Somos un sistema con-sentido. Creado para amarse. Extensión infinita del macrocosmos. Sustancia manifiesta humanamente para facultarse dentro del experimento Divino en estos predios saturados, que demandan y agreden. Aunque podría pensarse que todo ello nos supera, no es así. Cuando sobreviene el cordial encuentro consciente con la mente y se observa todo, se registra todo, se desarticulan los límites impuestos, entonces cedes y fluye todo, y como fruto divino, el advenimiento de la conciencia Es. Florece indetenible con fuerza y brota la memoria celular. Es la sensación gustativa de lo espiritual.
Esta hinchazón amorosa trae la comprensión sobre el anhelo de ser y alcanzar el sosiego y la armonía con todo lo manifiesto. Poco a poco los recursos del cosmos se estiman, se agradecen y se sacralizan en el tránsito hacia la búsqueda de nuestra esencia primigenia. Nada supera el gusto por las realidades eternas. Se disfruta el momento fuera de tiempo o espacio. Todo se expande, proyecta y atrae según la melodía interna y el susurro celular con sus millones de registros pasados. Y los latidos de un corazón encantado alcanzan el vacío y pronuncian solo luz.
Se exhibe entonces un nuevo viaje revelado. Impoluto, balsámico, fiel al Ser. Fuente de amistad y devoción al Espíritu. Incontenible en el propósito de inhalar y exhalar fotones concebidos en Él y para Él. Es lo que fuimos, somos y seremos: pura luz. Desde ese lugar sutil siempre se observa y se es observado. Hay regocijo y aliento luego de caminar hasta llegar a un punto en la linealidad y mirar frente a frente lo esencial. Se admite una pausa para sentir a la fuerza de voluntad con el paladar extasiado de afectos al contemplar este universo. Y viceversa.
Seleccionamos nuestro centro. Seleccionamos Ser y Estar. Esa excelsa facultad nos orienta hacia una reciprocidad mayor por cuanto ya hemos sido beneficiados de ese sabor que nos ofrece la experiencia de otras vidas. Recordar es una tarea sustancial en nuestro plan de luz, y esa experimentación es una aproximación al gusto por los filamentos que ya hemos frecuentado.
El corazón íntimo y sensible es memoria en estado puro, y allí también habita la añoranza. Henry Corbin, filósofo francés, estudioso del islam, decía que la actividad característica del corazón no es el sentimiento, sino la vista, pero a su vez, nosotros podríamos, en un osado ejercicio de imaginación, no modificar el argumento de Corbin, más bien, colocar con delicado juicio el sentido del gusto en “mi corazón, donde soy lo que soy”, porque el amor pertenece al espíritu y el espíritu contiene todos los sentidos.
Somos abismo y cumbre, donde lo salado, agrio, dulce y amargo modelan un circuito que evoca, más que el pasado y el futuro, un presente que es el único instante donde manifestamos nuestra incubación espiritual cuando nos sujetamos a la consciencia, al despertar como ofrenda divina.
Gusto es discernimiento, aquello que nos permite distinguir entre el bien y el mal. Un gusto saludable es un sentido que nos resguarda, hay paz de espíritu y determinantes que nos sitúan. La luz del conocimiento no se ve amenazada como no sea por el propio mal gusto de nuestras acciones. Y no es un sentimiento subjetivo mantener viva nuestra naturaleza por la percepción del gusto. Estamos asistidos por esa vivacidad.
Fuentes: Hillman, James. El pensamiento del corazón. Ed. Siruela. 2005.


De acuerdo …que gusto coincidir con tigo en esta sensación de probar la vida conciencientemente aquí y ahora…