Las palabras y con ellas nuestra asombrosa capacidad de crear historias, han sido determinantes para que nuestra civilización alcance los niveles de desarrollo material que experimentamos actualmente. Es gracias a esta habilidad que la humanidad se ha consolidado en este plano físico, plano de dualidad, en un exuberante juego de recreación de esta ilusoria realidad que habitamos, o Maya, como se nombra desde el Sanatan Dharma.
Podemos decir que las palabras juegan un rol fundamental en sostener el encantador engaño que es Maya: gracias a ellas logramos creaciones maravillosas, pero a la vez elaboramos y sostenemos ficciones que nos distraen y alejan de la verdad que somos.
Discernir sobre lo que nos acerca y lo que nos distancia de nuestra propia verdad es entonces una habilidad valiosa para navegar estos planos. A propósito, Paramahansa Yogananda se refiere al valor de la introspección. La define como ese poder intuitivo por el cual la consciencia puede observar sus pensamientos, no desde la razón ni la emoción –sesgadas por el apego– sino sintiendo desde una clara y serena intuición.
Actuar en consonancia con nuestro sentir es actuar en coherencia con la verdad. Hay belleza en nuestro Ser. Más aún, nuestro Ser es la belleza misma. Se trata entonces de permitir que se manifieste, sintonizando desde el sentir, para permitir que brote a cada instante como una firme manifestación de la verdad que contenemos.
En ocasiones experimentamos algún tipo de tensión o incomodidad interior. Y en el frenesí del día a día tendemos a ignorar, negar o evadir dichas señales, que nos hablan de esos nudos que tenemos por disolver en nuestro interior, para que brille en plenitud nuestra propia luz, nuestra capacidad de amarnos a nosotros mismos.
En algún momento enfermé con síntomas y exámenes médicos que señalaban hipertiroidismo. En ese momento acudí a Mauricio, un médico acupunturista que por años ha acompañado de manera preventiva y amorosa la salud de varios parientes y amigos. Mientras me ayudaba a equilibrar la función tiroidea, me enseñó que esta se altera cuando existe una marcada incoherencia entre lo que sentimos y lo que pensamos y hacemos.
Mucho se ha escrito sobre cómo la enfermedad saca a la luz realidades que nos negamos o que escondemos sobre nosotros mismos. Nuestro cuerpo habla a cada instante de lo que somos, de la belleza de nuestro Ser.
La verdad se manifiesta cuando actuamos en consonancia con lo que sentimos, cuando nuestra mente se deja guiar por una auténtica y profunda intuición. Todo lo demás es engañarnos con palabras e ideas.
Y esa verdad es una y es la fuente misma de toda bondad y belleza: el amor. A propósito escribe Neale Donald Walsh en su libro Conversaciones con Dios: “Al nivel de la más alta verdad, el amor es todo lo que hay, todo lo que ha habido y todo lo que habrá. Cuando penetras en lo absoluto, penetras en el amor”.
Fuentes consultadas
Neale Donald Walsch. Conversaciones con Dios. Tomo 1.
Paramahansa Yogananda. El Yoga del Baghavad Gita.
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Que bonita redacción!
Un reflejo de la verdad