En este mundo dual los contrastes son una de las constantes que configuran realidades que se repiten en diferentes épocas. A pesar del paso de los años y de transformaciones que calificamos como avances en las formas de vida que llevamos (porque se desarrollan con base a tecnología, conocimiento e innovación), no logramos impactar problemas que persisten de forma estructural en muchos lugares del planeta y que limitan el potencial de miles de millones de personas.
Conociendo ya las leyes que rigen el juego en estos planos evolutivos, hay dinámicas sobre las cuales deberíamos alcanzar mayor y mejor entendimiento para así poder manejarnos dentro de un adecuado balance cuando se trata por ejemplo de decidirnos por acciones de solidaridad hacia quienes enfrentan profundas vulnerabilidades.
Porque no se trata de asumir con rancio absolutismo posturas de dejar todo para que un modelo económico, social e institucional lo resuelva; o asumir que la realidad del otro es efecto de una causa que por ley le corresponde, y hay que dejar que cada uno resuelva y encuentre la forma de salir de sus miserias; sino que es necesaria una genuina acción orientada al cuidado propio y del otro, porque no basta disponer de recursos económicos para mitigar o atender; más bien se trata de nuevas relaciones humanas.
Las formas como vamos actuando sobre acuerdos tácitos o explícitos están muy mediadas por intereses y el cálculo de beneficios, con lo cual se amplía la brecha entre la acción correcta de la que no lo es. Así nos lo recuerda un grande la literatura, el ruso Lev Nikoláyevich Tolstói (León Tolstoi), cuya influencia alcanzó lideres como Ghandi y Martin Luther King; al postular principios éticos y humanistas, como el planteado en la frase: “Lo incorrecto no deja de estar mal porque la mayoría participe en él”.
De esta forma puede tomarse como un llamado de atención de forma contundente hacia la revisión de las acciones y la cualidad de las mismas; al señalar de forma vehemente que estamos bajo dinámicas que justifican acciones distorsionadas que dañan en vez de mejorar y se mimetizan bajo acuerdos y formas de la sociedad que se van aceptando sin mayor cuestionamiento, negando hechos evidentes acerca de lo contraproducente que pueden resultar para las sociedades que de forma autómata se mantienen en intercambios de poder que acrecientan la decadencia y conformismo de muchos.
El tiempo y la atención que podemos disponer para transformar las realidades propias y colectivas pasan por la responsabilidad del proceso individual para asumirse, sanarse y proyectarse, así como para ver al otro y reconocerlo en el cotidiano porque al vernos con otra disposición estamos propiciando que muchos recuperen la dignidad que han perdido y desde ahí comiencen la transformación de sus realidades, al tiempo que por reciprocidad quien se dispone ante el otro de manera diferente también va haciendo su trabajo personal.
Diríamos acá que lo incorrecto no solo es una acción fuera de ley divina y humana, sino una forma o tendencias que se justifican generalmente desde la cultura o se imponen desde el poder para que el ser humano no avance y se quede en el lugar en que se encuentra atrapado por miedo, vacíos, resentimiento, dolor, sufrimiento, carencia y muchos más.
Es crucial estar atentos para tomar distancia de lo que la mayoría hace de manera inconsciente y sin sentido evolutivo, para no estancarnos y demorarnos en dinámicas que restan al hombre su potencial y luz.


Muchísimas gracias por tan auspiciosa revista!.
Y qué bueno sería leer sobre la acción correcta e incorrecta en las crianzas de hoy.