Dentro de las diversas formas de expresión artística que tenemos como recurso, la literatura es especialmente una de las más fascinantes porque tiende puentes entre emociones, sentimientos y pensamientos que encuentran en las palabras un vehículo perfecto de expresión y comunicación.
El encanto radica en la producción que ejecuta el autor a partir del potencial infinito de las palabras como insumo, haciendo uso del recurso creativo de la imaginación para plasmar una mirada única e inédita de la realidad que busca ser explicada, contada, referida, reflejada; pareciera sin propósito, aunque siempre tiene uno, que es el motivador o detonante de lo que se narra.
Y es justamente el autor como observador de su mundo interior y exterior quien produce la sustancia que imprime el carácter y sello a las obras literarias, a partir de la apertura que hace de si mismo y que conjuga en el despliegue de ideas estructuradas que componen la narrativa, sus formas y matices.
Concretar ese universo interior en un texto que encontramos manifiesto en los libros, es un logro sin duda, en el que cada autor encuentra un canal por donde fluir para contar y contarse, preguntar y preguntarse, responder y responderse… en fin, un recurso del alma para expresarse.
Un referente de esta idea justamente lo ofreció Virginia Woolf al plantear en su obra Entre Actos, que “Los libros son los espejos del alma”, al punto que esta afirmación podemos tomarla más como una acertada comprensión que le otorga el adecuado valor a estos mundos que podemos recorrer en cada libro.
Es además un mecanismo que habilita un juego de espacio-tiempo tan fascinante que se logran eternizar instantes que buscamos para encontrarnos allí y reconocernos de muchas formas y en muchos personajes que simplemente nos esperan para entregarnos algo de nosotros mismos a modo de oráculos a los que recurrimos para buscar respuestas, si logramos develar su función de reciprocidad.
Con los libros no solo viajamos desde la imaginación, sino que es posible conectarnos con nuestro corazón y de una forma consciente, propiciarnos una constante reflexión que nos provee de herramientas evolutivas invaluables.
Si podemos aproximarnos a la literatura despojados del interés intelectual, o de un enfoque de entretenimiento o pasatiempo; y le permitimos al libro ser el portal por el cual atravesamos – como por un espejo- a otra dimensión en la que se despliegan múltiples escenarios para intercambio de realidades, con seguridad que cada lectura será transformadora.


Este artículo ha sido un agradable viaje q me atravesó inesperadamente. Seguro volveré a el por más. Gracias
Muy hermoso leer en auto observación estos estados del alma que bueno es Dios que nos da esos chispasos de luz de ver y sentir simultaneamente