Vivimos en una carrera constante por alcanzar el bien-estar sin darnos cuenta que solapamos lo realmente importante con ilusorias necesidades y compromisos que nos alejan de un estado exacto de plenitud. A pesar de las distracciones en cada individuo aguarda una existencia más simple, menos forzada, con libertad de conciencia y sobre todo basada en los sentimientos, en la empatía, en la conexión con las demás personas en lugar de correr de forma alocada. Realmente sobran las señales de que es inviable sostener la vida que llevamos humana, ambiental, y socialmente, con implosiones de toda índole por todo el planeta.
La Belle Verte (Planeta Libre) película francesa del año 1996 corrió el riesgo de ser mal entendida en su época pensando que era una burla a la falta de “civilización”. Así pasó ilesa de grandes manifestaciones dentro de la crítica, aunque estuvo prohibida en la Unión Europea quizá por considerarse una amenaza contra el sistema que intenta determinar los destinos de la raza humana a través de la tecnología nociva, el consumismo, la industrialización, entre otros temas. Es una pieza bastante crítica y mordaz contra los parámetros pre-establecidos que atrapan y aguijonean las conciencias. Es oportuno preguntarnos ¿Seremos exterminados como raza-fractal del cosmos en pos de un mundo exclusivamente tecnológico? ¿Será anulada nuestra humanidad y capacidad orgánica?
Existe un encantamiento en esta producción que se adelanta a su tiempo porque jocosamente contrasta una vida de convivencia armónica con todos los seres y la naturaleza frente a las consecuencias que estamos padeciendo por la transformación ambiental para crear bienes materiales y fomentar el consumismo. Un intenso libreto rodeado de la observación hacia los patrones que han desnaturalizado nuestra formulación divinamente humana. Esta película no se queda en entretener al público. Nos lleva, cuando menos, a la reflexión y aproximación de que la cotidianidad, tal y como la conocemos, está regida por las apariencias y el arremetimiento de todos contra todos.
Una propuesta realmente extraordinaria, que exhorta a despertar de un largo sueño estimulado por una sociedad que tiene enquistado miedo y dolor sin ser consciente del egoísmo, la competencia, la soberbia y tanta indiferencia. Así nos hemos relacionado erráticamente al creer que podemos dominarlo todo. Y frente a esta verdad podemos decidir elegir desarrollarnos diferente, con prácticas cotidianas más cónsonas con quienes somos, activando memorias sutiles y finas capacidades humanas ocultas que contenemos para descifrar el juego divino y trascenderlo.
Hay que darse la oportunidad de divertirse y reflexionar con esta comedia francesa, la cual posiblemente no logró manejar un gran presupuesto de inversión en producción y se nota en los detalles técnicos como la fotografía, no obstante, el pronunciamiento que brinda la directora, guionista y también protagonista, Coline Serrea, es lo más valioso para cuestionar nuestros códigos. En estos tiempos es de valientes revisar, aceptar y soltar, para continuar.
Enlace de la película https://vimeo.com/222126882


Es enorme saber que hay gentes con esa calidad de gentes. El mensaje contentivo guarda mucha relación con lo que fue nuestra antigua gente. Extender la mano para ayudar, no para robar, menos para matar. Para que tanta riqueza en pocas sociedades. Para el dominio o abuso contra el menos fuerte. Felicitaciones Cine Francés por ese mensaje de humanidad y bondad.