Lorenzo de Roma, mártir y santo de la Iglesia católica, nació el 6 de diciembre de 225 en Huesca, Hispania, Imperio Romano, aunque no hay fuente antigua que lo confirme, pues el lugar de nacimiento se menciona en testimonios posteriores al siglo IX.
Cuando el papa Sixto II es nombrado, éste escoge a Lorenzo, un joven sacerdote imberbe, como el archidiácono de la ciudad encargado de la administración de los bienes de la Iglesia, por lo que es considerado el primer archivista y tesorero de la Iglesia, y del cuidado de los pobres.
El emperador Valeriano (253-260) proclamó un edicto de persecución de los cristianos a fin, según argumento del ministro de finanzas, de subsanar el déficit del Estado con sus posesiones: “… Los obispos, presbíteros y diáconos deben ser inmediatamente ejecutados … ”.
El primero fue Sixto II y días después el archidiácono Lorenzo fue aprehendido. Al exigírsele que entregara todos los bienes de la Iglesia, se le concedieron unos días. Una versión indica que los envió a su familia en Huesca para resguardarlos, según otra versión los habría enterrado en una colina de Roma y la versión más reiterada es que los distribuyó entre los pobres.
Lo que sí se asegura es que Lorenzo reunió a los pobres, enfermos y lisiados y los presentó diciendo que ellos eran el tesoro de la Iglesia. Lorenzo fue condenado y tras varios suplicios se le somete finalmente a la parrilla. La leyenda afirma que en medio del martirio, dijo: Assum est, inqüit, versa et manduca (asado está, parece, gíralo y cómelo).
Es el santo patrono de Roma después de Pedro y Pablo, de numerosas localidades de España e hipanoamérica, de los diáconos, los bibliotecarios, los cocineros y los bomberos, entre otras comunidades.
Falleció el 10 de agosto de 258 en Roma.

