Francisco Olmos | Sky Venezuela
Como en toda tormenta, los efectos destructivos apenas comienzan a ser percibidos en su magnitud cuando esta comienza a amainar, aunque muchas veces retome nuevamente su furia como parece estar sucediendo con la pandemia que nos azota. Unos de los impactos, tal vez el menos evidente en estos momentos, es el que esta afectando a los mas vulnerables de la sociedad en cualquiera de sus estratos sociales: los niños. Hoy día los niños no son considerados propiedad exclusiva de los padres como lo fue hasta hace un tiempo y la historia de los esfuerzos por revindicar sus derechos esta plagada de hechos dramáticos.
En 1874, en los Estados Unidos, una trabajadora social ante la impotencia de no conseguir ningún respaldo legal en los tribunales para denunciar y actuar contra unos padres que sometían a su hija a maltratos físicos tuvo que recurrir a la Sociedad Protectora de Animales. Argumentando que la niña pertenecía al reino animal y debería ser amparada por la ley que protegía a los animales contra la crueldad humana, logró que finalmente el caso fuera atendido por los tribunales y actuaran en contra de los padres[1]. Hace menos de un siglo que se concretó la idea de Los Derechos del Ñiño a nivel mundial con diversas iniciativas como la declaración de Ginebra en 1926, la declaración de los Derechos Humanos de 1948 y la declaración de Los Derechos del niño en 1959, estas dos últimas promulgadas por la ONU.

Un largo camino se ha recorrido en la reivindicación de los derechos de los niños, sin embargo, nuevamente nos encontramos ante una encrucijada que pone en evidencia la diferencia abismal, en algunos casos, entre lo deseado y la realidad. A pesar de que en las dos últimas décadas el porcentaje de niños obligados a trabajar disminuyo en casi un 40%, actualmente mas de 152 millones de niños se encuentran en esta condición[2]. Esta considerable disminución de la fuerza laboral infantil con todos los beneficios que implica para el desarrollo de los niños, está siendo amenazada por la crisis económica mundial generada por la pandemia la cual afecta con mayor crudeza a los estratos con menos recursos económicos en todos los países.
Ante la perdida de la fuente de ingresos económicos de los padres, o en el mas lamentable de los casos, de sus vidas, los niños en condiciones de vulnerabilidad social se verán forzados a incorporarse a la fuerza laboral para ayudar a sustentar a sus familias. Esta situación los expone a la explotación infantil laboral en condiciones de esclavitud, mendicidad y convertirse en blanco fácil de depredadores sexuales y del tráfico humano.
El cierre de las escuelas, según la Unesco ha dejado unos 1370 millones de niños[3] dependiendo de la educación online en una situación donde la gran mayoría de las instituciones educativas no están preparadas para ello y con más de la mitad de la población mundial sin acceso a internet[4]. Esto aunado en muchos casos al estrés que afecta a las familias producido por las situaciones de confinamiento y la ansiedad ante el futuro laboral y económico ha incidido en el aumento de la violencia familiar donde los niños son los más vulnerables con repercusiones a nivel psicológico a largo plazo aun no cuantificables. Ante este panorama es necesario que los gobiernos tomen medidas urgentes como las recomendadas por la Directora Joe Becker de la división de los Derechos del Niño del Observatorio de Los Derechos Humanos[5].
En contraste con el oscuro panorama descrito anteriormente, hay un sector de la sociedad más afortunado que también tiene que enfrentar sus propios retos a nivel familiar en relación con los niños. Como lo señaló el psicólogo y periodista venezolano Máximo Peña[6] se presentan oportunidades, de estrechar lazos familiares pues en muchos casos los padres ausentes por cuestiones de trabajo están trabajando desde casa lo que les ahorra horas de trasporte hacia sus oficinas que pueden ser reorientadas hacia la familia.
En estos casos recomienda a los padres diferentes estrategias para ayudar a los pequeños a liberar el estrés causado por el confinamiento y la supresión de sus relaciones con otros niños en donde el contacto físico, el juego entre ellos es fundamental para su desenvolvimiento psicológico y social. Dedicar mas tiempo a conversar con ellos, escucharlos atentamente, involucrarlos de forma divertida compartiendo actividades domésticas como cocinar que es algo que les encanta a los niños y que bajo la supervisión de los padres no debería representar ningún peligro.
Por último, señala Peña que, ante el sedentarismo y el aumento excesivo de horas de televisión, videos juegos etc. es importante implementar actividades físicas, juegos, deportes, ya que estas son fundamentales para el sano desenvolvimiento tanto físico como psicológico de los niños.
Fuentes consultadas
1 https://es.wikipedia.org/wiki/Derechos_del_niño
2 https://www.hrw.org/news/2020/06/12/covid-19-pandemic-threatens-progress-child-labor
3 https://en.unesco.org/news/137-billion-students-now-home-covid-19-school-closures-expand-ministers-scale-multimedia
4 https://www.hrw.org/es/news/2020/04/09/devastador-impacto-del-covid-19-para-ninos-y-ninas
5 https://www.hrw.org/news/2020/06/12/covid-19-pandemic-threatens-progress-child-labor
6 https://actualy.es/con-la-covid-la-sociedad-ha-dejado-a-los-ninos-en-segundo-plano/

