Con la velocidad con que se andaba en sus aventuras como corredor de fondo de alta competencia, en los años 80 y 90, Oscar González Barreto (Caracas, 1964) ha trasladado esa obediencia al mundo académico. El resultado ha sido el esperado, incluso más de lo esperado. Luego de egresar de la Universidad Central de Venezuela, en la escuela de Letras, en 1990 es aceptado en el Long Beach City College, California. Fue un salto considerable. Desde Caricuao, una urbe dentro de la urbe caraqueña, hasta los salones del mencionado instituto, y luego internarse entre el ramaje universitario en Western State Colorado University. Otro tipo de zancada, otro ritmo.
Pero hay más. Continuó acelerando y levantó una maestría, y al rato, un doctorado en Literatura Hispanoamericana y Estudios críticos y teóricos de cine en la Universidad de California, Irvine. El nexo de ambas expresiones, literatura y cine, ha sido un debate interminable por la cantidad de temas que aporta al receloso universo de la industria cultural. Observar muchas películas y analizar textos literarios, y luego, imbricar para distinguir y evaluar en pleno, podría perfilarse como un pasatiempo, pero hay que disponer de las herramientas y estudios necesarios para separar el verdadero oficio del hobby.
Con el conocimiento aprendido, González Barreto, enseñó castellano y cultura ibérica y latinoamericana en la Universidad de Yale (2004-1014), y luego avivó ese fuego al recibir un Research Assistant Fellowship de la Universidad de Columbia (2014-2017). En la actualidad es profesor asistente y coordinador de los programas de español y estudios de cine en St. Thomas Aquinas College, en Nueva York.
Su campo de investigación se focaliza entre la literatura, cine, estudios culturales y migración global. Es coautor del libro “Voces y cine en América Latina: El caso de Venezuela” (2011). Ha escritor tres piezas para teatro –sin duda, es un dramaturgo silencioso- y una de ellas, “Casa grande”, adaptación de la “Casa tomada”, de Cortázar, fue dirigida por el célebre actor y director colombiano, Germán Jaramillo y se estrenó en Bregamos Community Theater, New Haven, Connecticut, en junio de 2019. Forma parte del consejo directivo de I.D. Studio Theater, en Nueva York, y hace trabajo voluntario para WPKN (89.5FM Radio).
1-Lo que más te gusta de la vida y lo que menos.
La posibilidad de amar y compartir. Lo que menos me gusta es hacer daño intencionalmente en todo sentido. Somos aparentemente los únicos seres que ejercitan la maldad. La falta de humanidad es lo que menos me agrada. Eso significa, entre otros, actuar con alevosía.
2.-Sientes estar en el planeta apropiado, en pertenencia, como habitante.
Sí, aquí estoy. Me siento que pertenezco a este ambiente. No sé si es el planeta apropiado porque carezco de la experiencia de vivir en otro. Soy una persona sumamente descuidada. Vivo en otro mundo mental que en ocasiones llega a ser más interesante que este llamado real.
3.- ¿De nacer de nuevo te gustaría volver aquí?
Seguramente. No me imagino en otro lado, a menos que se me conceda el privilegio de tener memoria de este y me den a elegir otro. Como muchos niños de mi generación pos-Apolo 11, soñé ser astronauta y visitar otros planetas de nuestra galaxia, pero en todos los sueños volví aquí.
4.- ¿Crees haber escogido a tus padres, tus hermanos?
Nos tenemos a todos, inclusive ahora que los viejos no están físicamente. Llevé una relación extraordinaria con mi madre, y con el viejo, tuve momentos conflictivos, pero al final aprendimos a compartir el querer. Con mi hermano y hermanas mantengo una relación cercana. Nos tenemos uno al otro. Más allá de “elegirnos” somos una fuerza, una unidad.
5.- ¿Qué preservas de tu niño interno, asimismo, crees no haber madurado en algo?
Mi niño interno siempre está presente y se manifiesta de muchas formas. Por alguna razón mi familia cercana me llama “el niño”. Mi vida es un constante proceso de maduración, de crecimiento. Aunque me gustaría aprender a no sabotearme a mí mismo. Algunas lecciones se aprenden con mucho esfuerzo y dolor, y a veces siento que uno mismo se obstaculiza por falta de rigor o madurez.
6.- Entre la ocurrencia de un niño y la experiencia de un anciano, ¿qué te sensibiliza más?
Ambas me sensibilizan: la curiosidad, (sonrisa e inocencia de un niño); el consejo o cuento oral de un anciano.
7.- ¿Tienes alguna idea de dónde vienes y para dónde vas?
En el sentido holístico que lo expones, no tengo idea de mi origen ni hacia dónde voy. Muy rara vez me hago esa pregunta. Me encontraré con la muerte en algún momento. ¿Qué viene después de ese encuentro? ¡Habrá que esperar!
8.- ¿Crees eso de que hay que lograr la mejor versión de uno mismo?
¡Sí! Me considero cultivador del espíritu y del pensamiento: humanista por derecho propio. Lucho constantemente para dar lo mejor de mí. Debe ser por mi carácter competitivo que viene del atletismo. Para mí trabajar por el bien común, y la salud física y mental de uno mismo es imperativo.
9.- ¿Has tenido alguna experiencia que podrías sentir como esotérica, mística o extrasensorial?
¡Varias veces! Emprendí algunas aventuras esotéricas. Visité la montaña de Quibayo en Yaracuy, en otras oportunidades y lugares me leyeron las cartas, la mano y el tabaco. Jugué la Ouija de joven universitario y tomé cursos y leí varios libros sobre el Tarot. Lo más impresionante es tener la sensación de que alguien me protege siempre, en todo lugar. Es curioso, pero soy algo confiado con eso de la suerte o de la protección -como lo llamas- extrasensorial.
10.- ¿Algún sueño recurrente?
Aparte de ser soñador, mi experiencia onírica es rica. Hay sueños que vuelven transformados o con variantes, pero al final son parte de la misma historia. Uno de esos es verme en mi casa de la infancia. Era una casa grande de dos pisos y cuatro apartamentos. Tenía un pasillo largo que daba a una calle de tierra y en un recodo estaba el corral de las palomas. Enfrente de la casa estaba el basurero del barrio, ese terrenal inmundo la intercedía una enorme roca blancuzca que nunca supe cómo llegó allí. Solía treparla de niño con mi hermano menor. En ocasiones me veo encerrado en las paredes de esa casa, o correteando por el pasillo o por el campo de bolas criollas que estaba cerca de allí. También tengo pesadillas de cuando en cuando.
11.- ¿Guardas tomentos?
Hay asuntos del pasado que me molestan, pero no vivo atormentado por esos desaciertos. Hay imágenes y recuerdos que vuelven como fantasmas, pero he aprendido a enfrentarlos y a convivir con ellos.
12.- ¿Hay alguna oración, frase, mantra en tu acervo de fe interna?
Suelo persignarme cuando voy a emprender alguna actividad que requiera más concentración de la debida y sea de importancia. Lo hago también cuando temo de algo. Me invento mi propio rezo, a pesar de que no soy religioso ni voy a la iglesia. Uso algunas frases para darme ánimo y fuerza ante las adversidades y tengo mis citas preferidas de la literatura, el cine y otras artes. Hay frases literarias que funcionan como mantra en algunas fases de la vida.
13.- ¿Espiritualidad o religiosidad, o ni la una ni la otra?
Soy más espiritual que religioso, hacia el estilo zen, aunque este último no lo practique formalmente. Sin embargo, debo reconocer que tengo una percepción de la vida más cerca de la visión judeocristiana. El pensamiento, la fe y la moral cristianos formaron parte de mi educación. No la escogí yo. Pero está allí. Soy muy intuitivo y sensible, lo que me reconforta, aunque en ocasiones, sufro o preocupo demasiado.
14.- ¿Algún rito personal?
Solía seleccionar y conservar mi ropa de competencia cuidadosamente. Mis atuendos de correr eran preciados, como lo era el caballo para los caballeros andantes. Ahora uso cadenas y collares, aquí lo llaman de estilo étnico, pero no son amuletos. Siento que me dan un toque especial, de diferencia.
15.- ¿Amas amándote o por amarte es que amas?
Amo, simplemente.
16.- ¿Cómo te muestras o demuestras amor?
El amor propio puede ser un acto atrevido y peligroso. Somos una cultura narcisista. Procuro respetar mi voluntad. Darme un tiempo para mí mismo. Mi mejor demostración de amor es la solidaridad y fidelidad con el otro/la otra. Soy solidario. Cuido a mis amistades. Me preocupo por quienes estimo y amo.
17.- ¿Te ronda alguna tensión perfeccionista?
Claro, soy y he sido competitivo desde siempre. Aunque no creo en la perfección, persigo la eficiencia.
18.- ¿Te dice algo la palabra Dios?
Crecí entre familiares practicantes de la religión judea, católica, cristiana y la santería afrocaribeña. Mi abuela me llevaba al culto evangélico de niño y de grande acompañé a mi tío a varios de sus viajes a la Montaña Sorte. Fui miembro de un grupo religioso en la adolescencia. La palabra Dios ha estado siempre en mi vida, de una manera u otra. La contradicción es descreo de toda institución religiosa. En ese sentido soy agnóstico.
19.- ¿A qué te suena el karma?
Tiendo a asociarlo con “pena” y “carga”. Sé que puede ser una palabra positiva. En Sánscrito significa “acción” y entre sus interpretaciones está la mala acción que conlleva a ocasionar daños, algunas veces, irreparables. De allí el karma.
20.- ¿De qué manera celebras tus logros?
Hoy soy más tranquilo con eso de celebrar logros. Evito usar las redes sociales y mantengo bajo perfil. Así que ahora me da por compartir mis logros con seres queridos y amigos cercanos. Me gusta celebrar con vino del bueno y cerveza, escuchar música y prender una fogata.
21.- ¿Sientes libertad en ti?
Por un lado, soy libre para soñar y reconstruir y crear un imaginario a mi gusto de cualquier tiempo: presente, pasado, futuro. Por otro, soy académico y ello requiere de cautela en el uso del lenguaje y de ejercitar algunas costumbres. No es que me censure en la universidad, sino que no siempre se puede ser libre de decir lo que se siente y piense. Hay que saber callar. Quizás también esto último sea un acto de libertad.
22.- ¿Crees que el ocio salva o condena?
No lo llamaría “salvación” ni “condena”. La práctica del ocio es una necesidad humana. No hay una receta para administrarlo correctamente, pero puede llegar a hacer daño si permites que controle tu vida.
23.- ¿La ignorancia se cura?
La ignorancia no es una enfermedad sino una condición, y cómo toda condición hay maneras de tratarla. El despertar es una manera de romper la ignorancia. Ahora ¿cómo se produce ese “despertar”? Allí está el asunto. Como consuelo, te digo que el humanista busca formular preguntas y no respuestas. Una vez que tienes una respuesta, otras preguntas emergen. Así que todos experimentamos algo de ignorancia.
24.- ¿Felicidad, ¿qué es eso?
Asumo que es un momento de equilibrio entre nuestros sentidos y la naturaleza de las cosas, que produce una enorme sensación temporal de bienestar espiritual, físico y mental.
25.- ¿Has avistado algún líder, personaje, mentor que te atraiga por ahí?
No admiro a líderes políticos, si a eso refiere parte de la pregunta. Tengo muy presente a mi abuela paterna y a mi madre como seres influyentes en mi vida. Fueron mujeres de armas a tomar: corajudas, de una profunda bondad, espiritualidad y sabiduría popular, en conclusión, hermosas. De mentor he tenido a profesores, entrenadores, amigos, amigas, amantes y colegas. En ese sentido soy privilegiado. He encontrado mentores en el camino que me ayudaron a formar la persona que soy hoy.
26.- ¿Eres más paz o de más guerra interna?
Soy más de guerra interna. Me la paso firmando tratados de paz conmigo mismo. Como dije antes, tengo una tendencia hacia la competitividad, debido a mi naturaleza atlética. Pero no creo que esa tendencia afecte mi vida sobremanera. Disfruto mucho mi profesión, quiero a mis amigos/as y a mi familia. Me siento lleno de vida.

