El concepto de lo obvio viene arropando nuestra cotidianidad con una fuerza, encaminada a disipar la duda y matar el asombro, para llevarnos a una “normalidad” envuelta en una estructura mediática en la cual no se puede diferenciar la mentira de la verdad.
Estamos expuestos a las simulaciones y experimentaciones más descaradas de los últimos tiempos, y en ese esfuerzo de comprender el mundo que nos rodea, es necesario generar formas de pensamientos analíticos, despiertos en los que podamos cuestionar “lo que en el acto cotidiano se da por sentado y determinar la apertura hacia el camino de la posibilidad de la verdad”. [i] ”Hoy todo hace parte de la normalidad, esa especie de categoría donde la extrañeza no es un adjetivo que califique lo que es ajeno a nosotros como especie y como subjetividad”.[ii]
Para el profesor Wsneider Cano Montoya, de la Universidad de Antioquia, Colombia, si hay algo que el ser humano de hoy ha ido perdiendo poco a poco es esa capacidad de asombro ante lo que lo rodea, ante lo desconocido, ante sí mismo. Los simulacros de unas democracias inexistentes, conflictos armados acompañados de genocidios, hambrunas, los desmanes e imposiciones aberrantes, junto con una inteligencia artificial que va direccionando tus gustos en las redes para atraparte en el consumo de los más preciado que tenemos, eso es nuestro tiempo.
La sociedad actual va por un camino en el que la admiración por lo que acontece a su alrededor se ha convertido en algo evidente y es aquí donde surge la peligrosa indiferencia como una forma de interacción ante nuestra supuesta realidad para proteger nuestra psique y sobretodo nuestra vida tranquila y cómoda bajo un estado de equilibrio falso y con ideologías que nos aportan desde “una verdad absoluta” rápidamente la comprensión de este mundo.
La búsqueda de una comprensión mayor ha acompañado esta humanidad desde siempre a pesar de la angustia que puede representar para el hombre el conocimiento de la verdad. Pero, el reto mayor a enfrentar es el declive acelerado de nuestra condición humana y el miedo instalado a perder la seguridad que pone en riesgo la perdida de nuestra pasividad ante todos los acontecimientos.
Cano Montoya cita a Estanislao Zuleta en su ensayo sobre “El elogio de la dificultad (2000) y nos advierte: “Dostoievski entendió, hace más de un siglo, que la dificultad de nuestra liberación procede de nuestro amor a las cadenas. Amamos las cadenas, los amos, las seguridades porque nos evitan la angustia de la razón”.
Colocarnos en este punto nos ha llevado a un amenazante estado de inercia fenoménica, en el que aparentemente en algunos casos el juicio representa al conocimiento, y en este desenfreno de ideologías farsantes, triunfa la división y la convicción de que la verdad absoluta pertenece a uno de los bandos.
Es urgente construir nuevas formas de afrontar la existencia en el mundo, entender que el conocimiento se agota con el hombre mismo y que la deconstrucción de esto que hemos llamado realidad debe aportar al quiebre de creencias y dogmas que han aniquilado la forma de nuestra consciencia más pura, el asombro de vivir.
Fuentes consultadas
[i] file:///D:/Users/Usuario/Downloads/6987.pdf. “La Filosofía como baluarte contra la obviedad”.
[ii] file:///D:/Users/Usuario/Downloads/6987.pdf. Ibídem. Pág. 3

