La sensación de estancamiento suele producirnos ansiedad hacia lo que no es seguro que termine sucediendo en un futuro, ya sea este próximo o lejano; simplemente lo asumimos como algo incierto y percibimos que nos encontramos dirigiéndonos al encuentro de otro presente que no alcanzamos aún, al que le apostamos con la idea de algo que puede cambiar en el entre tanto.
Lo que estimábamos podrían ser meses se pueden tornar años respecto algún proceso que abrimos al tomar ciertas decisiones iniciando recorridos sobre los cuales desconocemos qué desvíos tomarán, qué puentes cruzaremos o que laberintos nos esperan para desafiarnos y sumarnos algún retraso.
Y cabe preguntarnos entonces acerca de la actitud correcta ante esos tiempos y espacios prolongados donde presente y futuro se tocan tenuemente o solo se vislumbran sin suficientes certezas los sitios de llegada donde nos conectan los vectores lanzados al elegir sobre nuevos rumbos.
Podríamos encontrar algún recurso en la forma como el destacado escritor y crítico literario Maurice Blanchot se pronuncia sobre estos intervalos de vida con una pregunta y respuesta conexas: ¿Está sucediendo? No, no está sucediendo. Y sin embargo hay algo que está por venir. En la espera cualquier llegada contiene y abandona.
El tiempo de la espera no es algo que nos agrade y menos la idea de no saber cuánto tardará. Esto refleja vacíos respecto al sentido de proceso inherente a la creación la cual abarca desde la gestación de la vida en cualquiera de sus expresiones hasta la más sofisticada obra de arte o la conformación de una galaxia. Todo conlleva procesos con sus respectivas etapas para llegar a maravillosas resultantes.
Somos parte de una constante evolutiva que no cesa, que se recrea y transforma expansivamente. Siendo la gradualidad una característica que evidencia progresión, desarrollo de algo que deja de ser lo que era al inicio y se convierte siempre en algo diferente.
Quizás con menos exigencia y control hacia los tiempos de vida que precisamos transitar, alcanzaríamos un estado sosegado desde el cual los tránsitos se logren experimentar con la liviandad y entrega que nos permitan abrazar el por venir que nosotros mismos creamos con cada elección presente que nos trae nuevos futuros.
Puede ser solo cuestión de perspectiva si el tiempo, lugar y movimiento se relativizan porque aquello que esperamos esté sucediendo, conduciéndonos “hacia” de repente trate más de lo que hacia nosotros está viniendo “desde” como efecto de la causa; ante lo cual aceptar el lapso de espera que corresponda con cada experiencia configura la actitud para abrazar el porvenir en gratitud como el presente que es.


la aceptación y la paciencia, dos actitudes que son básicas cuando el futuro se hace muy incierto,
asumirlas y cultivarlas es un proceso al igual que aprender a vivir en el presente, muy buen escrito!!!