Rogelio Fernández Güell, periodista, político, poeta y escritor costarricense, nació el 4 de mayo de 1883 en San José, en el seno de una familia acomodada, cuyo padre era el gobernador de San José y su tío Presidente de la República. Leyó ávidamente la biblioteca paterna, especialmente autores franceses, memorizó pasajes y aforismos de Don Quijote y a los 16 años se inició en la masonería.
A los 17 escribió en el diario El Tiempo, bajo pseudónimo, un artículo donde ridiculizaba a varios políticos. Así debutó la pluma luchadora de Fernández, adalid defensor de los valores democráticos y del bienestar ciudadano, y duro crítico de oligarcas, dictadores y de la pena de muerte que aplicaban los militares.
Se auto-exilió en España donde se casó, y luego se estableció en México, donde trabajó en el Observatorio Astronómico y ejerció como diplomático en los EEUU, hasta que se negó a renunciar a su nacionalidad para tomar la mexicana. En 1910 estalló la Revolución y se convirtió en su primer cronista: “Episodios de la Revolución Mexicana” (1915). En este período también escribió poemas y otros textos sobre ocultismo, espiritismo y teosofía.
Regresó a Costa Rica, fundó la Sociedad Teosófica, mostró su faceta mística y publicó un excepcional ensayo sobre el Génesis. Fue elegido diputado y su amigo, el presidente Federico Tinoco, lo nombró constituyente: se aprueba eliminar la pena de muerte, pero se rechaza el voto directo. Fernández, indignado, se retira de la asamblea y esgrime de nuevo su pluma combativa en El Imparcial. Tinoco lo traiciona, anula las garantías constitucionales, cierra El Imparcial y persigue a Fernández.
Éste cambia la pluma por las armas, lamentablemente con poquísimo apoyo. Recorre el país realizando acciones subversivas y huyendo, y al llegar cerca de la frontera con Panamá, fue emboscado y asesinado el 15 de marzo de 1918.

