Por Luz Ángela Mastrodoménico
Brota el agua de su fuente, como flor de manantial,
limpia, pura, transparente, como soplo de Verdad.
Entre lágrimas de agua, se desprende de su cima,
la materia hará lo suyo, nunca más será la misma.
Se desliza entre montañas, sin saber si volverá,
entre cumbres y cascadas, va danzando en gravedad.
Va arrullándose en arroyos, dando luz a primaveras,
se abre paso en cordilleras, derrumbando carreteras.
Vuela polvo por los aires, va cambiando su color,
alimenta plantas, aves, animales por montón,
unos viven, otros mueren, y se van uniendo al río.
El caudal viste su historia y va olvidando su destino.
Una parte de su alma seguirá buscando el mar,
otra parte, seducida y confundida en el metal,
entrará en tubos de hierro, acueducto, alcantarilla,
Y después de un largo encierro, será jugo o cañería.
Toma el agua en cada paso, contenido, información,
y después esta se adhiere a quien se moja con su don.
Limpia el agua, si va limpia, pero no siempre lo está.
En el viaje, la pureza, va enlodando su verdad.
Como el río, la palabra; así mismo esta se mueve,
entre bocas e intereses, va dejando atrás su fuente.
De aquel hecho originario, que brotó como energía,
se derivan sus vertientes, en caudales de mentira.
¿Qué creer? ¿A quién creer? Agua turbia en la ciudad.
Griferías, pozos, charcos, ¿qué beber para saciar?
Información embotellada a la vuelta de la esquina.
Mil colores y sabores, con descuento en la vitrina.
Y la masa haciendo fila, se disputa por la suya,
disparando con pistolas de agua sucia y de burbuja,
defendiendo lo que creen es verdad de aquella miel,
que por ser de mil colores, ya no sabe ni quién fue.
¿Y qué fue de aquella gota que en su cumbre se alumbró?
¿Qué dolor, qué desatino le ha costado su color?
Así mismo las verdades, masticadas entre bocas,
ya no limpian como el agua; solo encharcan, solo mojan.
Periodistas, senadores, noticieros al poder.
Congelarse en la pantalla, pareciera su deber.
Gurús falsos, no maestros, con afán de figurar,
de guiar, aunque no sepan, ni siquiera a dónde van.
¿Y cuál era aquel destino? Río abajo se ha estancado.
Fotos, selfies con el grifo, el origen se ha olvidado.
No lo vemos, no creemos, no buscamos más allá.
Preferimos la mentira, a la verdad que implica actuar.
Seguirán las cañerías, con sus caldos de agua tibia,
y no es rol de aquel que busca, enjabonar la tubería.
Sería útil y más bello, caminar hacia la fuente,
activar el río interno, sin juzgar el de otra gente.
En el verbo del silencio, algo adentro se movió.
Tanta sed sin ser saciada, una lágrima entregó.
Una acción bien calculada, a pesar de la tormenta,
un anhelo de respuesta, un imploro de asistencia.
Silba el agua, respondiendo, desde el centro del metal,
desde el flujo que se mece en la columna vertebral.
Se estremecen las pantallas, sobre todo las internas.
No hay noticias ni palabras, se acabaron las novelas.
Transitar hacia el recuerdo, por la vía del Maestro.
Emprender un viaje eterno a la montaña del no-tiempo.
Aclarar las propias aguas, desafiar la gravedad,
navegarnos río arriba y beber de la Verdad.
Tan sagrada como el agua, el murmullo, la palabra.
Transmisores de sentires, contenidos, en la nada.
Que se ame lo que sale, y se cuide lo que entra,
que la voz nutra los valles, flor de loto, eterna ofrenda.


Maravillosa edición; el desarrollo espiritual de una horda, cálidos, fraternos. La dulce mirada de Ma, que les-nos intuye crecer.