No existe pretensión inocente en el acto de recordar las insensateces del mundo contemporáneo. Sobre todo, cuando nos encaprichamos. No pocas de esas fechas, prolijamente exhibidas en algunos sitios web, dan fe de sus peculiaridades, de sus rasgos definitorios, de una engañosa necesidad de exhibir un patrón, que solo busca complacer a quienes están dispuesto a dejarse complacer. Así de sencillo es la comparsa de las efemérides, su eterno retorno anual, para enfatizar en una sospechosa conmemoración, que los hechos y las figuras valen lo mismo, aun cuando no valen lo mismo.
Lo importante de las efemérides es que son efímeras, duran 24 horas, como algunos insectos, aunque esa condición no le quita lo insólito, cuando no aberrante, de determinadas imposiciones sociales, de establecerse con derecho a tradición, a configurar legado a fuerza de repetirse en el tiempo. El mundo se inventa, crea, fecunda sus propias ficciones, y es amante de las conmemoraciones y celebraciones forzadas, pergeñando un tipo de culturas postizas.
«Días mundiales como el de la Gente Peculiar,
del Infiel, Día Mundial del Amante, del
Orgullo Zombie, Diversión en el Trabajo, el Día
Mundial del Bikini, el Día Mundial de la Alita de Pollo,
el Día Mundial de Hablar como un Pirata, del
Beso robado, etcétera, banalizan el real interés
de aquellos días trascendentes…»
Días mundiales como el de la Gente Peculiar, del Infiel, Día Mundial del Amante, del Orgullo Zombie, Diversión en el Trabajo, el Día Mundial del Bikini, el Día Mundial de la Alita de Pollo, el Día Mundial de Hablar como un Pirata, del Beso robado, etcétera, banalizan el real interés de aquellos días trascendentes, que sí han aportado memoria a la humanidad.
Hay que separar lo que es el memorial, el llamado de un tipo de tradición, la demanda de identidad, la huella que se instala en el imaginario, y se procesa con carácter pedagógico e histórico, del carrusel de las celebraciones que se lleva por delante a aquellos momentos y personajes de valía, de reconocidos méritos, que se pierden en la estepa de las innovaciones, subjetividades, y ociosidades, que son impertinentemente justificadas, con visión futurista.
Podrán decir que toda circunstancia de naturaleza colectiva o individual, tiene el derecho a alzarse con una propuesta de efemérides, pero no es precisamente el tiempo, en este caso, el que filtra el fenómeno. El mal gusto es también una formación que se institucionaliza. Al mundo siempre le encantó la idea de solemnizar las cosas, de elogiarlas, de dar una campanada a lo extraño para que se legitime como un valor culto, sin alteraciones. ¿Es un acto vacío y rutinario conmemorar las fechas patrias, digamos, en el ámbito escolar que es donde más crujen? No parece.
Conviene no perder de vista que no todos recordamos lo mismo ni lo recordamos de la misma manera. Aunque, esto no explica el surgimiento de algunos empeños en convertir un determinado impulso en una fecha trascendente. Es sensato afirmar que la evocación de una determinada fecha ofrece una excelente oportunidad para revisar la historia, debatir sus efectos, ratificar circunstancias, cultivar una noción del bien común, sobre todo cuando tiene esa cualidad de intervenir en procesos de formación.
Las efemérides tienen sus propios atributos, y eso no significa que no poseerlos no sea susceptible de un reconocimiento público. Cabría preguntarse ¿Cuál público? El Día Mundial de la Pereza, apostilla una forma que va en contra de las “buenas costumbres”, porque una cosa es promover ideales de libertad, otra, muy opuesta, impulsar acciones que desvaloran la integridad del hombre.
«Que acunemos los antivalores y comencemos
desde ya exaltar sus cualidades. En un momento
determinado, una persona asume el “derecho”
de ejercer su flojera, pero la acción no tendría
el por qué convalidar una efeméride…»
El diccionario de la Real Academia Española, nos indica en su primera acepción, que “perezoso” es negligente, descuidado o flojo en hacer lo que debe o necesita ejecutar. Con semejante descripción, el contexto no es un referente meritorio para una celebración, salvo que satiricemos el ejercicio de la vida. Que acunemos los antivalores y comencemos desde ya exaltar sus cualidades. En un momento determinado, una persona asume el “derecho” de ejercer su flojera, pero la acción no tendría el por qué convalidar una efeméride.
Los pedagogos e investigadores argentinos, Nicolás Arata y Gabriela Carnevale, en su libro “Efemérides. Una oportunidad para pensar la vida en común”, destacan que, recordar, interpretar, problematizar e imaginar podrían ser los verbos “que hilvanan una secuencia didáctica interesada en tratar los hechos del pasado por un espíritu crítico”. Fechas patrias más, fechas patrias menos, la cualidad de la efeméride está definida por un acervo. El ritual anual es una interpretación consciente de esa singularidad expresada en la fecha.
¿Y si todavía perseveran en su celebración? ¿La conjura de una contra otra? No. Todas quieren ser aclamadas. No sabemos exactamente el periodo cuando se disparó la manía de las conmemoraciones. Lo que sí es cierto, es que hay una dignidad que perdura en los aniversarios de arraigo, y esto tranquiliza a la razón.
FUENTES CONSULTADAS http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/profesorado/sitios_catedras/902_didactica_general/material/biblioteca_digital/nicolas_arata_efemerides.pdf https://www.suteba.org.ar/download/cuadernillo-n-1-72403.pdf


Interesante análisis sobre las efemérides, o mejor sería llamarlas conmemoraciones, muchas de las cuales, al explorar sus orígenes solo recuerdan sucesos a veces lamentables. Y los ejemplos abundan.
Esperemos celebrar el día de Samadhi!!!
me parecen tontísimas, vacuas y sin sentido casi todas las efémerides….