A 150 kilómetros de Nueva Delhi, siguiendo el cauce del río Yamuna en dirección hacia donde millones de turistas afluyen cada año en búsqueda del icónico Taj Mahal, se encuentran las poblaciones de Mathura y Vrindavan. Relata el Srimad Bhagavatam que en esa zona nació y pasó sus primeros años el señor Krishna. Sus padres, Devaki y Vasudeva, fueron encarcelados en la ciudad de Mathura por su tío, el tiránico rey Kamsa. Una profecía le había advertido que el octavo hijo de Devaki sería la causa de su muerte, por lo que los encerró para matar a cada uno de sus hijos al momento de nacer.
Cuando Krishna nació a medianoche, de manera misteriosa los guardias de la prisión se quedaron dormidos, las cadenas se rompieron y las puertas se abrieron de par en par. Su padre llevó al recién nacido a la aldea de Gokula para que fuera criado como el hijo de Nanda y Yashoda. Fue un niño travieso, famoso por robar mantequilla y yogur. Realizó hazañas increíbles, derrotando sin esfuerzo a numerosos demonios enviados por Kamsa para matarlo.
Entre los episodios de su juventud hay uno que resplandece por su fuerza simbólica: los habitantes de una aldea cercana a Vrindavan se disponían a rendir culto al dios Indra para asegurar que el cielo irrigara los campos. Krishna les cuestionó: «¿Qué poder posee realmente Indra? ¡Mucho más poderoso es nuestro propio monte Govardhan! Gracias a él tenemos lluvias; deberíamos adorar a Govardhan en lugar de a Indra.» El pueblo obedeció. Indra, irritado, desató tormentas y diluvios. Entonces Krishna levantó la montaña con el dedo meñique y la sostuvo por siete días como un paraguas, dando refugio a hombres, mujeres y animales.
A propósito de este episodio, el filósofo Indio Prashant Tripathi explica: Indra aquí es la personificación de la ilusión y la superstición. Más que acudir a un dios lejano, proyectado por la imaginación, el genuino ejercicio espiritual empieza por observar y honrar la realidad concreta que tenemos delante. Govardhan representa los hechos tangibles: la montaña visible en indispensable. El gesto de Krishna nos invita a pasar de la imaginación a la realidad.
La imaginación surge del ego y como tal es incompleta, insaciable. Los hechos, en cambio, nacen de la verdad: son enteros, plenos, no necesitan adornos. Cuando forzamos la realidad para que encaje en nuestros deseos, caemos en la trampa de Indra: convertimos lo que es en lo que quisiéramos que fuera, y nos distanciamos de la verdad que se desnuda ante nuestros ojos. Según este episodio, adorar a Indra es vivir atrapados en las proyecciones mentales. Adorar a Govardhan es honrar lo que efectivamente nos sostiene.
El sustento de la espiritualidad no es el ensueño, sino rendirse a lo que es. Espiritualidad no es escapar del mundo, sino mirarlo de frente, sin distorsión, y reconocer en él la huella de lo trascendente. Por eso Krishna invitó a los aldeanos a que, más que adorar un concepto, vieran lo evidente, la montaña que protege, la naturaleza que alimenta, la tierra que sostiene. Quien sabe inclinarse ante los hechos, se inclina ante la verdad.
¿Qué significa esto para nosotros? El camino hacia lo trascendente pasa por reconciliarnos con lo inmediato: el aire que respiramos, el alimento que nos nutre, la luz del día que nos despierta, las personas que nos rodean, todo eso es Govardhan. Si no somos capaces de reconocer ahí el milagro, ¿qué sentido tiene buscarlo en abstracciones? Nuestra devoción no debería ir hacia las ficciones del deseo, sino hacia lo concreto que tenemos delante.
Explica Prashant que la furia de Indra, el cielo volviéndose contra los aldeanos, nos recuerda que la transición hacia la verdad despierta resistencia. Así ocurre también en nosotros: cuando intentamos dejar a un lado las ilusiones, la mente se rebela. El ego no tolera ser desplazado de su trono. Entonces arrecian las tormentas internas: miedo, duda, nostalgia de viejas seguridades. La enseñanza de Krishna es clara: ante esa tormenta, evitemos buscar refugio en nuevas imaginaciones, busquemos amparo en los hechos.
Y tal como evoca la imagen de Krishna sosteniendo la montaña con su dedo, honrar los hechos es quizá el mejor camino para acceder a la verdad que subyace a la existencia, representada aquí por Krishna.
Acceder a lo sagrado desde lo cotidiano.
Fuentes consultadas:
● Acharya Prashant. (Donde está Govardhan, ahí está Krishna (acharyaprashant.org)
● How Did the Prophecy of Shree Krishna’s Birth Shake a Mighty King? (jkyog.org)
● Srimad Bhagavatam, Canto 10 (vedabase.io)


Muy buen artículo lo felicito
El criterio de la verdad son los hechos en la práctica diaria gracias ONS
hermoso …no sabía de Krishna…solo el nombre por los Hare Krishna y la música que tocan