La práctica de la justicia, es la tarea más difícil, delicada, responsable, comprometedora, trascendente e importante en la que se ve involucrado el hombre desde que tiene uso de razón. No nos referimos aquí exclusivamente al ejercicio de un juez en un tribunal, al voto de un jurado, o a la mano del verdugo. Estamos precisando las decisiones de nuestro día a día, en el cotidiano devenir de la vida.
Nuestras acciones son de dos tipos: justas, sin provienen de la consciencia o injustas, si parten de la inconsciencia. Ambas nos afectarán y afectarán nuestro entorno, incluyendo a todos los seres vivientes, desde los microbios, hasta los demás seres humanos, incidiendo en el planeta y el mismo cosmos. Toda ley enuncia que su desconocimiento o ignorancia, no libera de responsabilidades, pues acarrea los mismos efectos.
El término justicia, tiene estricta relación con el concepto de medida o proporción. Lo justo, es la acción que se precisa para mantener el equilibrio y la armonía. La vida en sí, opera gracias a la justicia. Mucho antes de que el hombre creara sus propias leyes, la naturaleza misma establecía un orden cósmico, acatado, en los reinos minerales, vegetales y animales por el instinto, la consciencia colectiva. En estos estadios no se habla de desobediencia, insubordinación, trampa o maldad, solo del devenir de los sucesos con errores y aciertos. Por lo que, conceptos como castigo, penalización o injusticia no se corresponden, solo salida del caos, equilibrio.
Si queremos profundizar más, nos remitiremos a leyes universales que están por encima de la determinación humana. Un interesante compilado de siete leyes conforma el texto conocido como El Kybalión, cuya autoría se nos presenta bajo el sugerente pseudónimo de Tres Iniciados, habiendo preservado y trasmitido la filosofía hermética del antiguo Egipto y Grecia. Vamos a citar el segundo principio hermético, el Principio de Correspondencia, quizás el concepto de justicia encuentre allí, su razón. Este principio reza literalmente “Como arriba es abajo, como abajo es arriba”. Pero su alcance y verdadero sentido, es mucho mayor que la simple equidistancia, el paralelismo o la simetría. El principio hermético enuncia la proporción, la equivalencia entre los planos superiores e inferiores. Justo es entonces, vivir como naturalmente corresponde, en equilibrio y sintonía con la creación, el sustento y la transformación constante. Para los hindúes esto es Dharma.
¿Cómo es posible que supongamos a Dios justo cuando el hombre es injusto? La respuesta está en que para el hombre el encuentro con la perfección transita la búsqueda de la exactitud. La justicia entonces, desde el punto de vista humano, es una virtud. Nos remitiremos ahora a otra ley contenida en El Kybalión, se trata del sexto principio o ley de Causa y efecto, “Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa”.
Conocida en la India, desde la civilización védica, como el Karma. Se habla de una ley de acción y reacción, una cadena de hechos que nos ata a la continuidad y finalmente a la liberación Moksha. Este peregrinar de muchas vidas es conocido en el budismo como Samsara. Es aquí donde la sanación se convierte en el arma de liberación de la consciencia, y la justicia encuentra su raíz en la intención.
La creación de leyes es imperante para la convivencia social, hacer valer tanto los derechos como los deberes es practicar la justicia. Las claves son de nuevo, la intención y la sabiduría. Cuando las leyes no son entendidas desde la razón y la consciencia, sino impuestas desde la ignorancia, se incurre en su violación.
Se hace necesaria entonces la medida correctiva, pero en manos de gobernantes viles, se presenta como abuso de poder y retaliación. Calabozos, cárceles mazmorras han existido siempre y aún en nuestros días, donde se le practica al prisionero, la humillación, la tortura vil. Países que se llaman civilizados, en diferentes latitudes, continúan estas prácticas salvajes y deshumanizadas.
¿Cuántos asesinatos en aras de la justicia, se han cometido? El hombre, desde tiempos inmemoriales ha ingeniado las formas más perversas imaginables de “ajusticiar”. La mayoría de las veces frente a la mirada del público. Evidentemente existe la maldad, pero condenar a muerte a un semejante nos hace iguales o peores. Todo camino espiritual, enuncia el “No matar” como principio fundamental de vida, y esto es lo justo.
Todo hombre tiene el derecho de alcanzar la iluminación y el deber de apartar la oscuridad, debe encontrar la forma justa. La justicia puede ser ciega en aras de la imparcialidad, pero debe quitarse la venda frente a los méritos y los desméritos de la consciencia.
Fuente consultada:
Tres Iniciados. El Kybalión. Editorial Kier. 1994 Buenos aires

