Abraham Lincoln, presidente de Estados Unidos de América durante uno de los períodos de mayor conflicto interno en la historia de ese país, es reconocido por la resiliencia y el coraje con que ejerció su liderazgo, logrando sostener la unión de los estados y a la vez abolir la esclavitud.
Su frase preferida era “Y esto también pasará», que usaba frecuentemente en una contrastante mezcla de humor e intensa seriedad. En una ocasión se refirió a ella diciendo: «¡Cuánto expresa! ¡Qué apaciguadora en momentos de orgullo! ¡Qué consoladora en medio de una profunda aflicción!».
Esta expresión, de origen persa, es actualmente un símbolo tatuado en la piel de muchas personas, claro reflejo de cómo buscamos recursos que nos recuerden la impermanencia del dolor y del placer.
El apego al placer y el temor al dolor provocan inquietud y ansiedad. Esto nos lleva a tejer complicados planes que comprometen nuestro tiempo y energía con la esperanza de maximizar el bienestar y minimizar el sufrimiento, ambos en un futuro incierto. De esta manera, por desconfianza en la vida misma, con frecuencia desatendemos nuestro presente.
Existen momentos en los que la turbulencia sacude nuestra existencia: enfermedades, accidentes, crisis familiares, pérdida de seres queridos, fracasos laborales o empresariales. Podemos vernos inmersos en circunstancias sociales dolorosas, tales como conflictos, desastres naturales o los cada vez más comunes desplazamientos forzados. En su mayoría, estos eventos nos sobrepasan y aniquilan toda posibilidad de creer que tenemos control alguno sobre ellos, y más aún, sobre nuestra propia vida.
Al recordar las propias experiencias de sufrimiento, o escuchar las de personas cercanas, podemos notar que al dejar de resistirnos y aceptar que no tenemos control alguno sobre estas situaciones, cuando reconocemos que no queda otra posibilidad que entregarse a lo vivido, surge una sensación de alivio y paz.
Precisamente en esa sensación hay un valioso indicio de lo que es vivir en entrega al Ser. El sufrimiento, producto de resistirnos al dolor, tiene el valioso papel de mostrarnos el sinsentido que es pretender y creer que controlamos nuestra vida.
Afortunadamente, no es necesario pasar por el sufrimiento para experimentar la paz e inmensa plenitud del auténtico amor. Basta con reconocer, tal como Arjuna en el Bhagavad Gita cuando acepta que Krishna conduzca su carruaje, que es el Ser -Dios, la infinita consciencia y el amor que somos- el que dirige y nos muestra a cada instante lo que necesitamos para avanzar en nuestro camino a la realización del amor, del Ser mismo.
Sin embargo, habitamos un mundo que nos persuade constantemente de que mediante la razón podemos controlar, planear y decidir cada aspecto de nuestra vida. Y he ahí que el dolor aparece como ayuda didáctica, a veces leve y a veces atronadora, para recordarnos que lo que queremos no es necesariamente lo que necesitamos.
Incluso, al asumir cualquier tipo de disciplina espiritual, solemos fijar nuestra mente en la idea del logro trascendente, como sea que se quiera llamar: plenitud, éxtasis, samadhi, iluminación, realización y un largo etcétera. Hacemos de ello una idea que queremos abarcar con la razón, poseer como si fuera un objeto o una experiencia. Y después de dar muchos tumbos, nos damos cuenta de que el logro espiritual es algo que entre más buscamos controlar, más se nos escapa de las manos, como arena fina entre los dedos.
Quizás venga bien revisitar la entrañable frase de Lincoln y tomarnos el atrevimiento de agregar un complemento que nos recuerde que además de desapeganos del fruto de toda acción, es esencial reconocer que es el Ser quien conduce nuestra vida y nos lleva por los caminos y experiencias que necesitamos. Algo como: Y esto también pasará, me entrego a la guía del Ser.
Fuentes consultadas:
- Bhagavad Gita
- Lincoln Quotes from Speeches and Letters (www.nps.gov)
- Paramahamsa Vishwananda. The Secret Of Becoming Mentally Strong (youtube.com)


Abraham Lincoln, presidente de Estados Unidos durante tiempos de gran conflicto interno, destacó por su liderazgo resiliente, uniendo a los estados y aboliendo la esclavitud. Su frase favorita, «Y esto también pasará», refleja la impermanencia del dolor y el placer, recordándonos que el apego y el miedo generan ansiedad. En momentos de turbulencia, como enfermedades o pérdidas, aceptar la falta de control trae paz. Reconocer que el Ser dirige nuestras vidas nos libera de la ilusión de controlar todo. El sufrimiento enseña la futilidad de esta ilusión. Aceptar la guía del Ser es clave, más que perseguir logros espirituales. Añadir a la frase de Lincoln «me entrego a la guía del Ser» nos invita a soltar el control y encontrar paz.