“Descubriste el secreto demasiado pronto, lloraste por la luna. Sigue brillando, tú, diamante loco.”
Gilmour & Waters
Cuando Syd Barrett falleció, su hermana se encontró con que en su cuenta bancaria reposaban más de dos millones de libras, intocadas, producto de las regalías que se habían ido acumulando durante años, gracias en parte a que sus excompañeros de Pink Floyd se ocuparon de eso, no obstante su mente (la de Barrett) ya hacía tiempo que no habitaba en la tierra -¿para qué entonces el dinero?- había despegado, para no volver, a los dominios astronómicos que reconoció, imaginó y en los que ¿se perdió?
Barret fue la semilla germinal, el núcleo primigenio, el huevo atómico y esencial que le dio la vida y el carácter a lo que luego sería la leyenda inmensa de Pink Floyd. Reconoció el camino más allá de lo terrestre, entre lo interdimensional y lo interestelar, caminos manifiestos en música, sonidos y letras que a su vez condujeron a Waters, Mason, Wright y Gilmour para que ellos mismos los recorrieran, de nuevo.
Barrett, desapegado a estas formas como estaba, se aventuró demasiado lejos y luego no pudo aterrizar otra vez. “Flotando hacia abajo, el sonido resuena. Alrededor de las aguas heladas bajo tierra. Júpiter y Saturno, Oberón, Miranda y Titania. Neptuno, Titán y las estrellas pueden asustar.” Astronomy Domine.
Como el flautista mágico, con sus melodías más que sugestivas, sonidos envolventes y letras conducentes, abrió portales entre los mundos, pariendo en su primer álbum: The Piper at the Gates of Dawn (el flautista en los portales del atardecer), bajo el nombre de Pink Floyd, nada menos, en homenaje a dos grandes del blues: Pink Anderson y Floyd Council.
Syd, el Diamante loco, como le nombraron luego, fue a la vez un bello y doloroso recuerdo para la familia de músicos compañeros. La experiencia de ver cómo su mente fue decayendo en disociación, delirio e irreversible psicosis, fue luego expresada, procesada y puesta de manifiesto en la música y letra que sus compañeros compondrían en un Pink Floyd que había perdido a su diamante.
«Wish You were Here», como canción y como álbum, es casi un deseo pedido al lucero para que regrese, para que nos acompañe aquí, en la tierra, en este cuerpo, en estas formas, ese lucero que ya voló a la luna, que ya no “…distingue entre un cielo azul y el dolor, ni entre una pradera verde y un frío riel de acero.”
Cuando tenía 16 años su padre murió, y a los 17, quiso ingresar a la Sociedad Teosófica, pero por su corta edad, no fue admitido. «… you reached for the secrets too soon, you cried for the moon. Shine on you crazy diamond”.
Para sus amigos de banda, los problemas que acarreaba Barrett, al tener una mente totalmente abierta, sin asidero en el cuerpo y en la tierra, se hicieron inmanejables. Inevitablemente, lamentables episodios durante presentaciones y sesiones de grabación obligaron a pensar en alternativas. Intentaron darle un lugar adaptado a su condición dentro de un nuevo esquema de Pind Floyd, donde el recién incorporado David Gilmour tocaría la guitarra, mientras Syd cantaba (lo que pudiera) y compusiera (también lo que pudiera). No dio resultado. Tomaron la decisión de seguir sin él, mientras grababan su segundo y alucinante álbum de estudio A Saucerful of Secrets (un disco volador lleno de secretos), con un último tema compuesto más por Syd el loco, que por Syd el diamante: “Jugband Blues» en la cual es directa y franca la ruptura interna a la que se había entregado:
«… No estoy aquí. No supe que la luna fuera tan grande, no supe que la luna fuera tan azul … no me importa si el sol no brilla, no me importa que nada sea mío… ¿y qué es exactamente un sueño? ¿Y qué es exactamente una broma?”
Barrett fue más que un sueño y mucho más que una broma. Vale acercarse a Pink Floyd más allá de sus monumentales éxitos, desde las reliquias que encierra la música, letra y mente de Barrett, sin quien nada de esta luz extraordinaria de música y conciencia que hoy conocemos como Pink Floyd, habría sido posible.
Fuentes consultadas:
https://www.sydbarrett.com
https://www.pinkfloyd.com
https://zoomf7.net/2023/08/10/syd-barrett-documental/


Excelente artículo. Amo Pink Floyd desde mi adolescencia. Tengo 56 años y los sigo escuchando. Gracias gracias gracias