Hadewijch de Amberes (siglo XIII), mística beguina flamenca, es una de las grandes voces femeninas del misticismo cristiano medieval, en su obra “El lenguaje del deseo”, compuesta por poemas visionarios y líricos, expresa una experiencia espiritual encarnada, profunda y apasionada. Hadewijch transforma el lenguaje del amor cortés en una vía para describir la relación entre el alma y Dios, donde el deseo no es negado ni temido, sino abrazado como una fuerza transformadora que guía hacia la unión mística. Para ella, el Amor —con mayúscula— no es un objeto que alcanzar, sino una presencia que habita el alma y la conduce a la fuente. En sus versos, el deseo se convierte en el fuego que purifica, en la espera ardiente y gozosa, en el anhelo que no se apaga.
El concilio de Vienne fue, pues, tan solo un paso más en esa triste historia, pero aparece también como metáfora siniestra de lo sucedido. Además de la condena de beguinas y begardos (a la que seguirá la de Olivi, Eckhart, hermanas y hermanos del Libre Espíritu), se decide la abolición de los templarios, estableciendo así, una vez más, ese mundo subterráneo en el que habrían de vivir en adelante, y hasta nuestros días, grupos y tradición es diversos, herejes y marginados, olvidados de la historia académica, y de este modo, sumando arrogancia a la injusticia, de nuevo condenados a la ocultación. En 1307 el rey de Francia había ordenado detener a los templarios y, procesados como herejes, fueron sometidos a tortura. En 1308, cincuenta y cuatro caballeros fueron quemados como reincidentes. Y si el mismo inquisidor que condenó al gran maestre templario condenaba a la hoguera, el 31 de mayo de 1310, a la beguina Margarita Porete, no es descabellado ver en ello algo más que casualidad; un poder se había sentido amenazado y su reacción fue terrible: la aniquilación de todo aquello que consideró amenazante.Se produce así la destrucción del imaginario medieval, y un inmenso vacío; es lo que se ha llamado «el fin de un mundo».
Aunque no tiene sentido establecer comparaciones y apreciaciones cualitativas, resulta evidente que Europa entra, en el siglo XIV, en una de las etapas más conflictivas de su historia. Ante las catástrofes que se suman ya no se duda en considerar que a finales del XHI y principios del XIV se produce «el fin de la civilización medieval». Jacques Le Goff no teme fijar una fecha, 1280, como fin de la Edad Media. Y Régine Pernoud, teniendo en cuenta el prejuicio oscurantista que acompaña a esa denominación, la reservará para los siglos XIV y XV. Pero no son solo los especialistas, pues las gentes de aquella época sintieron también que algo se había roto, y utilizarán el calificativo de «moderno» para referirse a los nuevos modos de su espiritualidad. En la segunda mitad del xiv nace la Devotio moderna.
A finales del XV y en el XVI la visión de la mujer austera, sometida a su marido y dedicada a la transmisión de los valores familiares, es común a muchos autores. Ignorando el espíritu cortés, sublimando la imagen de la mujeres en el culto a María, se conforma en la vida práctica el modelo de «la esposa» en el conjunto del ideal de orden, sumisión y trabajo. Las beguinas encarnan el mal: ociosas, perezosas, hipócritas, peligrosas, borrachas, de sensualidad excesiva y entregadas a los placeres de la carne66. Aparecen ya los valores del burgués laborioso y ordenado, del puritanismo austero, de la discreción y el trabajo como factor de estabilidad y de control social. A partir del siglo xvi no se hablará ya de las beguinas. Las sucederán, en el imaginario naciente, las brujas. Para la traducción ha tenido en cuenta las distintas versiones (citadas en bibliografía), compulsadas con la edición crítica de Van Mierlo ; he atendido especialmente a las observaciones de J. B. Porion , quizás el autor que ha mostrado mayor sensibilidad hacia Hadewijch y las beguinas.
I
Por frío que aún sea el invierno,
breves los días y las noches largas,
el altivo verano se acerca a grandes pasos
librándonos de la tristeza.
Al llegar la primavera
hacen los avellanos sus amentos:
no hay signo más fiel.
—Ay, vale, vale milites—
¡Vosotros que, en esta primavera,
—si dixero, non satis est*—
queréis gustar la dicha del Amor!
Las almas nobles
tendrán un pensamiento recto y puro
en toda justa que afrontan por Amor:
«Aquí la victoria me espera;
quiero vencer; que Dios me dé
lo que se encuentra en el único Amor.
Si tal es su deseo,
el desastre será mi honor».
—Ay, vale, vale millies—
¡Vosotros, que por am ar al Amor,
—si dixero, non satis est—
afrontáis con entereza la aventura!
¿Qué haré, pobre mujer que soy?
¿odiaré la fortuna?
¡Ay! ¡qué pena vivir me causa!
am ar no puedo, más tampoco dejar de amar.
El azar y el destino
me son por igual adversos:
- Refrán latino de saludo, de adiós, de bendición:
«Salud, salud, decirlo mil veces no bastaría».
¡abandonada de mí misma y de todos!
Qué ofensa a la naturaleza
—Ay, vale, vale millies—
¡Amigos míos, conmoveos
—si dixero, non satis est—
por aquella a la que Amor así hace llorar!
¡Ay! me prendé del Amor
nada más oír su nombre
y por entero me entregué a su voluntad.
Por eso me condenan todos,
amigos o extraños, jóvenes o viejos,
por servirle con todo mi ser;
en buena disposición con todos,
pido para ellos todo favor de Amor.
—Ay, vale, vale millies—
Amigos míos, no escatiméis esfuerzos,
—si dixero, non satis est—
si dura os parece mi suerte.
¡Ay! ¡pobre de mí! no puedo darme la vida,
tampoco la muerte.
Dulce Amor, ¿por qué
esas gentes quieren hacerme daño?
Que os dejen el cuidado
de castigar mis faltas:
vos me haréis justicia
y ellos no tendrán ningún daño.
—Ay, vale, vale millies—
No dais testimonio de amor, sino de odio,
—si dixero, non satis est—
quienes no dejáis que Amor actúe.
Examinan indiscretos mi alma,
mas ¿quién de ellos puede amar al Amor?
Más les valdría seguir el camino
que conduce hasta vos.
Pretenden ayudaros a guiarme
sin necesidad ninguna:
vos sabéis castigar o absolver
y someternos a la prueba de la verdad .
—Ay, vale, vale millies—
A m ig o s, tomad del partido de Dios ,
— si dixero, non satis est—
ya dispensé gracia o justicia.
¡Ah! consabiduría Salomón nos exhorta
A no escrutar los secretos
más allá de nuestras fuerzas,
y a no aventurarnos
en empresas que superen
nuestros débiles recursos,
sino a dejar que Amor
nos encadene o libere.
—Ay, vale, vale millies—
Vosotros que, hacia el secreto del A m o r,
— si dixero, non satis est—
Subís cada día un peldaño.
Ni míos son los pensamientos del hombre,
infinito es el poder de Dios.
Sólo es sabio el espíritu:
sea para él nuestra alabanza,
y que él dicte sentencia
de venganza o perdón.
No hay acto tan lejano
que escape a sus ojos.
—A y, vale, vale millies—
A lm as al A m o r ren d id as,
— si dixero, non satis est-—
que en todo agradáis a su mirada.
Que Dios nos dé el sentido nuevo*
de un amor más libre y noble.
Que nuestra vida, en él renovada,
reciba toda bendición.
Que el sabor nuevo aporte la vida nueva,
como la da Amor en su puro frescor.
Amor es recompensa nueva y poderosa
para quienes renuevan su vida en él.
—Ay, vale, vale milites—
Los que de nuevo queréis conocer
—si dixero, non satis est—
en la nueva primavera el nuevo Amor.
(Str. Ged. I)


Grandeza del espirtu infinito ,amor que no termina cuando la poesía se manifiesta con sentir de pureza divina sin medida,donde el mal no tiene espacio y con la poesía alcanza ha descifrar lo bueno para cortar la tristeza al alma.gracias gracias Gracias namasté con el alma.