Diego Rivera, muralista mexicano, nació el 8 de diciembre de 1886 en Guanajuato. Comenzó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y luego, con dos pensiones gubernamentales, viajó a España y pasó los siguientes 15 años viviendo entre México y Europa. Se nutrió del cubismo con Picasso, del postimpresionismo con Cézanne y de los frescos italianos renacentistas, especialmente de Giotto.
En México se dedicó a estudiar a profundidad el arte precolombino azteca y maya. En 1922 comienza a pintar su primer mural “La Creación”. En esta década recibe numerosos encargos del gobierno revolucionario, se afilia al Partido Comunista y es precandidato a la Presidencia de la República. Su trabajo es reconocido y popular, y viaja al interior de México a realizar pinturas y murales en Cuernavaca, Morelos y Chapingo. Fue invitado al 10º aniversario de la Revolución Bolchevique, y realizó trabajos en San Francisco, Detroit y un polémico mural en el Centro Rockefeller de Nueva York que le costó su destrucción.
La obra de Rivera manifiesta su amor por la cultura mexicana y su posición política comunista, de un estilo ecléctico permeado por la vanguardia europea y a la vez profundamente representativo de lo nacional. Alcanza su madurez artística con los murales de la Secretaría de Educación Pública (Ciudad de México) y la Escuela Nacional de Agricultura (Chapingo), y se consideran notables “La epopeya del pueblo mexicano”, “Sueño de una tarde dominical”, “Río Juchitán” y “Murales de la industria de Detroit”.
Considerado uno de los tres grandes exponentes del muralismo mexicano, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes 1950.
Falleció en Ciudad de México el 24 de noviembre de 1957.

