Francisco de Quevedo, escritor del Siglo de Oro español y político, nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580, con los pies deformes y una miopía severa. Hijo de hidalgos, sus padres desempeñaban altos cargos en la corte del rey Felipe II. Estudió en el Colegio Imperial y en las Universidades de Alcalá y Valladolid, lenguas clásicas, francés, italiano, filosofía, física, matemáticas y teología.
Sus primeros poemas salen a la luz a comienzos de 1600 imitando o parodiando los de Góngora, y dando origen a la larga enemistad entre ambos poetas. Siendo cercano y de confianza del duque de Osuna, ejerció labores diplomáticas, entre otras misiones, cuando éste llegó a ser virrey de Sicilia y Nápoles. También fue desterrado a Torre de Juan Abad cuando Osuna cae y se le otorga la Orden de Santiago por sus servicios. Vuelve a la corte protegido por el duque de Olivares.
La obra de Quevedo cultiva todos los géneros literarios de la época, los poemas satíricos, los filosóficos, los amorosos, los religiosos, también escribe prosa y teatro, y entre la obra no literaria escribe sobre política, sobre ascetas, filosofía, filología, crítica literaria, traducciones y epistolarios.
Fueron especialmente exitosas en vida de Quevedo las letrillas y romances populares e incluidos en el “Romancero General” (1605); “La cuna y la sepultura” (1634), tratado moral de influencia estoica; “Historia de la vida del Buscón, llamado don Pablos», novela picaresca y corrosiva. Su estilo era contrastante, principalmente satírico versus dulcísimos poemas de amor. Más que por su originalidad, destacó por el uso virtuoso de la lengua castellana.
Murió en Ciudad Real el 8 de septiembre de 1845.

