“La curiosidad es una de las formas permanentes y ciertas de la lujuria.”
Aldous Huxley
Como siempre, la ola ahora consiste en “desclasificar” algo, alguien, algún hecho sobre alguien o a alguien sobre algo. Una totalidad fragmentaria de asuntos supuestamente ocultos, apenas comprendidos, apenas digeridos. El viejo estigma humano de lo secreto convertido en tendencia rentable, diseñado para irrumpir en las entrañas que rumian temores, deseos y vacíos. Todo puesto al servicio del mercado de la atención. Y frente a eso, una sola urgencia: autoconocimiento.
Si la verdad es que percibimos el mundo desde nuestra propia estructura interior —filtros, patrones, pulsiones, memorias y contenidos inconscientes-entonces la tarea esencial consiste en conocer aquello desde donde miramos. La psicología cognitiva sostiene que la percepción no registra la realidad de manera objetiva, sino que la construye a partir de esquemas internos condicionados por experiencia, temor, deseo y aprendizaje. Dos personas pueden vivir un mismo hecho y habitar versiones radicalmente distintas de lo ocurrido.
Es urgente afinar el criterio, el carácter y la percepción interna, para que, la realidad que construimos, parta de una conciencia propia y no del reflejo inducido por la ansiedad colectiva. Cuando Carl Jung expresó: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, dirigirá tu vida y lo llamarás destino”, quizá ni se imaginó hasta dónde extremaríamos la comprensión de esa determinante. Ni tampoco Anais Nin, desde su construida divinidad, y quien tuvo coqueteos desde el sexo como un camino para el autoconocimiento y la liberación, cuando se autosentenció diciendo: “No vemos las cosas como son, sino como somos”.
Por eso la prioridad vital es desclasificarse. No aquello que creemos ser, tampoco aquello que otros afirman que somos. Desclasificar lo que verdaderamente habita en nosotros. Lo contenido. Lo soterrado. Lo intacto. Solo entonces, lo demás adquirirá la dimensión justa y es la que nuestro ser sea capaz de conferirle.
El ser humano debe romper el vicio de la falsa necesidad de saber. Lo único imprescindible de ser conocido es aquello que somos. Lo esencial, lo irrevocable. Todo lo demás, acumulado sin conciencia, convierte al intelecto en un mecanismo de supervivencia y paranoia, mientras seguimos sin descifrar la vida que atraviesa nuestra existencia.
El juego macabro que se nos ha propuesto desde siempre ha consistido en tratar de capturar la atención mediante el morbo, para fijar la conciencia en aquello que parece oculto y sostener una obsesión continua por lo desconocido, porque el temor prolongado vuelve manipulable a cualquiera.
No es ese “desclasificar” lo que necesitamos. Las miserias levantadas y abastecidas por la ignorancia humana ya han dejado suficiente evidencia en el mundo. Ya llegó el tiempo de dejar en visto todo aquello que pretende desviarnos del propósito mayor y es conocernos antes de consumir cualquier revelación ajena.


Gracias a ti, que eres Luz Ma, por iluminarnos el camino. Shanti, Shanti, Shanti.
Siempre respetada y amorosa Madre, leyendo sus palabras observo con mayor claridad la desclasificación personal, aquella que implica abrir los archivos secretos de nuestras reacciones automáticas para que dejen de ser destino y pasen a ser elección. En este formato humanoide debemos aceptar que somos un organismo condicionado, pero que posee internamente a la conciencia; a través de su despertar puede reescribir su propia narrativa, alejándonos de los mandatos de la presión del mundo externo, aquello que siempre nos descoloca.
Implacables nociones de un principio de realidad al que debemos retornar: percibimos lo que somos, sea consciente o no. Desde allí, solo queda una tarea: ser verdad. Gracias 🙏
Cuanta Verdad encuentro, tanto más Soy. Gracias Ma.