El tiempo es una de esas paradojas inefables que han encontrado en la expresión musical una forma viva, más que conceptual, experiencia vibracional en la búsqueda del significado. La banda sonora de la película Interstellar de Han Zimmer y Saturno: el portador de la vejez de Gustav Holst, aportan dos visiones contratantes, complementarias y a sus propios modos, referentes a lo que experimentamos con el tiempo: una dualidad que nos ubica en el juego de la condena opresiva por las acciones ególatras o la liberación causal por la acción consciente.
En Interstellar, en la escena del Planeta de Miller, el tiempo se representa de lo musical como una fuerza opresiva, en donde cada instante marca la inevitabilidad de consecuencias devastadoras. El incesante “tic” de un reloj que soporta toda la estructura de continuas capas de oleaje sonoro, marca en el cuerpo una experiencia de presión y sufrimiento psicológico, al saber que cada instante equivale a un periodo de tiempo mucho más largo en otro espacio-tiempo.
Musicalmente, las sucesivas capas de textura sonora, análogas a la acumulación de un oleaje descomunal, crean un sentido de urgencia que aumenta progresivamente, sin atisbo alguno de resolución. Este recurso aditivo crea una especie de sentido del tiempo cerrado sobre sí mismo.
En la cosmología védica, Shani (asociado al planeta Saturno), no es un símbolo de infortunio, como a veces se interpreta superficialmente, sino una fuerza que expresa la más pura ley cósmica del orden y la verdad. La intuición musical de Holst parece resonar con el arquetipo que Shani contiene: el del tiempo como disciplina, límite, aceptación y, finalmente, sabiduría. Así como Shani representa el karma en acción, la pieza de Holst marca lo inexorable de su paso lento, su avance potente y su mirada penetrante: aquella que revela la verdad, sin contemplar atenuantes ni embellecimientos fatuos. Saturno, la música, evoca los inevitables pasos a modo de una marcha ritual.
El clímax se eleva con dignidad y un sentimiento de temor trascendente, hasta revelar lo ineludible: la mirada-rayo de Shani se posa sobre el discípulo para conducirlo por el camino de la rectitud (vaktra drishti). Las ilusiones caen, las estructuras superficiales se desmoronan y lo que queda es lo esencial. Aquí, la música de Holst canaliza la energía de la desnudez del alma, hacia su propio reconocimiento y entrega al vacío.
Modulaciones y cambios en la textura, llevan al oyente a un espacio de transmutación existencial, una especie de alquimia de conciencia, que eleva hacia lo luminoso y liberador. Este punto es clave para comprender a Shani dentro de la música de Holst: cuando se acepta la lección revelada por su mirada, cuando vivimos con disciplina, rectitud y verdad, su influencia deja de ser opresiva y se convierte en estabilidad y paz interior: sonrisa de Shani y su mirada más dulce.
No se trata de escapar del tiempo sino de alinear las acciones con el propósito claro de trascendencia.
Desde una perspectiva en busca del sentido, estas músicas pueden experimentarse como dos momentos de una misma experiencia humana. Por un lado, la creencia de ser perseguidos por el tiempo, en donde sentimos que nunca nada es suficiente y que debemos únicamente sobrevivir. La otra perspectiva nos habla de un tiempo que se revela como aliado que da sentido a lo vivido, permitiendo ver, aceptar y finalmente, liberar.
Fuentes consultadas:
https://nofilmschool.com/interstellar-music-timed-to-physics
Playlist recomendada: https://open.spotify.com/playlist/3TXUTuNXSdELJA0JYOgTm9?si=90d02e8a81e2482d(además de las música mencionadas en la columna, contiene también piezas atmosféricas y atemporales de G. Ligeti, H. Gorecki y M. Richter).


Gracias por esta experiencia. La lectura y escucha del playlist me llevaron hacia episodios de un breve pasaje por el Shani Mahadmya: la historia del Rey Vikramaditya hasta su transformación y el conmovido reencuentro. El cierre con Hans Zimmer se sintió como un recordatorio de todo; la grandeza de Shani.
❤️