El término Sociedad 5.0 fue introducido por el Primer Ministro japonés Shinzo Abe en la “Computer Fair CeBIT 2017” en Hannover, Alemania. Esta idea es presentada como el próximo nivel de desarrollo tecnológico de la humanidad en su épico recorrido desde las sociedades prehistóricas de cazadores, seguidas por las sociedades de agricultores, la revolución industrial y la actual, la de la información: la sociedad 4.0.
La sociedad 5.0 es promocionada como un colectivo súper inteligente, ideal, utópico, donde las tecnologías digitales, como la inteligencia artificial, el internet de las cosas y la robótica, lograrán una integración total entre el espacio virtual y el espacio físico. Se creará un corpus sustentable, con un sistema socio-económico inclusivo que garantizará la seguridad social para todos. La idea de fondo de los japoneses es que hay límites en lo que los seres humanos podemos hacer. En una sociedad que envejece, como la de ellos, cuando todo esté controlado por los sistemas autónomos, los habitantes podrán vivir una vida mejor, libre de preocupaciones. Dedicados al ocio.
Actualmente dos ciudades niponas, Aizuwakamatsu con una población de 118.000 habitantes y Arao, de 52.000 habitantes, se presentan como las pioneras en esta propuesta de impulsar un cambio social basado en la tecnología. Para ello se ha desarrollado un proyecto digital: “Plataforma de Ciudad Inteligente” la cual está recopilando información sobre los ciudadanos que voluntariamente se han unido a la iniciativa. Información que integra los consumos electrónicos, hábitos alimenticios, movilidad, la salud de los ciudadanos, servicios públicos, desempeño de los estudiantes, etc. Todo se registra en la plataforma bajo la promesa de optimizar los servicios públicos y garantizar la salud y el bienestar de los ciudadanos.
La forma en que se promociona a la sociedad 5.0 apela a la innata aspiración del ser humano: vivir en un contexto social luminoso, ideal. Esta visión de mundo ha llevado al hombre a crear toda clase de experimentos utópicos a lo largo de la historia. Muchos de esos ensayos han fracasado ante los intereses egoístas y las bajas pasiones de sus integrantes, quienes no han superado sus instintos de autodestrucción y dominio.
Una muestra, no promocionada, de hacia dónde pueden conducir estas iniciativas tecnológicas cuando se desvían del propósito del bienestar común, lo podemos ver hoy en día en las prácticas que se están llevando a cabo en la República Popular China orientadas a crear un estado de vigilancia y control de las mentes de sus ciudadanos. Sin el consentimiento general de ellos, el gobierno chino está recopilando datos sobre las actividades a través de una vasta red de recolección información obtenida con la participación de compañías públicas y privadas.
En ciudades como Beijing, el 100% del espacio urbano está bajo la constante observación de una red de cámaras de vigilancia equipada con la más avanzadas tecnología de reconocimiento facial y corporal capaz de identificar a una persona a más de 50 metros por su postura corporal o la forma de caminar. Para el 2020 se planearon instalar más de 450 millones de cámaras de vigilancia en China, con lo que se llegaría a un promedio aproximado de 1 cámara por cada 3/10 habitantes.
Ocho de las diez ciudades más vigiladas del planeta, están en China y aunque al igual que en otras urbes del mundo como Londres, New York o Dheli, está vigilancia digital ha contribuido a disminuir los niveles de delincuencia, también ha sido utilizada para espiar a ciudadanos comunes y reprimir a las poblaciones disidentes. Solamente en la turbulenta región de Xinjiang, donde habitan más de 10 grupos étnicos diferentes, la recolección de información y la utilización de cámaras de vigilancia ha facilitado el enviar a “centros de reeducación” a más de un millón de personas, que en numerosos casos fueron arrestadas, juzgadas y sentenciadas utilizando algoritmos basados en la información recopilada por las cámaras de seguridad.
Así que el advenimiento de la sociedad 5.0, si no viene acompañada de un real despertar de la conciencia espiritual del ser humano, lejos de satisfacer nuestra añoranza por un paraíso perdido, nos conducirá a la concreción de una pesadilla orwelliana.
Fuentes consultadas: https://es.euronews.com/2021/01/18/japon-trabaja-ya-en-la-sociedad-5-0 https://en.unesco.org/news/japan-pushing-ahead-society-50-overcome-chronic-social-challenges https://www.theatlantic.com/international/archive/2018/02/china-surveillance/552203/ https://time.com/5735411/china-surveillance-privacy-issues/


Muy valioso e interesante artículo. Es necesario estar alertas, esto es, con la atención muy desarrollada, para eludir la mala intencionalidad que haya en estos desarrollos tecnológicos. Sin embargo, hay algo muy importante a señalar: por más que se empeñen en poner al ser humano bajo su total control y dominio, llegando incluso a dominar su mente, hay una dimensión que nunca podrán controlar. Y esta es la dimensión espiritual, que por fortuna cada día se desarrolla más, por diversas escuelas, Necesitamos crecer espiritualmente, porque la verdadera transformación de la sociedad humana vendrá por la evolución espiritual.