“Yo sé del odio y de la envidia de vuestro corazón. No sois bastante grandes para no conocer odio y envidia.
¡Sed, pues, bastante grandes para no avergonzaros de ellos!”
De la guerra y el pueblo guerrero. Así habló Zaratustra.
Friedrich Nietzsche
Se dice que el Atma no se revela ante el individuo hasta que este se deshace de sus defectos o las máculas de su mente, con el fin último de poder reflejarse en ella. Pareciera que ese aspecto divino se encuentra oculto, incluso se puede percibir egoísta sobre su presencia, al no mostrarse ante nosotros, pero muchos textos antiguos explican que el Ser siempre está ante esos ojos que no distinguen lo invisible, hecho que podría describirse como si se tuviesen los ojos cerrados a lo que como divinidad contenemos, porque los defectos o máculas mencionados, no permiten divisar con mayor claridad.
Esos defectos son obstáculos en la mente del individuo que busca liberación, salir de maya o de la rueda del samsara y trabajar para remover dichos obstáculos y alcanzar o ser alcanzado por Âtma, sabiendo asimismo que no es ni cuerpo físico ni mente ni alma separada del Ser. Sin embargo, el meollo se crea en la integración de ese conocimiento, es decir, en la experiencia directa, que se ve obstruida por los defectos de la propia mente. Estos defectos han sido nombrados de distintas formas, en las diferentes vertientes de conocimiento y sabiduría dados a la humanidad.
Son llamados los hijos de Avidyâ o ausencia de conocimiento, lo que produce la carencia de visión del Ser. Patañjali, en los Yogasutras los llama kleshas o cinco causas de sufrimiento humano, determinados por Avidyâ o ignorancia. En la tradición Mahayana se les llama los tres venenos o las tres raíces malsanas, representados simbólicamente en la obra Bhavachakra, con el gallo, la serpiente y el cerdo. En el sijismo los llaman los Cinco Ladrones o cinco males o vicios, debilidades humanas que se diferencian de la esencia espiritual (también se les conoce como ladrones, en esta tradición, porque roban el sentido común inherente a la conciencia despierta). En el Sanatam Dharma, se les conoce como Arishadvarga o Shadripu, o los seis enemigos de la mente.
En este último, se consideran los principios fundamentales de Kali Yuga y son seis: lujuria o Kama, ira o Krodha, avaricia o Lobha, deseo o Moha, ego o Mada y envidia o Matsarya.
Esta última, Matsarya o envidia, la observamos como sentimiento de antipatía, incluso de repulsión producto del dolor interno que detona una compleja conducta hacia el otro. Un ejemplo podría ser el odio del hombre común hacia el hombre de genio. Y podríamos preguntarnos, ¿acaso, en términos espirituales, el hombre común y el otro no están al mismo nivel como para impactarse negativamente sobre ideas preconcebidas?
Y en este punto juega un papel preponderante la percepción de la realidad, así como la autopercepción. Estudiando las diferentes enseñanzas de sabiduría, podemos entender que Matsarya o envidia, así como cualquiera de los defectos o debilidades humanas, no es más que una rama, un tentáculo de un ente que opera detrás: el ego.
Así como los jefes de mafias necesitan brazos, músculos de acción, de la misma forma el ego necesita kleshas, shadripus o ladrones del sentido común y el discernimiento prístino. Los kleshas son los sicarios del ego, los que hacen el trabajo sucio para mantenerlo en el poder, dominando la mente.
Se necesita honestidad interna y valentía para reconocer el poder que estos defectos tienen en nuestra mente, que si no es controlada por el alma, es hecha prisionera de estos delincuentes, ligados estrechamente al ego (esa falsa creencia de un yo sólido y separado).
Los kleshas o shadripus tienen el potencial de causar daños inimaginables, más aún cuando a la conciencia fragmentada le es imposible unificarse. Sin embargo, desecharlos sería un error, porque la forma más inteligente de aniquilarlos realmente sería la escisión precisa y rigurosa para sacar de allí la sabiduría contenida, o lo que sería decir la trasmutación de los cinco kleshas en las cinco sabidurías representadas en Mahakala, el Protector del Dharma.
En canciones, oraciones o súplicas de Gotsangpa Gonpo Dorje o Gonpo Pal, un lama de la rama Drukpa de la escuela Kagyupa del budismo oral tibetano, encontramos lo siguiente:
“Lo que tu confusión toma por real no es más que la acción de las fuerzas negativas. Todo es tu propia mente, simple, no nacida, incesante. Sin ansiedad ni preocupación alguna no lo rehúyas, ya que demonios y dioses son básicamente puros”.
La envidia, asimismo, motoriza el espectáculo de la rabia individual, por lo que una revisión interna exhaustiva y oportuna, así como un trabajo profundo de disolución, pueden evitar la distorsión de la autopercepción y de los eventos externos.
Fuente:
https://www.lionsroar.com/the-wisdom-of-desire
https://en.wikipedia.org/wiki/Arishadvargas
https://www.hastinapura.org.ar/textos/mistica/india/las_grandes_sentencias.pdf


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