Edvard Munch, pintor y grabador noruego, nació en Løten el 12 de diciembre de 1863. De pequeño perdió a su madre y a una hermana, su padre, médico militar, transmitía una religiosidad oprimente y fue un niño enfermizo que faltaba a la escuela y dibujaba en casa.
Estudió ingeniería destacando en ciencias puras, pero la abandonó por la pintura, formándose en la Real Escuela de Arte y Diseño. Participó en una primera exposición en 1883 y compartió un estudio con otros compañeros. Recibió el principal estímulo de Christian Krohg del círculo artístico Kristiana Bohème, trascendiendo rápidamente el naturalismo imperante. En París contactó los postimpresionistas Gauguin y Toulousse-Lautrec, y su amigo el poeta Emanuel Goldstein lo introdujo en el simbolismo.
En la década del 90 consolidó su estilo y creó sus obras más relevantes. Óleos, xilografías, aguafuertes y litografías, líneas definidas, disección del alma, revelación de la psique, angustia, miedo, desesperación y muerte, caracterizaron su obra. La emoción violenta, la expresión abierta de la sexualidad y una técnica calificada de inacabada, lo hicieron conocido en Alemania y más allá. “El grito” (1893), retrato de un ocaso rojo sangre que grita interminablemente y lo paraliza de miedo, es su obra más conocida. Pero el amor también se expresa en “El beso” (1897), la fusión de una pareja en uno solo, y en “Madonna” (1894-95) la rendición femenina. Más de 50 autorretratos manifiestan una necesidad de concretarse para saberse existente.
Tras un colapso nervioso (1908-09) su arte fue más positivo y nunca más recuperó la intensidad anterior. Su obra, simbolista y pionera del expresionismo alemán, y sus pertenencias, constituyen hoy el Museo Munch.
Recibió la Gran Cruz de San Olaf y la Medalla Goethe de Arte y Ciencia. Falleció en Oslo el 23 de enero de 1944.

