Por Sw. Adiananda | SKY Ecuador
¿Podemos hablar de normalidad hoy? Una palabra o adjetivo recurrente en estos tiempos de la pandemia es el retorno a la “normalidad”, o de la necesidad de volver a formas de convivencia “normales”. Esto no será posible en el corto y mediano plazo, en prácticamente ninguna de las variadas y heterogéneas sociedades mundiales, pese a la fuerza que ha tenido el sistema mundial para homogeneizar la cultura. Lo que conocía la civilización actual, en cuanto a las relaciones humanas y sociales, en cuanto a la comunicación, interacción e intercambio, a la convivencia en el espacio público, se ha visto totalmente trastocada por la presencia de un virus, que al inicio de su dispersión fue altamente letal, conocido con el término Covid-19. ¿Podemos llamar “normalidad” a la situación actual, cuando vivimos la esclavitud de los Webinars, de las sesiones Zoom, de las clases virtuales?
El confinamiento de individuos y familias, fue una de las respuestas de muchísimos gobiernos, pero ¿qué significa esto?, una forma de buscar el bienestar, y de protección ante este embate. En el encierro muchas veces no voluntario, los individuos y familias pudieron en estos casi 90 días, responder ante esta situación a partir de nuevas formas de Estar y también de Ser, de reflexión de autobservación, de respuesta cuerda y sana.
En otros casos, los resultados no fueron tan felices. Algunas personas, tal vez pocas buscaron una manera de crecer hacia adentro, de autoconocimiento, tal como lo proponían los Rishis, y los filósofos griegos –nosce te ipsum-, que permite el desarrollo y el despertar consciente, y este tiempo, pudo ser utilizado para despertar, para cosechar -si adecuadamente se había sembrado-, y un tiempo para Ser.
Actualmente, no quedan espacios, territorios y sociedades que no hayan sido impactados por la presencia del temido virus, incluso los pueblos más aislados, como ciertas etnias amazónicas, están sufriendo las terribles consecuencias del virus. El Covid-19 debería tener otro nombre ¿no? aunque tal vez no sea políticamente correcto decirlo. Aceptemos, como lo han hecho no pocos, que es este virus es el resultado de una creación humana, de ingeniería genética y de laboratorio, y por tanto, si consideramos que no es un accidente, ni tiene origen en la naturaleza, podríamos tener mejores respuestas para enfrentarlo, y para buscar formas de evitar su propagación y diseminación, como también para evitar llegar al temor y desolación que ha causado en muchos lugares y poblaciones, entenderíamos así, qué tipo de ajedrez mundial y social está en juego ¿qué movimientos geopolíticos están detrás de todo esto?

El Covid-19 es el producto de una oscura conspiración y manipulación, ante esta situación, ¿qué pasos certeros debemos dar como individuos y como colectivos, ante esta intrincada y poliédrica situación? a sabiendas que algunas de sus caras o facetas están ocultas, grises o gatopardas, sin embargo, debemos pensar que, si pudiéramos vislumbrar lo que hay detrás, tal vez allí encontraríamos respuestas más concluyentes.
Debemos aceptar que la civilización actual, tecnificada, mecánica, industrializada, tal como la conocíamos ha sufrido un colapso de incalculables consecuencias, ante esta caída civilizatoria, debe haber una respuesta valiente, consciente, despierta, rebelde, esta última es la de optar por la Luz, que no impere el miedo, sino el Amor, el respeto, la confianza, la ética, el fortalecimiento de lo verdadero (El Ser), para no quedar atrapados en las redes del sistema, que te exige trabajo y energía, por unas monedas, que es impersonal, incansable e insaciable, que a veces maneja a la población del mundo –que lo permite- como si de marionetas se tratara. Hay que escoger entre ser guiado por la red, o ser guiado por un verdadero Maestro.
Las sociedades globalizadas, a consecuencia de esta pandemia, viven graves secuelas en diferentes campos, principalmente los de la salud, la economía, la cultura y en la cohesión y fuerza social. Las respuestas a la crisis, por parte de diferentes países y gobiernos, han ido desde el aislamiento, la negación, la rápida o lenta acción, como también hacia el control de la población o buscar solamente la sobrevivencia. Las relaciones humanas tal como las conocíamos se convirtieron en un riesgo de vida o muerte, de temor al contagio, un virus que se adquiere con el contacto cercano entre personas, una verdadera pesadilla. Como resultado, se llegó a restringir totalmente la movilidad e interacción social, con los corolarios esperados, crisis económica, inequidad, exclusión, miedo, precariedad laboral, escasez de recursos y falta de planes de contingencia.
Los organismos internacionales que debían actuar no lo hicieron, las instituciones en las que la población debía confiar, actuaron tarde y a veces mal. Muchos gobiernos mostraron sus pocas virtudes. Lo que sí quedó claro, es que existe un Orden Mundial, que “controla”, que ganó con el desorden y caos ocasionados por pandemia, las potencias mundiales mostraron sus ansias de poder, de control y todas sus armas sucias, siendo una de ellas esta letal arma biológica el Covid-19.
También se puede afirmar, que la mayoría de las sociedades no estaban preparadas para responder adecuadamente, pero, quiénes estaban detrás sí tenían planes: intentos de imposición de un pensamiento único, un modelo económico y la búsqueda de la expansión geopolítica, claramente lo que está haciendo China, sobre todo, en América Latina. Además, cada vez, está más marcada la hegemonía de la virtualidad, y nuevas formas de control social, a través de la información, y de la des-información, de las redes sociales, con la multiplicación de noticias falsas y del crecimiento de los ejércitos de trolls, que inundan y controlan las redes, potentes ante la ignorancia de los usuarios y su “buena fe”.
La civilización actual ejerce un control y presión en donde la técnica y la mecánica, es decir la materia predomina sobre el espíritu. Hace tiempo que la técnica circunscribe y controla a la cultura y al Ser Humano. Esto pudo suceder gracias que se crearon vacíos, pérdida de valores, alineación. Por ahora, no podemos hablar todavía del pos Covid-19, ya que convive con nosotros, y es difícil hablar del retorno a la “vida normal”.
Pero, está en cada uno de nosotros decidir si vamos a aceptar las trampas de la “revolución científica”, de la tecnificación, de la futilidad de la vida, que ha atrapado a la población y ha convertido al ser humano en un “hombre-virtual”, mero consumidor pasivo, o decidir firmemente tomar las riendas de nuestras vidas, ser “el capitán de nuestra alma”, parafraseando al poema Invictus de W. E. Henley. Invito al lector además a hacer suya la propuesta de Mataji Shaktiananda quién nos dijera hace poco: “¿Te has asomado a tus vacíos? ¿Los has experimentado, explorado? ¿Qué podría contener un vacío? Deberías vaciarte del desamor, del engaño, deberías arriesgarte. Respira y experimenta tu Ser total, tu Ser pleno, tu Ser sereno… Restablece tu calma, fortalece tu Ser. Fabrica Luz”.


Resultan muy interesantes y apropiadas estas reflexiones a propósito de los tiempos que vivimos y los rumbos que la «civilización» ha tomado desde siglos atrás. Diversos filósofos, sociólogos, líderes y pensadores, de tiempo atrás, han alertado que el rumbo tomado por la mayor parte de la humanidad, algunos con su acción deliberada y otros con su indiferencia u omisión, nunca conducirán a un bienestar global y un crecimiento espiritual del ser humano, donde valores como la solidaridad, la compasión, la libertad, etc., por nombrar algunos pocos, formen parte de esto que ahora llaman «aldea global». Como se resalta en el escrito, nuestras sociedades heterogéneas, están sometidas por un capitalismo depredador, que no se detiene ante nada con tal de ampliar su poderío y su control. Parece ser que desde hace mucho tiempo cada ser humano debió afianzarse en su fuero interno para decidir desde otras instancias lo que cada día lo engrandece como lo que Es.
Respiro…hago una sintesis de todo lo compartido en estas exposiciones y me detengo a pensar que tan marioneta soy de este mundo virtual. No me sale más que agradecer la infinidad de espacios, que ,si bien no dejan de ser virtuales, hacen al ser y funcionan como faros en la inmensa oscuridad ? ONS✨