La relación entre propósitos superiores de la existencia humana—la liberación (moksha) y la acción en Ley (dharma)—y aquellos que sirven de medios para posibilitarlos en estos planos—la prosperidad (artha)—ha sido profundamente distorsionada.
Una manera de explorar esta distorsión es a partir de considerar la distinción entre los modos existenciales del ser y del tener, y utilizarla para adentrarse en la confusión que ha creado la humanidad entre ellos. La confusión ha alcanzado tal grado que la indisputabilidad del axioma no se puede ser a través de tener resulta impotente ante el hipnotizante engaño colectivo.
En general, al detenernos frente a este axioma se reconoce su veracidad. Sin embargo, nuestros patrones de comportamiento están rendidos ante la ilusión. ¿Cómo dar cuenta de esta disociación? ¿Por qué somos incapaces de salir de la necia fórmula de perseguir en la materia lo que no puede hallarse en ella? ¿Por qué nos domina la irrefrenable carrera de la acumulación cruda y sin medida?
Desmontar internamente la confusión modal entre ser y tener requiere, como todo en el sendero interno, trabajo y práctica. A partir de allí, reconocer algunas de las coordenadas del patrón de control para así orientar el trabajo, resulta un punto de partida válido y útil. La confusión modal entre ser y tener es promovida sistemáticamente como estrategia de control. Sin embargo, su funcionamiento se dá a través de mecanismos cognitivos sutiles. Identificarlos evidencia el valor de las prácticas de concentración (dharana) y de su orientación consciente a través de la claridad de propósito para salir de la confusión.
La industria publicitaria es el escenario por excelencia para ilustrar los mecanismos de control a través de la confusión modal. Un ejemplo icónico es la campaña del hombre Marlboro: no vendía tabaco, sino supuestamente independencia, libertad y masculinidad. Aunque en apariencia absurda, esta estrategia logró transformar, en los años 50, una marca marginal en líder mundial.[i] El mecanismo funcionó justamente porque promovía la ilusión de que comprar no era un acto de consumo, sino de identidad. Este mismo modelo asociativo constituye hoy la base de la publicidad contemporánea: lo que se vende no son productos, sino la ilusión de ser algo, maduro, estéticamente agradable, alegre, etcétera.
¿Cómo pueden construcciones tan evidentemente falsas moldear nuestro comportamiento? ¿Por qué son efectivos los esfuerzos de confusión modal?
Y en principio, como sabemos, porque lo permitimos. Desde nuestros vacíos y temores nos entregamos a las quimeras sofistas individualmente, y reforzamos su poder manipulativo socialmente. Pero el mecanismo cognitivo, a través del cual lo hacemos, no es obvio. Un instinto inicial puede ser explicarnos este fenómeno a través de la mentira propia, entendiendo acá por mentira convencerme de que X es verdad cuando sé factualmente que X es mentira. Sin embargo, esto no tiene sentido, no es posible.[ii] Para seguir con nuestro ejemplo, si sé que fumar da cáncer no puedo cognitivamente convencerme de lo contrario.
Lo que sí podemos hacer es determinar dónde colocar nuestra atención. El mecanismo de la publicidad es mover nuestra atención hacia la figura del vaquero y hacernos ignorar el envenenamiento del producto. La construcción de la ilusión funciona así: nos vuelve indiferentes a la verdad. Aleja nuestra atención de lo que es relevante, de lo que realmente importa. Retórica y propaganda trabajan desplazando el centro de nuestra mirada, haciendo relevante lo accesorio y ocultando lo esencial. Y en la medida en que algo se vuelve más relevante para nosotros, más lo buscamos, hasta hiperconcentrarnos en lo aparente a expensas de lo real.[iii]
Desde este lente cognitivo, lo que surge es la comprensión de que el autoengaño no opera a través de la mentira, sino a través de la elección —consciente o inconsciente— de dónde colocamos nuestra atención y de qué consideramos relevante. Esta es una observación clave en un mundo que ha transitado a una economía de la atención y donde la atención se disocia de manera cada vez más sistemática de la verdad (pos-verdad).
En ese contexto, se realza el valor de la concentración (dharana) como práctica decisiva para enfrentar el control y de la claridad de propósito para orientar esa capacidad. Al entrenar la capacidad de sostener y orientar la atención, debilitamos el poder del (auto)engaño. Guíados por el propósito, podemos retomar la agencia en definir dónde coloco mi foco, de forma que verdad y relevancia operen juntas para permitirnos avanzar hacia la trascendencia. Cuando la atención se dirige por un propósito superior, la confusión modal se disipa y la distorsión del artha se corrige: el tener deja de ocupar el lugar del ser y recupera su condición de recurso evolutivo, no de fin.
Fuentes consultadas
[i] “An Unfiltered Oral History of the Marlboro Man”. MEL Magazine, 2020. https://melmagazine.com/en-us/story/an-unfiltered-oral-history-of-the-marlboro-man
[ii] Vervaecke, J. (s.f.) “Socrates and the Quest for Wisdom”. Awekening from the meaning crisis series. https://www.meaningcrisis.co/episode-4-socrates-and-the-quest-for-wisdom/
[iii] Frankfurt, H. “On Bullshit.” (1986). https://www2.csudh.edu/ccauthen/576f12/frankfurt__harry_-_on_bullshit.pdf


Excelente artículo!
Linda reflexión!!!!
Es rico no el que tiene mucho, sino el que es mucho.
La manera de hacer eso es ser….
Saludos
Es importante enfocarnos en el fin superior de Ser, gracias por recordarme el tener es solo un recurso evolutivo