Giuseppe Moscati, santo, médico, investigador científico y profesor universitario italiano, nació el 25 de julio de 1880 en Benevento, Campania, de asendencia aristocrática y padre magistrado. La familia se mudó a Nápoles y en 1892 cuidó de su hermano Alberto, de quien era muy cercano, por un traumatismo craneoencefálico sufrido durante el servicio militar, hecho que lo impulsó a estudiar medicina y a reflexionar sobre el poder consolador de la religión.
Tras obtener el doctorado con honores en 1903, Universidad de Nápoles, trabajó en el Hospital de los Incurables e ingresó como profesor de su alma mater. Se levantaba muy temprano, asistía a misa, visitaba los barrios pobres para asistir a algunos enfermos y entraba puntualmente a trabajar en el hospital, que llegó a administrar.
Como investigador, demostró habilidades para diagnosticar afecciones complementando los métodos tradicionales con la aplicación de la incipiente bioquímica, pero sobre todo tenía un enfoque holístico y un alma piadosa, y trataba a sus pacientes como personas, ofreciéndoles “la calidez de su humanidad y el testimonio de su fé”.
Atendía gratuitamente a los pobres y a algunos los despedía con la receta y 50 liras. Asimismo, se incorporó en situaciones extraordinarias como en la evacuación de un ancianato durante una erupción del Vesubio, atendió afectados de la epidemia de cólera (1911) y conformó un hospital en el que atendió unos 3.000 soldados durante la II Guerra Mundial.
Conocido como el “santo médico de Nápoles”, humanizó la práctica médica y sensibilizó a sus estudiantes. Un martes 12 de abril de 1927 volvió al consultorio después de almorzar y murió pacíficamente en su sillón. Su última morada, la Iglesia del Jesús Nuevo, se convirtió en lugar de veneración y peticiones de curación.
Tras la sanación de un niño con leucemia y otros milagros, Moscati fue beatificado por Pablo VI y canonizado por Juan Pablo II.

