A un año de la invasión rusa a Ucrania –24 de febrero de 2022– aún no se perfila una solución a la absurda conflagración que, según la información suministrada por los analistas de las partes involucradas, a pesar de que se contradicen y se engañan mutuamente, podría haber causado hasta ahora la perdida de unas 400.000 vidas entre combatientes y civiles.
Si han muerto más personas de un bando o del otro, es irrelevante desde el punto de vista de la humanidad como experimento cósmico. El fracaso está en el desperdicio del privilegio de vivir, de las oportunidades que la vida ofrece a cada alma para la evolución, tanto de la conciencia individual como de la colectiva.
En su obra “El arte de la guerra” el general Sun Tzu, hace ya más de 2500 años, reflexionaba sobre la guerra explorando, más allá de las tácticas bélicas, la naturaleza humana en situaciones de violencia extrema. En esencia, lo que buscaba era comprender las raíces de los conflictos bélicos en aras de encontrar una solución. Uno de sus planteamientos más sagaces es que: «La mejor victoria es vencer sin combatir», y, por lo tanto, “esa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante».
Si algo ha demostrado el actual conflicto en Europa, además de todos los precedentes, es que los actores generalmente no son humanamente prudentes y les suele sobrar ignorancia sobre el orden cósmico, por lo que ambos bandos están muy lejos de alcanzar, cualquiera sea el desenlace de esta guerra, la mejor victoria posible, aquella de “vencer sin combatir”.
¿Y de qué se trata ese vencer sin combatir?
El primer ministro de la India, Nahendra Modi, en conversación con uno de los autores del conflicto, lo dejo muy claro, “esta nos es una época de guerras”. Ya la época donde al más fuerte se le justificaba el derecho de oprimir al más débil, donde los crímenes de guerra y la negación de los derechos humanos fundamentales era una normalidad aceptada agasapadamente y compartida kármicamente, ha de quedar atrás. Esta es una época de “vencer sin combatir” en ningún orden de la sociedad humana, ya sea el económico, político, militar, tecnológico, ideológico, espiritual, etc.
Y aquí la respuesta a la pregunta formulada anteriormente no es la diplomacia, como irónicamente la define el escritor norteamericano Dale Carnegie: “El arte de conseguir que los demás hagan con gusto lo que uno desea que hagan.” Lo cual sería simplemente una forma sofisticada de engaño o manipulación.
La resolución al dilema implícito en la pregunta, el de la combatividad humana, aquella que agrede o se defiende, por otro lado, el ansia de vencer, solo se puede resolver volcando la mirada hacia el interior como lo han hecho guerreros de antiguas culturas.
Según el chamán Yaki de la tradición Tolteca mesoamericana, citado por Carlos Castaneda en su obra “Las enseñanzas de Don Juan, “un guerrero, consciente del insondable misterio que lo rodea y consciente de su deber de tratar de descifrarlo, toma su legítimo lugar entre los misterios y él mismo se considera uno de ellos. Por consiguiente, para un guerrero el misterio de ser no tiene fin, aunque ser signifique ser una piedra o una hormiga o uno mismo. Esa es la humildad del guerrero. Uno es igual a todo”.
En el código de los Samuráis del siglo XVI, el cultivo de siete valores o virtudes, a saber la rectitud/justicia, el coraje, la benevolencia, la cortesía, la veracidad/sinceridad, el honor y lealtad, iban dirigidos hacia el dominio y conocimiento de sí mismo como una forma de vencerse antes de combatir
De forma similar, vemos como en el Bhagavad-Gita, Sri Krishna increpa a Arjuna a dominarse a sí mismo: “Controla tus sentidos, eliminando tus deseos impuros; pues son los destructores de la sabiduría y la visión espiritual. Enorme se dice ser el poder de los sentidos. Pero aún más poderosa que los sentidos es la mente. Y aún más poderosa que la mente es Buddhi, la razón. Pero aún más grande que la razón es el Espíritu, que habita en todos los hombres y en todo lo que existe. Conoce, pues a Aquel que está por encima de la razón, y deja que Su paz te dé paz. Sé un auténtico guerrero y mata el deseo, que es el más poderoso de los enemigos del alma. (Cap. 4, 41,42,43)
Como podemos ver tanto en las antiguas culturas mesoamericanas, como en las escuelas orientales de artes marciales y la tradición védica el verdadero logro de un guerrero es vencerse así mismo, pues solo así es posible vencer sin combatir.
Fuentes


Aun están con la visión del expansionismo y el poder. El AMOR Y LA COMPASION NO ESTA EN SU GENETICA
ES UN GRAN TEMA REFLEXIVO SOBRE EL AUTODOMINIO Y DEL PROPIO CONOCIMIENTO INTERNO DEL SER. SE COMPRENDE LOS POCOS VALORES QUE TIENEN PERSONAS QUE INTERPONEN SUS AMBICIONES Y SU EGOISMO PARA DEMOSTRAR QUE «PUEDEN» O SON SUPERIORES AL RESTO DEL MUNDO SI PENSAR EN LOS DAÑOS COLATRALES Y LAS CONSECUENCIAS CATASTRÓFICAS A LAS QUE CONLLEVA SU ACTITUD. SÓLO EL PENSAMIENTO ÚNICO Y EL VERDADERO AMOR A LA HUMANIDAD PODRÁ SALVAR AL HOMBRE DE SU PROPIA AUTODESTRUCCIÓN.