La historia de la tauromaquia permite un amplio estudio sobre la tolerancia y la crueldad. La palabra tauromaquia tiene origen griego y proviene de “taûros” (toro) y “machía” (lucha) y se define como “el arte de lidiar toros”. La sádica fascinación por el riesgo que se corre, siendo torero, en el caso de las corridas, y por otro lado, el sacrificio del toro, son aspectos que dan mucha tela por cortar en el ámbito psicológico.
Es cierto que, a pesar de estar completamente justificadas las acciones de los activistas en pro de los derechos de los animales que abogan por la prohibición del cruel sacrificio de estos bovinos, el sadismo de estas prácticas, que se realizan desde centenas de años atrás, ha disminuido en comparación a las que se hacían antiguamente, en tiempos del imperio romano, por ejemplo.
El renombrado psicoanalista austríaco Robert Waelder afirmó lo siguiente:
“El psicoanálisis, ciertamente, es consciente de la crueldad implícita en la pasión de las corridas de toros, pero las faenas son más que un espectáculo sádico. En la corrida de toros contrasta dramáticamente la furia incontrolada de la bestia con la fuerza del hombre originalmente mucho menor, pero superior por su control cerebral. David vence a Goliat”
Es obvia la dicotomía de lo humano contra lo animal y la divergencia entre la inteligencia en contrapartida del instinto, la vida y la muerte permanecen confrontadas en un espacio de lucha en el que sobrevive el más fuerte. También es obvia la necesidad del hombre de confrontarse a sí mismo, pero en su falta de claridad y su abismal ignorancia, acomete estas atroces acciones que involucran a seres que no tienen más opción que sucumbir ante la elección del ser humano que participa en estas fiestas taurinas; ser el espectáculo sangriento que satisface los instintos más bajos de la especie humana.
¿Hasta cuándo va a seguir padeciendo el alma animal las intemperancias del alma humana? La crueldad que se ciñe sobre estos nobles animales, considerados sagrados en otras latitudes del planeta, no tiene nombre.
Afortunadamente, un porcentaje de la población se ha sensibilizado ante lo que puede producir la mirada de un animal de esta especie, y a interpretar lo que esa mirada puede traducir como gesto de nobleza.
Un ejemplo de esto es la reciente aprobación de un proyecto de ley que prohibirá las corridas de toros en Colombia. Después de intensos debates, la Cámara de Representantes de Colombia aprobó este proyecto, con 93 votos a favor y 2 votos en contra, cuya moción pasará ahora a conciliación y sanción presidencial.
El esfuerzo de años de los defensores de los animales no ha sido en vano, pese a que este proyecto fue archivado no menos de 14 veces.
Es hora de que el ser humano que, desde una ignorancia de sí tan cruda, aún proyecta realidades como estas, pueda ver reflejada su propia bestia y domarla en su interior, sin utilizar a almas animales que están aquí por otro propósito, ajeno a la sed de violencia injertada en nuestra especie.
Si a ver vamos, siendo igualmente crudos, el escritor español Manuel Vincent parece haber acorralado, más que a la tradición, el impulso con esta afirmación: «Si las corridas de toros fueran arte, el canibalismo sería gastronomía».
Fuente:
https://www.camara.gov.co/se-prohibiran-las-corridas-de-toros-en-colombia
https://www.toroshopping.com/roma-y-gladiadores-los-origenes-de-la-tauromaquia
https://www.fundacionpfizer.org/sites/default/files/ars_medica_jun_2008_vol07_num02_140_psicologia_de_la_aficion_taurina.pdf

