“El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”.
Thomas Hobbes.
De las emociones básicas que experimenta el ser humano, hay una que nos altera más de lo que pensamos. Y, cualquier cosa puede provocarlo. ¿Qué tanto de nuestro miedo es innato? ¿Cuánto de él es adquirido? Mucho de nuestro miedo es imaginario. Proyectado por nuestra sombra. Reflexiones para dar contexto a un tema tan profundo como complejo.
Hablemos de antónimos: Valentía y Cobardía. Nuestra actitud ante el miedo. Sin dudas, el miedo es una emoción y, tanto la valentía como la cobardía, es nuestro comportamiento. La valentía denota una voluntad de acción; enfrentar al miedo cara a cara. No siempre quiere decir confrontación, a veces es silencio, pausa, reflexión y meditación. Acción consciente. Resolución y trascendencia. Carl Jung solía decir: “Donde está tu miedo, ahí está tu tarea.” En contraparte, la cobardía es sinónimo de inacción, huida, no aceptación. El pánico paraliza. No hay resolución ni trascendencia. Es llegar al puente que nos lleva al umbral y no cruzarlo.
¿Cuál es el típico arquetipo de la valentía?
Aquel medieval guerrero que, montado en su caballo, enfrentaba al dragón. San Jorge, por ejemplo. Caballo blanco, conciencia pura. La espada de la justicia. Su lanza penetrando las duras escamas del hostil reptil que pretende aniquilarlo. Valiente victoria sobre la Sombra.
Fight or Flight (huir o pelear), la respuesta más primigenia del sistema endocrino humano. Ante la inminente amenaza. Las glándulas suprarrenales expulsan un chorro de adrenalina que inunda en segundos el torrente sanguíneo. Produciendo una tormenta bioquímica que nos convierte en superhombres. Con la capacidad de enfrentarnos al peligro o huir de allí lo más rápido y eficientemente posible. Aquella sustancia bioquímica enciende la voluntad y propulsa la acción, logrando lo que en situaciones “normales”, hubiese sido imposible.
Miedos imaginarios e impuestos
Tomémonos un breve espacio en el tiempo para reflexionar ¿Cuál es la raíz de mi miedo más profundo? Pausemos la lectura. Respiremos profundo. Cerremos los ojos hasta encontrarnos cara a cara con eso que nos tensa, nos enfurece o paraliza. Una vez reconocido, aceptémoslo. Hagamos un plan de acción, la estrategia para vencerlo.
¿Es verdaderamente tuyo ese miedo? O, te lo estás imaginando. Como un niño que, en la oscuridad de su habitación, imagina monstruos creados por ese juego de luces y sombras, internas y externas. Tal vez una astralidad que sí existe, pero que no tiene potestad de actuar ante aquel que está bien plantado en su luz.
Y qué decir de los miedos impuestos: el miedo al fracaso, a la soledad, al qué dirán. El miedo al rechazo social es el temor más duro de afrontar. Por eso la valentía mayor es la renuncia. Aquella virtud que se erige por encima de todas y todo para transformar al individuo en la más pura expresión de su Ser.
Una breve mirada al mundo basta para comprender que vivimos atrapados en una ideología del miedo que reprime y oprime a la humanidad. Los tres factores que son utilizados con mayor crueldad son: la política, la economía y la religión. Siempre ha sido así. El bemol actual es la mediatización de la información. La manipulación de la verdad; dicho de otra manera: la mentira. La pérdida de los valores humanos. Los enemigos invisibles. La falta de ética y el sistemático plan de aniquilamiento de la conciencia.
Entonces… ¿Qué vamos a hacer?
Seguir agazapados en lo más profundo de nuestro miedo. En la inercia y la inacción. Esperando a que un Mesias venga a redimirnos. O tomar acción y enfrentar aquello que nos atemoriza, paraliza e inhabilita. Desmontar todo ese parapeto de mentiras armadas y despertar nuestra conciencia de liberación. Abrir la jaula donde nosotros mismos nos encerramos y que siempre ha estado abierta.
Fuentes Consultadas:
Anatomía del miedo. José Antonio Marina. Editorial Anagrama.
https://sergioyepez.info/f/el-miedo-como-guardi%C3%A1n-del-umbral
https://aprendemosjuntos.bbva.com/a-mi-yo-adolescente/miedo/

