Karl Albiker, escultor y litógrafo alemán, nació el 16 de septiembre de 1878 en Ühlingen-Birkendorf, Selva Negra, en una familia que apreciaba el arte y lo apoyó cuando mostró sus cualidades. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Karlsruhe y continuó en la Academia Julian de París (1899-1900), en el taller de Antoine Bourdelle e, inclusive, con Auguste Rodin, quien ejerció gran influencia en él.
Trabajó con diferentes medios, siendo la escultura y el grabado aquellos en los que halló su mejor expresión. Profundizó sus estudios en Roma (1903-1905) y Florencia (1910), luego regresó y estableció su taller en Ettlingen. El reconocimiento aumentó y al consolidarse ocupó una prestigiosa cátedra en la Academia de Bellas Artes de Dresde, desarrollando una excelsa carrera docente (1919-1945).
Su obra refleja la estética del expresionismo y el realismo, con muchos detalles y capacidad de transmitir emociones. También se caracterizó por las figuras humanas idealizadas, perfectas y en posturas heroicas o de poder. Al coincidir sus formas artísticas con el período y la ideología nazi, recibió numerosos encargos.
Entre sus obras destacan los monumentales “Corredores de relevo” y “Lanzadores de disco” para el Complejo Deportivo del Reich en Berlín destinado a los Juegos Olímpicos de 1936, la “Minerva” (1931) de la Nueva Universidad de Heidelberg y “El soldado caído” (1926) de Greizer Park. También realizó piezas religiosas para iglesias, bajorrelieves para edificios públicos, trabajó la Porcelana de Meissen, diseñó medallas y medallones y generó una importante producción litográfica que significó su expansión artística y la diversificación de su obra.
En 1947 regresó a su tierra natal y constituyó la Fundación Karl Albiker para la preservación de su obra y de su colección personal de arte, gran parte de la cual se puede admirar en el Museo Ettlingen.
Falleció el 26 de febrero de 1961 en Ettlingen.

