Yibrán Jalil Yibrán. La ortografía de su nombre más conocida procede de la transcripción inglesa Khalil Gibran (1883-1931) del original árabe. Sus obras reúnen estimulantes notas místicas de amor espiritual. El poeta siempre escribió hermosamente iluminado. En cuanto a su libro Lágrimas y Sonrisas (1914) expresó lo siguiente: «Una lágrima y una sonrisa son la pintura y el lienzo que da color a nuestra existencia, son las notas graves y agudas con las que debemos escribir la melodía de nuestras vidas«.
RISAS Y LÁGRIMAS
Cuando el sol se alejó del jardín, y la luna lanzó sus mullidos rayos sobre las flores, me senté bajo los árboles a meditar sobre el fenómeno de la atmósfera, contemplando entre las ramas la profusión de estrellas que resplandecían como plateadas motas sobre alfombra azul; y pude oír a la distancia el agitado murmullo del arroyo, que saltarín y presuroso se encaminaba hacia el valle. Cuando las aves se guarecieron entre las ramas y las flores plegaron sus pétalos, y cayó el terrible silencio, escuché el susurro de unos pasos en la hierba. Agucé el oído y vi que una joven pareja se aproximaba a mi árbol. Se sentaron bajo sus ramas desde donde podía contemplarlos sin ser advertido.
El joven miró hacia uno y otro lado, y luego oí que decía: Siéntate a mi lado, amada mía, y escucha mi corazón; sonríe, que tu felicidad es el símbolo de nuestro futuro; sé dichosa, que los días luminosos se regocijan con nosotros. «Mi alma me alerta de la duda de tu corazón, porque dudar del amor es pecado. «Pronto serás la dueña de este vasto territorio, iluminado por esta luna maravillosa; pronto serás la señora de mi palacio y los siervos y criados estarán a tus órdenes. «Sonríe, amada mía, como sonríe el oro de las arcas de mi padre. «Mi corazón rehúsa negarte su secreto. Doce meses de viajes y placer nos aguardan; pasaremos un año derrochando el oro de mi padre en los azules lagos de Suiza, y contemplando los monumentos de Italia y Egipto, y descansando bajo los Sagrados Cedros del Líbano; conocerás a las princesas que te envidiarán las joyas y vestidos. «Todo esto haré por ti; ¿Estarás satisfecha? Pronto los vi pisotear las flores como los ricos pisotean los corazones de los pobres. Cuando se alejaron de mi vista comencé a hacer comparaciones entre el dinero y el amor, y a analizar el lugar que ocupaban en mi corazón.
¡Dinero! ¡Origen del amor insincero, fuente de falsa luz y fortuna; manantial de aguas contaminadas; desesperanza de la ancianidad! Aún vagaba por el vasto desierto de la meditación cuando una pareja desaliñada y espectral pasó junto a mí y fue a sentarse en la hierba; dos jóvenes, un hombre y una mujer, que habían salido de la choza de su granja cercana para venir a este sitio desapacible y solitario. Después de unos instantes de completo silencio, escuché las siguientes palabras, pronunciadas entre suspiros por entristecidos labios:
-No derrames lágrimas, amada mía; el amor que abre nuestros ojos y esclaviza nuestros corazones nos brinda las bondades de la paciencia. Consuélate de nuestra demora, porque hemos hecho un voto y hemos penetrado en el santuario del Amor; porque nuestro amor crecerá en la adversidad; porque en nombre del Amor padecemos los obstáculos de la pobreza y el rigor de la desdicha y el vacío de la separación. Combatiré estas penurias hasta triunfar, y poner en tus manos el valor que te ayudará a pesar de todo a completar el viaje por la vida. «El amor -que es Dios – recibirá nuestras lágrimas y suspiros como incienso quemado ante Su altar, y nos recompensará con fortaleza.
Adiós, amada mía; debo irme antes que la pálida luna se desvanezca. Una voz pura, hecha de la exigua llama del amor, y de la desesperanzada amargura del anhelo, y de la decidida dulzura de la paciencia, dijo: -Adiós, Amada mía. Se separaron, y la elegía de su unión fue velada por los gemidos de mi lloroso corazón. Contemplé la aletargada Naturaleza, y reflexionando profundamente descubrí la realidad de un hecho numeroso e infinito: lo que ninguna fuerza puede exigir, ni influencia adquirir, ni riqueza perseguir. No puede ser borrado por las lágrimas del tiempo ni muerto por la tristeza; algo que ni los azules lagos de Suiza ni los maravillosos monumentos de Italia pueden revelar. Es algo que se fortalece con la paciencia, crece a pesar de los obstáculos, se guarece en invierno, florece en primavera, hace soplar la brisa en verano y da frutos en otoño: hallé al Amor.
EL CANTO DE LA FLOR
Soy la afectuosa palabra pronunciada y repetida Por la voz de la Naturaleza;
Soy una estrella caída desde la Azul bóveda del cielo a la verde alfombra.
Soy la hija que los elementos Y el invierno han engendrado;
Que la primavera ha dado a luz;
Fui acunada en el regazo del verano y
Dormí en el lecho del otoño.
Al alba me uno a la brisa
Para anunciar la llegada de la luz;
Al atardecer me uno a las aves para despedir a la luz.
Las planicies están decoradas con mis bellos colores, y el aire está impregnado de mi fragancia.
Cuando rodeo al Sueño los ojos de la noche me observan, y al despertarme miro el sol, ojo único del día.
Escancio rocío como si fuera vino, escucho las voces de las aves y bailo al rítmico vaivén de la hierba.
Soy el don del amante; soy la ira nupcial;
Soy el recuerdo de un instante de felicidad;
Soy el obsequio póstumo de los vivos a los muertos;
Soy una parte de la dicha y una parte de la tristeza.
Pero miro hacia arriba para ver solo la luz,
Y nunca hacia abajo para verla sombra.
Esta es la sabiduría que el hombre debe perseguir.
VISIÓN
Allá en medio de los campos, junto a un cristalino manantial, vi una jaula cuyo armazón y barrotes habían sido construidos por manos expertas. En un rincón yacía un pájaro muerto, y en otros dos cuencos: uno vacío de agua y el otro de alimento. Permanecí allí respetuosamente, como si el ave sin vida y el murmullo del agua fueran dignos del respeto y profundo silencio; algo digno de la contemplación y meditación del corazón y la conciencia. Me abandoné a la Meditación y pronto descubrí que la pobre criatura había muerto de sed junto a un manantial, y de hambre en medio de pródigos sembrados, cuna de la vida; como si un hombre rico estuviera encerrado en su jaula de oro, muriendo de hambre entre pilas de oro.
Entonces tuve ante mis ojos un esqueleto humano en vez de una jaula, y a un corazón humano, cuya sangrante herida profunda se asemejaba a los labios de una mujer afligida, en lugar de un pájaro muerto. Desde aquella herida surgió una voz que dijo: -Soy el corazón humano, prisionero de la materia y víctima de las leyes terrenales. «Estuve prisionero en la jaula de las leyes hechas por el hombre, junto al manantial de la vida, en el Divino territorio de la Belleza. «Perecí desdeñado en el centro de la maravillosa Creación porque no quise gozar de la libertad prodigada por la bondad de Dios. «Todo aquello que por ser bello me provoque amor y deseo es una desgracia, de acuerdo a las concepciones del hombre; todo aquello que anhele por ser divino no es nada, de acuerdo a su juicio.
«Soy el extraviado corazón humano, encadenado en el vil calabozo de los dictados humanos, sujetado atado con las cadenas de la autoridad terrena, muerto y olvidado por la risueña humanidad cuya lengua está atada y cuyos ojos están vacíos de lágrimas conspicuas. Escuché todas estas palabras, y las vi emerger como un hilo de sangre desde aquel corazón herido. Mucho más fue dicho, pero mis obnubilados ojos y mi ginúente alma ya no podían ver ni oír nada.
PDF DEL LIBRO: file:///D:/Users/Usuario/Downloads/Lagrimas_y_sonrisas-Khalil_Gibran.pdf

