Otto von Bismarck, estadista, político y canciller alemán, nació el 1 de abril de 1815 en Schönhausen, en una familia terrateniente de la antigua nobleza alemana. En 1835 se graduó en Derecho a pesar de dedicarse a la vida estudiantil aventurera y licenciosa, y trabajó en los tribunales de Berlín, Aquisgrán y Potsdam. En 1838 renunció al servicio burocrático y se dedicó a sus propiedades agrícolas. Conocido como “el desenfrenado”, complementó la agricultura con lecturas de historia, filosofía y literatura.
Luego de casarse y entrar al Parlamento a los 32 años como aristócrata, archiconservador y de mente maquiavélica, descubrió su vocación: la política. Su devoción a Prusia y a Guillermo I impulsó su carrera. Fue representante ante Frankfurt, San Petesburgo y París hasta ser nombrado canciller-presidente en 1862, cuando pone en marcha su plan para reunificar los territorios de habla germánica.
Comenzó por reformar el ejército con impuestos recaudados de manera inconstitucional, a fin de librar tres guerras que permitirían recuperar dichos territorios. Mediante la Guerra de los Ducados (1864), y en alianza con Austria, arrebató Schleswig y Holstein a Dinamarca. Tras la Guerra contra Austria (1866) anexó Hannover y Hesse-Kassel, conformando la Confederación Alemana del Norte. Desvirtúa una circunstancia política con Francia y estalla la Guerra Franco-Prusiana (1870), Francia se debilita y los estados alemanes sureños se unen, constituyendo el nuevo Imperio Alemán y consolidándolo con alianzas diplomáticas.
Al interior fue autoritario de apariencia constitucional, intercambió aliados políticos según su conveniencia, impulsó la industrialización y minimizó la popularidad del socialismo creando el primer sistema de seguro médico nacional para trabajadores.
Sus desacuerdos con Guillermo II lo desgastaron hasta que se retiró y escribió sus memorias.
Murió en Friedrichsruh el 30 de julio de 1898.

