Podemos definir la palabra viaje, y argumentar desde varias fuentes, lo cual nos facilitaría el recorrido, y así encontrar, no uno, sino varias interpretaciones del término que ofrece una aparente sencillez expresiva. Desde el uso del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española hasta el poema de Kavafis, Ítaca. Incluyendo reflexiones que vayan apareciendo en este andar.
Según el diccionario de la RAE el viaje es pues: “Acción y efecto de viajar. Traslado que se hace de una parte a otra por aire, mar o tierra. Camino por donde se hace un viaje (ll traslado por aire, mar o tierra). Ida a cualquier parte, aunque no sea jornada, especialmente cuando se lleva una carga. Carga o peso que se lleva de un lugar a otro de una vez…”
En su etimología la palabra viaje es una combinación del castellano con el francés “viatge” y a su vez del latín “viaticum” que significa camino.
Podemos decir que en un viaje es importante tanto el recorrido como el tiempo transcurrido. A través de esta columna, nos desplazaremos por diferentes formas de asumir el viaje; individual o colectivo.
El viaje implica un desplazamiento, este movimiento puede ser de forma física, como comúnmente lo percibimos, pero también en nuestra mente, nuestro espíritu.
Si pensamos que somos y venimos de la luz. Esa chispa que somos cada uno, se ve manifiesta en esta vida desde que nacemos y se transforma una y otra vez hasta llegar a su fuente nuevamente. Propósito fundamental de la realización del Ser.
Homero en su Odisea, con Ulises y su viaje de 10 años, donde enfrenta a gigantes, conoce sirenas y dioses, nos muestra ese gran viaje valiéndose del mito y la imagen camino del héroe. Podemos ver en cada uno de nosotros a Ulises y su aventura, como ese recorrido hacia nuestro interior, con las cargas y obstáculos que llevamos y que es obligatorio reconocer, vencer, dejar, en ese camino de regreso al origen, a la fuente.
El poeta griego Constantino Cavafis (1863-1933) nos sugiere una asombrosa imagen de esa singularidad de nuestra travesía, esa Ítaca que todos llevamos por dentro.
Ítaca
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.
Sería imperante que en cada viaje que hacemos tengamos nuestros sentidos abiertos y podamos, por analogía, ver ese transito que hemos hecho una vez más y que siempre repetimos como la vida de principio a fin, para que esta vez podamos transformarnos definitivamente en el punto de partida.
Sin menospreciar el recorrido que hacemos, en cada viaje sea corto o largo, sea física o interiormente, debemos estar con los sentidos dispuestos, vivenciar, reconocer ese encanto que hay doquier y que muchas veces no vemos.
Todo ello ha estado presente, solo hay que redescubrirlo y con esa imagen continuar hasta llegar al comienzo.
Muchas veces es muy diferente a lo que creemos es y solo cuando persistimos nos damos cuenta que siempre hemos estado ahí, que ese cambio de posición es solo un movimiento que nos recuerda quienes somos. Encontrarnos cada vez y una vez más es un encanto, pero al mismo tiempo una distracción que nos entrampa en el juego del retorno.
¿Quieres volver? O ¿definitivamente estás dispuesto a reconocer que estás a punto de llegar?
Fuentes consultadas: www.cadenaser.com, www.culturainquieta.com


Gracias por compartir.
Bella escritura, para retomarla cada vez que sea necesario
El año pasado me leí La Odisea, lectura que disfruté mucho que demuestra el valor de la perseverancia,
lo importante de mantener los objetivos y enfrentar las dificultades, muy buen artículo, hermosa poesía.
Muy buen artículo lleno de sabiduría así es nuestra vida todo fruto vuelve a su origen
Me encantó ♥️🥰
Que lindo!! Gracias, gracias
Itaca, me conecté con mi viaje buscando mi destino de hace muchos años atrás, y fue así tal cual, sin tiempo, sin prisa, contactando con todo como si fuese un encuentro…. Que hermosa libertad experimentada, el presente era el único destino, con todos los sentidos abiertos asombrándome ante cada paso, un viaje del Alma, una escuela de vida, mi universidad, dos años entregada ante cada experiencia explorando, cada lección, conocí lo que es la familia humana, fui acogida y regalada, el mundo a mi favor, yo en el mundo, que belleza sin fronteras, todo a pie ida y vuelta sin comodidades, solo me tenia a mi misma con mi amado hijo guiados por la divinidad todo el tiempo, gracias Swami por evocar aquellas memorias! Itaca