Aunque sabemos que la existencia del ser humano es un experimento evolutivo cósmico, a veces necesitamos certezas para comprender cómo es que estamos o llegamos a este presente, desde la elección de nuestros padres y el porqué existen comportamientos o sensaciones que las sentimos tan propias, sean porque siempre estuvieron con nosotros, los descubrimos o los aprendimos con el paso de los años.
Mucha de esta información se encuentra almacenada en las células de nuestro cuerpo, lo está de diferentes formas, algunas son por herencia genética entregada por nuestros padres a los hijos, o por experimentación de vida, a esto se le ha dado el nombre de memoria celular, aunque su definición y aplicación es más extensa.
Los estudios biológicos han demostrado que, al menos hay, dos formas de transmisión de información a niveles celulares; una forma química y una forma física. La forma química es utilizando proteínas que llevan una codificación específica dada y definida por su organización mientras. La forma física se da por medio de la transmisión de energía, generalmente en forma de electricidad.
Estas formas de transmisión de información generan un remanente de proteínas y energías en las células siendo esta la forma de almacenamiento de información. Las sensaciones, emociones y sentimientos son generadores de estos estímulos que son detectados o identificados por la mente y que al experimentarse provocan una movilización energética que llega a impregnarse a niveles celulares, para que las células del cuerpo lleguen a almacenar esa experimentación y poder generar una reacción cuando el evento vuelva a suceder generando, el almacenamiento se hace con códigos registrados en los genes.
Las codificaciones genéticas tienen, una capacidad casi infinita de almacenamiento de información y dadas sus características, serían las responsables de registrar y recordar la memoria karmática de cada uno, guardando las experimentaciones que sean necesarias. Este fenómeno es tan fuerte que se han registrado casos en los cuales un trasplante de órganos, el receptor de los mismos, ha llegado a experimentar las memorias del donante, incluso sin haberse llegado a conocer.
Es entonces válido creer que el conocimiento primario que se puede llegar a tener de uno mismo, puede venir de la memoria celular. Puesto que al no tener una experimentación la única percepción de sí mismo sería por la información que se trae al nacer codificada en las células, en otras palabras, el primer indicio de consciencia está dado por la memoria celular.
Descartes había formulado la idea del sentido común como “aquello que actuaba de puente entre el ser irracional e inmaterial que según él gobernaba el cuerpo y el mundo físico, compuesto por el cuerpo humano y todo lo que le rodea en el tiempo y en el espacio”, esta idea podría encajar con lo que asumimos como consciencia y dadas las aproximaciones se podría considerar que el sentido común, consciencia, es un producto de la memoria celular existente en las personas.
Con este panorama estructurado, podemos definir que, de cierto modo, en un estado primario, la memoria celular es un paso para el conocimiento de la consciencia y que toda actividad de la mente inferior nutre a la memoria celular la que opera una consciencia limitada a los estímulos del mundo fenoménico.
Pero como se indicó anteriormente, la memoria celular tiene una capacidad casi infinita de almacenamiento de información guardando en ella mucha de la información trascendental del alma, contenidos que tienen que ser transmutados para provocar un cambio de la mente inferior a la mente superior y lograr mayores estados de consciencia.
Fuentes:
IWASA, J., MARSHALL W., KARP Biología celular y molecular, 2018, 8va ed.
DESCARTES, R., El discurso del método, Primera parte, pp. 43., 1980, Ediciones Orbis.

