Ser o no ser, ¿qué contestaría la IA? En la era en la que parecería haber la mayor libertad vivida, dentro de la historia humana – donde el hombre medio, en su cotidianidad, no está afligido por la dura labor al servicio de un amo feudal ni intenta evadir las acusaciones de herejía de un vecino molesto durante la Santa Inquisición- el individuo liberado, pasa un buen porcentaje de su tiempo, scroleando, viendo que refleja la virtualidad de los demás.
Que la tecnología, y en particular las redes sociales, inviertan sus algoritmos en el intento de persuadirnos a elegir un estilo de vida y a consumir, es un hecho sabido y aceptado, pero aún conociendo el riesgo, lo asumimos. Como el fumador mira y lee la advertencia impresa en la cajita de cigarrillos, antes de ignorarla, de la misma forma ignoramos nuestra parte más prudente y optimista, y elegimos ausentar nuestra mente en ese invento que estira de forma desapercibida 3 segundos en una hora.
Y no pretendo teorizar sobre el porqué de nuestro conformismo, si sea por escapismo o por curiosidad, o porque nos sentimos inmunes a la mal disimulada manipulación. Y, de cualquier forma, ¿Qué importa? ¿Qué importa si durante el día hago lo que tengo que hacer, y antes de dormir paso cinco minutos viendo reels o tik-toks? ¿O una hora? ¿Cuál es el problema si ayer mencioné necesitar un bolso y hoy me aparecen publicidades de bolsos?
Después de todo, así me ahorro la dificultad de buscar. Y ¿qué más grave consecuencia puede traer elegir ir a dormir con una divertida y personalizada hipnopedia, y despertar alcanzando la mano hacia nuestra dosis matutina de hipnopedia? Pero, a diferencia de la distopía de Huxley, nadie nos coloca esa voz abrumadora de forma obligada. Lo hacemos solitos.
Por otro lado, el consumismo nos ha llevado a surfear la ola infinita de deseos seguidos por su rápido cumplimiento, ¡más rápido que nunca! ¿Cuál faraón podía ordenar que se le trajesen unos aretes en dos días laborales (si ordenas entre dos horas) con un carrier Amazon Prime?
Siguiendo al pie de la letra el plan de Un Mundo Feliz: “El sentimiento acecha en ese intervalo de tiempo entre el deseo y su consumación” y sigue:
-Muchachos afortunados! —dijo el Interventor—. No se han escatimado esfuerzos para facilitarles a ustedes la vida emocional, para preservarles, en la medida de lo posible, de tener emociones en absoluto.
Y afortunados nos sentimos. Después de todo, ¿Quién quiere vivir el dolor? ¿Quien reclama el derecho a sentir el tedio? Y la barra de lo difícil va moviéndose, y con la IA el movimiento se acelera, hasta que se hace difícil pensar.
Este fin de semana, por ejemplo, en Italia, va a tener lugar una votación para un referéndum constitucional. El tema de la votación, es un casi tecnicismo sobre los aparatos judiciales, temas complicados, para expertos, pero la votación podría tener efectos grandes, y graves.
Entonces, para el italiano medio, llega el momento de elegir votar, y por ende elegir qué votar, y elegir cómo informarse de las razones para votar una cosa o la otra. Y para la persona media, eso suena a trabajo sobre trabajo sobre trabajo. Ah, pero existe una vía más rápida: ‘ChatGPT. Hazme una lista de las razones para votar sí; y una lista de las razones para votar no. Luego hazme una lista de las posibles consecuencias de un resultado o del otro. Y, si queremos ser optimistas, cita las fuentes.
Con el tiempo, el uso, y volcar nuestros contenidos a esa inteligencia, la pregunta puede volverse más corta. Y la frase se vuelve: “ChatGPT, en base a lo que conoces de mí, de las conversaciones que hemos tenido; ¿cómo crees que votaría yo? ¿sí o no?’.
Estamos externalizando la consciencia. No es un problema de las nuevas generaciones. No son más flojas ni más pasivas ni más escapistas que nosotros durante los siglos pasados. Kierkegaard decía: “La angustia es el vértigo de la libertad». El príncipe Hamlet se retuerce en la ansiedad de decidir si actuar o no. Un Mundo Feliz fue publicado en el 1932.
Entonces, el concepto no es nuevo, el medio sí. Y ahora, como entonces, combaten nuestras dualidades, la parte de nosotros que quiere aniquilar al individuo fundiéndose en la masa durmiente y desensibilizada. O, la chispa que quema con su propia autoinvocación.
O, podría ser nuestro propio Hamlet interno, que no se decide a Ser o no Ser.
Fuentes:
El concepto de la angustia – Søren Kierkegaard
Un mundo feliz (Brave New World) – Aldous Huxley


El algoritmo es nuestro SOMA en cierta manera, hipnotiza y caes en un mundo artificial a través de las redes si no se saben administrar apropiadamente