Las desconexiones internas con nuestros procesos de alma más íntimos nos conducen sin excepción a trayectorias que concluyen con caidas y golpes casi mortales para la conciencia, y poco atentos estamos de los síntomas que alertan y son evidentes en nuestras conductas.
El principio del engaño es propio, asumiendo que todo se controla a la perfección y que nada puede salir mal, concediéndonos margenes para experimentar dosificadamente al arrojarnos a la falsa satisfacción que parecen brindarnos ciertas dinámicas cuando empezamos a mal elegir nuestras experiencias de vida.
Cada quien se da razones fundamentadas en los vacíos que contiene desde los que justifica decisiones para eximirse de la responsabilidad, siendo más insensato aquel que habiéndose conocido más, e incluso habiéndose amado más, se miente tanto que se pierde… se cae.
Esta entrega se inspira en un grandioso pasaje de la poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886) que de lo simple y profunda, abruma. Aunque lo exacto está ahí, sin más, precisando con una prosa metafórica las realidades que va encontrando en la experiencia y sirven como respuesta:
“Desmoronarse no es acto de un instante.
Una pausa fundamental.
Los procesos de la ruina
son decadencias organizadas.
Es primero una telaraña en el alma.
Una cutícula de polvo,
una larva en el eje,
un óxido elemental.
La ruina es formal, obra del demonio,
consecutiva, y lenta.
Fallar en un instante, nadie lo hizo.
Resbalar es la ley del colapso.
Los quiebres internos no son repentinos, comienzan con grietas por donde se filtran contenidos que no drenamos y que deterioran nuestra estructura del alma hasta quebrarnos habiendonos desconocido.
Esta progresión que la autora integra para sustentar que los declives van teniendo lugar en nosotros hasta que la estructura sede por descuido, demuestra la urgencia de revision interna que require honestidad para señalar donde hay deterioro y atenderlo sin demora.
Estando todos expuestos a estos sucesos dentro del juego de experimentación en el libre albedrío el asunto que apremia es la constante auto observación y atención a los desajustes del ego expresados en nuestras conductas.
Aunque facil es decirlo, lo desafiante es ejercer la maestría interna del Ser para sostenerse en la tormenta y avanzar aunque no haya claridad y visibilidad suficiente. Siempre hay faros en servicio que nos guían para no perder el rumbo, y si estamos atentos evitaremos chocar y deslizarnos en los abismos de la inconciencia.


Que Así Sea. 🙏
Gracias Gracias Gracias