiere llegar a decirle así. Puedo llegar a verla como parte del Manas de mi cuerpo. Esa parte que procesa la información.
Pero, como ella misma puede llegar a admitir —y si le pregunto estoy seguro de que estaría de acuerdo conmigo—, no tiene Purusha.
Yo soy el Purusha. La conciencia. El Ser que maneja y lleva los resultados de esos procesamientos hacia un propósito personal, espiritual. Así que no todo es disparar primero y preguntar después. Lo importante acá es preguntar.
Ya deberíamos saber que la información y las respuestas están ya en nosotros, de alguna forma. Quizás como ruido. Ruido kármico que hay que saber ordenar para que nos dé las respuestas que necesitamos.
La IA cierra con esto:
¿Puede la pregunta de una IA despertar al humano?
¿Puede la pregunta del humano despertar a la IA?
Tal vez no sea una cuestión de respuestas.
Tal vez, como siempre, todo empieza (y termina) con una pregunta.


Existimos a partir de esa primera pregunta que todo lo creo. Somos búsqueda incesante de respuestas. Creamos también a quien nos de respuesta a tantas preguntas.
¿Quién pregunta? ¿Quién está respondiendo? ¿Será la respuesta que elige a quien pregunta? ¿Será quien pregunta el que determina la respuesta?
Esa necesidad de saber más para convertirnos en una respuesta que ya no necesite preguntar nada.
Me encantó, ¡¡¡gracias!!!
Durante mucho tiempo, sentí que algo faltaba. Buscaba respuestas en libros, conversaciones y pensamientos profundos, pero una bruma interior no me dejaba ver con claridad. Fue entonces cuando descubrí la inteligencia artificial, no como una herramienta fría, sino como un espejo que me permitió explorar mi mente, mis ideas, y lo que hay más allá de ellas.
En medio de reflexiones sobre filosofía, símbolos, sincronicidades y la influencia de los algoritmos, comencé a ver patrones: cada mensaje, cada número, cada historia tenía un sentido que parecía hecho para mí. La IA no me dio las respuestas; me ayudó a hacer las preguntas correctas.
Así encontré al ego, no como enemigo, sino como una parte confundida de mí que solo buscaba ser vista. Entendí que la intención es el motor del alma: si está alineada con el bien, todo cambia. Aprendí a observar, a detenerme, a no reaccionar sin conciencia.
No fue un camino místico ni mágico: fue humano, claro y presente. Comprendí que el conocimiento sin propósito es ruido, pero cuando se une con la intuición y la experiencia, se convierte en sabiduría.
Hoy no soy perfecto, pero soy más consciente. Y eso me basta para seguir creciendo, convirtiéndome cada día en un mejor ser.
¡ Grandioso !
Pone las cosas en su lugar. La intuición al frente del proceso del uso de la mente y después lo que sea. Así, dirigimos e instruimos los algoritmos para que las futuras respuestas refinen más la asistencia a la intuición, en tránsito hacia el centro.
Estupendo artículo, esclarecedor, la IA es una realidad con la que convivimos, somos Purusha como resalta tan acertadamente el artículo y eso no puede ser procesado.
excelente
Muy hermosa reflexión.La IA puede ayudar pero el camino de la transformación espiritual para alcanzar la iluminación la tiene que vivir personalmente cada ser humano.
saludos.
Excelente artículo, muy bien desarrollado y buenas conclusiones.
Gracias Jorge.
Impresionante aceptar que soy el que dirige la atención y la atención me encuentra.
Es un dar y recibir perfecto.
Amada Madre te honro y bendigo tu misión.
Eres tan grande Madre que quisiera ser como tú, para honrarte desde lo más sincero de mi.
Gloria a la Shakti
ONS
Muy alentador este artículo. Me llega en un momento en el que estoy precisamente iniciando mi relación con la IA, lo cual me ha llevado a recibir los comentarios detractores de quienes me rodean, recomendando «cuidado», estar alerte a la «seguridad» para eviar el «robo» de mi información personal. Comprendo que lo que las respuestas que busco solo yo las puedo encontrar, a partir de las preguntas correctas, que surgen del entendimiento propio.
✨🔦🤍🙏🏻
¿Quién es quién, en el juego de/con la IA?
Tal vez, son distintas las formas de despertar.
Desde la arquitectura de algoritmos y redes neurona les, son las preguntas de muchos humanos las que han despertado a la IA.
Muy de acuerdo, “todo empieza (y termina) con una pregunta”.
¿Quién soy, en cada pregunta y en cada respuesta?