Una de las aspiraciones más antiguas de la humanidad ha sido la de liberarnos de la ejecución de actividades pesadas, monótonas y repetitivas a las que estamos vinculados para garantizar nuestra existencia física en este planeta. Para ello hemos desarrollado, en un principio, todo tipo de relaciones de poder y dominación sobre los seres vivos que nos rodean con el fin de eximirnos de aquello que, según la Biblia, fue el castigo impuesto al hombre al ser expulsado del Jardín del Eden: «Te ganarás el pan con el sudor de tu frente hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado.» (Génesis 3-19)
No solo hemos domesticado o sometido a diferentes especies animales sino incluso a nuestros congéneres. Si bien las formas de explotación extremas del hombre por el hombre, como lo fue la esclavitud, casi han desaparecido, la sociedad moderna ha desarrollado sofisticadas formas de esclavizar a las masas para mantenerlas alejadas del verdadera propósito de la vida.
Aunque hemos inventado todo tipo de herramientas y maquinarias que nos han facilitado la producción de los alimentos, bienes y servicios necesarios para nuestra subsistencia, también hemos creado a la par más necesidades superfluas. Esto desde el punto de vista de la ley del karma, promulgada por el hinduismo y el budismo, ha generado un denso karma colectivo al crear nuevas formas de liberarnos del trabajo que generan nuevas necesidades y deseos que requieren mas trabajo.
Actualmente, la sociedad global apuesta a la creación de mecanismos autómatas o robots que nos liberarían de una vez por todas del castigo bíblico de tener que trabajar y así poder vivir plácida y relajadamente como en el Jardín del Edén. Al menos eso es lo que se promociona veladamente con las llamadas «ciudades inteligentes», como podría ser en un futuro no lejano el caso Dubhai, en los Emiratos Arabes.
La creación de mecanismos autómatas o robots, no es una idea nueva ni exclusiva del mundo globalizado actual. Varias historias de la mitología griega describen seres artificiales, mecánicos, con características de animales o humanoides capaces de actuar y hablar como el Buo mecánico de Atenea que asistía al heroe mitico Perseo o las «Doncellas de oro», creaciones del dios Hefesto, el herrero del Olimpo.
Una antigua leyenda china del siglo IV, d.c. describe un ser autómata fabricado por un legendario artesano, el maestro Yah Shi, el cual fue presentado al rey Mu de Zhou. Este robot era difícil de diferenciar de un ser humano y realizaba diversos trucos para entretener al rey y su corte.
En la India, una colección de escritos del siglo XI o XII d.c. cuenta la historia de un ejército de soldados autómatas (los bhuta vahana yanta o «máquinas de movimiento espiritual») que protegían una estupa secreta que contenía las reliquias del Buda.
Estas antiguas ideas se están haciendo realidad actualmente con el desarrollo de la inteligencia artificial. Esta consiste en súper computadoras que pueden procesar enormes cantidades de información en fracciones de segundo, programadas con algoritmos capaces de retroalimentarse de sus propias acciones y tomar decisiones no previstas por los programadores.
La posibilidad de que un mecanismo autómata actué en contra de los deseos de sus creadores ha sido una inquietud que viene de la mano de la misma idea. Según la leyenda china referida, el autómata presentado al Rey Mu desató su ira cuando comenzó por su cuenta a flirtear con las cortesanas del monarca el cual lo decomisó y ordenó desmantelar algunas de sus partes.
El futurista alemán Gerd Leonhard, en su libro «La tecnología contra la humanidad, el choque entre el hombre y la máquina», advierte que «la avalancha de cambios tecnológicos puede reformar la esencia de la humanidad y también todo aspecto de nuestro planeta», ya que «la tecnología no es lo que buscamos sino cómo lo buscamos».
Así que, si desarrollamos la robótica desde la ingnorancia, la codicia y el deseo lograremos enajenar definitivamente a la humanidad. Si por el contrario, si lo hacemos para liberarnos de toda forma de explotación del hombre por el hombre, garantizar nuestra existencia física y la de todos los seres vivos del planeta y desarrollar plenamente el potencial espiritual del ser humano, estaríamos el los albores de una nueva Edad de Oro.


Me surge una inquietud. ¿Realmente estamos sobre poblados o mal distribuidos? y si es afirmativa esta respuesta; ¿qué pasará con la población que actualmente tiene como único medio de subsistencia en el plano físico un empleo explotador del que será sustituida por máquinas? … a dónde irá y qué hará si no descubre que el tiempo que tendrá lo puede usar en su crecimiento espiritual… y ¿qué pasará con aquellas necesidades de subsistencia que dependen de ese ingreso monetario que genera su empleo explotador?,…
LLAMA.MI ATENCION ESTA INFORMACION QUE NOS PONE LOS PELIYOS DE PUNTA INIMAGINABLE SABER LAS CONSECIENCIAS DE LA TECNOLOGIA A FUTURO NO ESTA MAL USARLA PERO HAY Q USARLA ORGANICAMENTE